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Martes, 17 de enero de 2006
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Cantabria / SANTANDER
Tribuna Libre
La vieja lonja, un monumento a la anchoa
UN PROYECTO. Auditorio en el interior de la lonja, según el plan presentado en su día por la Autoridad Portuaria. / DM
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En los últimos tiempos, el Presidente Revilla, convertido en embajador de Cantabria ante la corte, ha alcanzado gran notoriedad nacional lo que es de mucho merecimiento teniendo en cuenta lo difícil que es destacar entre diez y siete presidentes de comunidades autónomas. Lo ha conseguido con una serie de frases y gestos de bastante calado político a los que yo modestamente llamaría el 'Espíritu de la Anchoa de Cantabria'. La expresión de este espíritu se percibe en la naturalidad y gracejo, no exento de socarronería, con que se maneja el señor Revilla ante los medios de comunicación en sus estancias en la Corte de los Milagros con frases como, «Un taxi para La Moncloa», «A mí Cantabria me pone» o «La Anchoa de Cantabria es el Jabugo del mar».

Evidentemente el gesto de no llevar su coche oficial hasta Madrid para hacer el trayecto aeropuerto de Barajas-Moncloa es una actitud propia de los dirigentes de los países nórdicos que van al parlamento en bicicleta y no sólo significa ruptura del protocolo distanciador y sino sobre todo llaneza, economía y acercamiento al pueblo. Ya lo decía el Quijote en el Retablo de Maese Pedro: «Llaneza, muchacho, no te encumbres; que toda afectación es mala».

La frase «A mí Cantabria me pone» pronunciada en el contexto de la reunión de Presidentes Autonómicos, significa: «Nadie es más que nadie y, respetando sus sentimientos, afirmo que yo quiero a mi tierra tanto como usted a la suya». Lo que quiere decir que todas las tierras son dignas de ser queridas y respetadas por los que en ellas nacieron o vivieron. (Lo mismo que los edificios y los monumentos).

«La Anchoa de Cantabria es el Jabugo del mar» pretende hacer propaganda de la excelencia de Cantabria y de todos los productos que en ella se fabrican. Mutatis mutandis, «La vieja Lonja de Santander es el Jabugo de todas las lonjas de pescado».

El 'Espíritu de la Anchoa de Cantabria' consiste en convertir los recovecos de la corte y los latines en román paladino, cual suele el pueblo fablar a su vecino, utilizando la sencillez en los modos y la claridad en las palabras para lograr la excelencia en los objetivos y siempre haciendo de la necesidad virtud. De este espíritu pueden derivarse para Cantabria grandes beneficios materiales si se materializan tanto la grandiosa Operación Comillas como el Eje Santander- Mediterráneo del mismo modo que se están realizando los Accesos a la Meseta.

Pero este talante del Presidente Revilla en sus incursiones a la Corte, que puede admirar al resto de los españoles, no extraña a los 'paisanucos' de los pueblos o a los habitantes de las ciudades de Cantabria porque es el mismo que utiliza en sus visitas a los lugares más remotos de la región para recuperar una vieja bolera o para pregonar unas fiestas patronales.

Los latines hace años que dejaron de oírse en el seminario que se alza sobre el cerro comillense de La Cardosa. Convertirlos ahora en romance es lo que pretende el Presidente Revilla desde que puso los ojos en el portentoso conjunto arquitectónico. Yo no sé si al señor Revilla Comillas le pone, supongo que sí. De ser así, yo le pediría que se diera un paseo por el Barrio Pesquero para escuchar el sentir de sus gentes y que en la calle Marqués de la Hermida visitara el edificio que han decidido demoler 'las autoridades', porque una vez que vea la Lonja Infinita no me cabe la menor duda de que ordenará suspender la demolición de la misma, y haciendo de la necesidad virtud propondrá su recuperación para dar cabida a un monumento vivo de la Anchoa de Cantabria. Situado en medio de aquella 'catedral racionalista' se daría cuenta de que en aquel contenedor de la memoria colectiva cabe un extraordinario Centro Cívico y Cultural (como el que hemos referido en el artículo anterior) que sería el mejor homenaje a los hombres de la mar que faenaron en su recinto. Porque el Presidente Revilla que lo es también del PRC, principal promotor de la demolición de la Lonja, no debe de ignorar que la decisión tomada no es una buena decisión política puesto que una vez ejecutada es irreversible y no tiene marcha atrás. No es congruente hacer a los cuatro vientos propaganda de la Anchoa de Cantabria mientras su partido y 'autoridades' de su Gobierno promueven la demolición de la histórica Lonja del Pescado. También sabe que la valoración de una ciudad se mide por la calidad de sus servicios, mutatis mutandis la de un Barrio como el Pesquero junto con la zona Castilla-Hermida ganaría muchos puntos si dispusiera de un gran Centro Cívico Cultural público (para el que existe financiación asegurada desde Madrid del orden de seis millones de euros) que además no estorba sino que complementa un futuro paseo marítimo.

Sabe el presidente Revilla, tan buen conocedor de la región cántabra, que la vieja lonja es un edificio por el que ha corrido mucha vida, que en su historia hay argumentos para muchas novelas, que es un soporte de la memoria colectiva de Cantabria, un lugar sagrado que para muchos santanderinos está lleno de vivencias y de recuerdos como tan bien señala el cura párroco del Barrio Pesquero don Alberto Pico en sus sentidas y razonadas tribunas periodísticas.

Y debe de saber el señor Revilla que la Lonja era la comadrona del mar que recogía cada día en su seno el parto de las olas.



l Que la Lonja era la salazón de las lágrimas de la tierra.

l Que la Lonja era la pradera del Sermón de la Montaña donde los marineros multiplicaban los peces para, una vez transformados en pesetas, convertirlos en panes.

l Que la Lonja era la plaza donde se lloraba el dolor del mar, se trasmutaban el sabor del mar y se solidificaba el sudor del mar.

l Que la Lonja era un arca de Noé donde había peces de todas las especies.

l Que la Lonja era una ballena varada que recogía en su vientre los cuerpos de los pescadores devorados por el mar para que sus deudos y familiares pudieran honrar debidamente su memoria.

l Que la Lonja era una catedral laica de arquitectura racionalista donde se sublimaban las esperas de los familiares de los pescadores.

l Que la Lonja era el teatro de la ópera la vida donde los operarios cantaban todos los días el aria de la supervivencia en la sala de subastas

l Que la Lonja eran esas mujeres vestidas de luto que escudriñaban la mar embravecida esperando el santo advenimiento.

l Que la Lonja era el puerto de llegada de unos indianos de corto recorrido que se alejaban unas millas de la costa hasta perder de vista la tierra para hacer unas Américas de perra gorda.

l Que la Lonja era el Templo de Jerusalén a orillas del lago de Tiberiades donde Jesús escogía a sus pescadores para hacerlos apóstoles de los hombres.

l Que la Lonja eran esas noches de galerna del Cantábrico donde los familiares de los pescadores hacían llevadera la espera escuchando por la radio las incursiones de Gento por la banda izquierda.

l Que la Lonja era el Vaticano del Barrio Pesquero que todos los días se asomaba a la ventana de Santander para ofrecer el pescado 'urbi et orbe'.

l Por toda estas razones, más las aducidas en la tribuna anterior, no me cabe la menor duda de que el Presidente Revilla se opondrá a la anunciada demolición de la vieja lonja y para convertir las anchoas en corcheas el edificio racionalista debería ser el Monumento a la Anchoa de Cantabria en forma de Centro Cívico y Cultural Polivalente.



Vocento