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Domingo, 22 de enero de 2006
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Vida y Ocio / CULTURA
  Actualizado: 1.15 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
BOCETOS DE JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ. Dibujos y óleos del pintor santanderino integrarán el libro y la muestra en homenaje a Pereda. / VALNERA
Arte
La evocación y el homenaje a la pintora cántabra Luz de Alvear, fallecida hace cinco años; la recreación ilustrativa de la obra 'Sotileza' de José María de Pereda, a través de la visión del dibujante y pintor José Ramón Sánchez; una muestra temática y divulgativa de la Naturaleza, centrada en el oso y en la fauna salvaje; las esculturas al aire libre de Ernesto Knörr; y la segunda entrega del renovado proyecto de 'El puente de la visión', en colaboración con el Ayuntamiento de Santander, constituyen las citas expositivas más importantes de la temporada de Caja Cantabria en Santillana durante 2006.
 
Los versos de Leopardi saludan la última narración de Manuel Vicent. Su escritura mediterránea de olores, sabores y colores bucea en esta ocasión en su Valencia natal, en un itinerario por el pasado que rezuma el aroma de gentes y lugares. El escritor y periodista rechaza cualquier atisbo de etiqueta autobiográfica y en su nuevo libro, 'Verás el cielo abierto', reivindica ante todo el placer. Amigo de metáforas y a través de su querencia por una visualización emocional, su relato sentimental es una invitación a la lectura como quien accede a una habitación íntima y confortable entre los fragmentos de la memoria. Un escrito que define como «un yacimiento del tiempo vivido» y que incluye una declaración de intenciones, la expresión de un deseo: «si el lector, al terminar el libro, cree que ha pasado la tarde en el mejor lugar de la propia casa que le duele abandonar, podré imaginar que he escrito lo que quería». El autor de 'Tranvía a la Malvarrosa' y 'Son de mar', reabre en Santander el próximo martes la 'Tribuna literaria' de Caja Cantabria para exponer los mundos sentimentales de 'Verás el cielo abierto' (Alfaguara), un mosaico de recuerdos atravesados por el objetivo esencial de su escritura: la construcción de un territorio diáfano y compartido.
El escritor que mejor refleja la Cuba de hoy fue trabajador de la construcción, cortador de caña, soldado zapador, profesor de dibujo técnico, dirigente sindical, locutor de radio, actor y periodista. Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950) es un novelista tardío, porque tenía 45 años cuando publicó su primer libro, 'Trilogía sucia de La Habana', uno de los textos más desgarrados de los últimos tiempos, pese a sus grandes dosis de humor negro y sexo desenfrenado. Desde ese volumen, Gutiérrez, que sigue viviendo en la capital cubana -donde apenas ha sido editado pese a su éxito internacional-, ha ido construyendo una obra de personalidad muy acusada. Definido por algunos como el Bukowski cubano, o como el 'vigía del Malecón', él gusta calificarse también de 'llanero solitario', porque en materia política no se siente 'indio' ni 'cow-boy'. Reacio a las preguntas sobre la política cubana de hoy, Gutiérrez, que también es poeta y pintor, no tiene problema en cambio en hablar de cómo se vive en la calle. El próximo jueves presenta en Barcelona 'El nido de la serpiente. Memorias del hijo del heladero', un viaje a la infancia y juventud de Pedro Juan, personaje central de casi todas sus novelas y 'alter ego' más que evidente del autor.

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