La nueva temporada expositiva del proyecto Robayera, la sala municipal de Miengo que dirige y coordina Juan Manuel Puente, ultima ya sus contenidos con un objetivo claro: ratificar el salto cualitativo arriesgado hacia contenidos y referentes internacionales que se plasmó el pasado año con éxito, en especial en el terreno de la plástica germana.
El pintor esloveno Cveto Marsic (Koper, 1960), cuya última trayectoria se ha desarrollado a medio camino entre España y Portugal (está afincado en Cascais) es el primer nombre propio de la temporada 2006. Es uno de esos exponentes de artista nómada que, tras abandonar su tierra natal, ha estado residiendo en distintos países europeos.
En 2005 la 'estrella' expositiva de la temporada fue sin duda Georg Baselitz, uno de los grandes artistas contemporáneos, escultor y escenógrafo, un referente del arte europeo, que cerró el pasado otoño la propuesta más internacional del espacio de Miengo en sus cerca de dieciocho años de historia. Tras la próxima feria de ARCO prácticamente quedará completado el calendario de exposiciones para este año.
Rainer Gross y Markus Lüpertz fueron otros de los referentes de la plástica germana que recalaron en Robayera. Con esta apuesta ambiciosa, la sala municipal que dirige el también pintor Juan Manuel Puente, consolida la trayectoria expositiva por la que han desfilado nombres como los de Tàpies, Chillida, Chirino, Uslé o Juan Muñoz, entre decenas de artistas españoles de obligada referencia en toda revisión rigurosa de la creación de las últimas décadas.
Cveto Marsic (Koper, 1960), cuya obras se caracterizan por una gran potencia y eficacia expresiva, utiliza medios tradicionales en sus aportaciones. El material elegido es el óleo muy empastado sobre lienzo, trabajado directamente con las manos, «moldeando» grumos de pintura en relieve, obteniendo así texturas que se ajustan casi fielmente a las de los terrenos telúricos que sugieren.
Elementos telúricos
Marsic abandonó la figuración por modos y formas ligadas al expresionismo abstracto, y el gesto y la fuerza del empaste «le sitúan cerca de esta corriente pero sus obras destilan un sentimiento de compromiso vital que atañe a la interiorización de experiencias vividas individualmente pero que él consigue hacer extensivas y universales».
En opinión de la crítica, «una línea de horizonte divide en ocasiones sus obras, sugiriendo vastos espacios de la nada en la que los elementos telúricos se imponen como única realidad avasalladora».
Otras veces, restos de caminos «son los únicos rastros de un transitar errático sin destino ni final. El desamparo toma cuerpo en sus paisajes que carecen de cobijo y en los que no es posible guarecerse».
Marsic ha vivido largo tiempo en Sevilla, y tras su residencia en la ciudad andaluza abandonó la figuración en favor del trabajo experimental, con colores y formas más abstractas. A causa de la guerra eslovena su pintura se volvió, fundamentalmente, blanca y negra, expresando así la crudeza de esa horrible experiencia. Tras el conflicto volvió el color, pero abandonó el pincel para pintar con las manos.
Trayectoria itinerante
Marsic ha desarrollado una trayectoria expositiva que pasa por su país natal, junto con Italia, España, Alemania y Estados Unidos. El Palacio Revillagigedo, de Gijón, la galería Vértice de Oviedo, la galería Ferrán Cano de Palma son algunos de los espacios que han acogido su obra.
Entre las ferias donde ha estado presente su obra, destacan Arte Fiera, ARCO, Chicago, FIAC, y la de Nueva York. Sus trabajos, además, puede encontrarse en museos españoles, como el de Arte Contemporáneo de Mallorca, italianos, caso de Trieste, eslovenos y portugueses.