En el año 1943, la ciudad de Santander estaba inmersa en las enormes obras de reconstrucción que se acometieron tras el devastador incendio de 1941. El incendio iba a tener una repercusión importante en el nuevo planteamiento urbano y un impacto indiscutible en la reorganización social de la ciudad. Se proyectaron nuevos edificios públicos, religiosos, viviendas burguesas, viviendas y barriadas económicas. Se construyó un gran número de casas en la periferia de la ciudad, dirigidas por la Obra Sindical del Hogar. Una de estas construcciones fue el conjunto urbanístico del Barrio Pesquero inaugurado en 1943.
En febrero de ese mismo año, el ingeniero director de la Junta de Obras del Puerto, Aníbal González Riancho, firma el proyecto para la nueva Lonja de Contratación del Puerto de Santander que se iba a situar frente al nuevo barrio. González Riancho por estas fechas se ocupaba también de trazar con gran acierto el nuevo Plano General de la Bahía de Santander (1944), y ya había alcanzado alguna notoriedad con el proyecto para los desaparecidos puentes de hormigón armado sobre las Marismas de Santoña (1918) y con el del Palacete del Embarcadero (1932)
El proyecto de la nueva Lonja contempla una gran nave longitudinal junto al mar de 99 metros de longitud por 30 metros de anchura, una de las más grandes del país. Según su autor, más parecida que a ninguna «a la moderna de Grimsby», el mayor puerto pesquero de Inglaterra. En la memoria se cita también la nueva Lonja de Pescado del puerto de El Musel (Gijón), proyectada en 1933 por el arquitecto Mariano Marín de la Viña, principal impulsor de la arquitectura racionalista en Asturias.
El edificio abre su fachada sur al muelle mediante grandes portones y, simétricamente, la fachada norte a las vías del ferrocarril. En ambas fachadas laterales se destaca la horizontalidad del bloque mediante las marquesinas voladas, la hilera de vanos apaisados que proporcionan iluminación cenital a la nave central y alternando, en la planta principal, vanos pareados cubiertos con arcos rebajados y ojos de buey sobre los portones, resultando así un conjunto rítmico de ejes verticales y horizontales que animan las largas fachadas laterales.
La fachada principal se sitúa al Este, rompiendo el simétrico esquema basilical mediante la inclusión de una torre en esquina. La elegante solución en tres cuerpos escalonados, muy geométrica, se completa con grandes huecos rasgados verticales -de indudable origen racionalista- y algunas concesiones decorativas al repertorio Art Decó.
El interior se estructura a la manera basilical. La planta baja, completamente despejada, dedica sus tres naves de 10 metros a «recibir, clasificar, subastar y preparar la salida de pescado». La planta principal se destina a depósitos y oficinas. Todo se completa con la interesante sala de subastas a manera de anfiteatro.
Estilísticamente, la Lonja se incluye, en la corta aunque notable lista, de obras más o menos ligadas al racionalismo del Movimiento Moderno en Santander: Ateneo Popular (Lastra 1935), cine Coliseum (Quintanilla, 1929-1933, transformado), casa de vecindad de Ángel Illera en Castelar (Lastra, 1928), casa para Sainz de Varanda en la Ciudad Jardín (Lastra, 1930, transformada)
En Santander son muy escasos los ejemplos estimables de arquitectura racionalista. Es en la arquitectura náutica donde las nuevas ideas encuentran sus formas más elocuentes, creando un itinerario coherente y de indudable interés que recoge todo un momento de la historia de la arquitectura santanderina que refleja la arquitectura española del momento: Escuela de Vela 'Isla de la Torre' ( Lastra, 1928-1930; ampliada en 1945), Real Club Marítimo ( Bringas, 1933), Edificio de viviendas Siboney en Castelar ( Marrero, 1931). Es en este grupo donde debe de incluirse y comprenderse el proyecto de la Lonja.
Interés etnográfico
Pero analicemos la cuestión, también desde el punto de vista etnográfico. La Lonja es algo más que el edificio singular que hemos descrito. Durante más de medio siglo ha sido el centro principal de la actividad pesquera de Santander. Sin ella no es comprensible el conjunto urbano del poblado del Barrio Pesquero, dársena y varadero. Representa uno de los testimonios etnográficos más significativos de la cultura marinera de la ciudad. Es un elemento de la memoria colectiva, en particular de las gentes de la mar.
La Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria de 1998, en su artículo 96 dice «El patrimonio etnográfico de Cantabria se halla integrado por espacios, bienes materiales, conocimientos y actividades que son expresivos de la cultura y de los modos de vida que, a través del tiempo, han sido y son característicos de las gentes de Cantabria». En su artículo 97.6 dice «Se hallan incluidos... los bienes de carácter mueble o inmueble ligados a la actividad productiva, tecnológica e industrial de Cantabria, tanto en el pasado como en el presente, en cuanto a exponentes de los modos de vida de las gentes de Cantabria». Pero más aún, en su artículo 98. dice «La Administración regional... en este sentido, prestará una especial atención a los lugares públicos que tengan una relación clara con la identidad de Cantabria, tanto en tiempos ancestrales como más recientes, que pueden desempeñar otras funciones actualmente, pero que no deben perder su primitivo significado».
¿Es nuestra Lonja un espacio expresivo de la cultura, de los conocimientos, de la actividad productiva, de los modos de vida durante décadas de las gentes de la mar en Santander? Sin duda. ¿Es nuestra Lonja un lugar público con relación clara con la identidad de Santander y Cantabria? También.
En nuestra región se han protegido y restaurado con acierto, otras instalaciones vinculadas a actividades tradicionales, elementos de la minería, ferrerías, molinos de marea, hórreos etc. ¿Por qué estos vestigios etnográficos sí y nuestra Lonja no?
Espacio socio-cultural
La Lonja se debe conservar por motivos arquitectónicos y etnográficos, pero entendemos que también por evidentes motivos socio-culturales.
En la anunciada restauración, hoy pasmosamente aparcada, se propuso su utilización como contenedor de diversas actividades de ocio, formación y de cultura. Cinco mil metros cuadrados, un espacio único, en una zona con una absoluta carencia de equipamientos. Se han propuesto múltiples proyectos para su utilización: Talleres de actividades artísticas, zona de reunión de asociaciones, biblioteca infantil, ludoteca, cíber-espacio, sala de exposiciones, museo de arte contemporáneo, museo de la ciudad, usos comerciales, hosteleros, etc. Todas interesantes, muchas de ellas compatibles, y todas, mejores que la nada que ahora se anuncia.
Para ser constructivos y proponer otra alternativa de carácter cultural, podría dedicarse parte de su espacio para instalar un centro de actividades musicales. Es necesario solidarizarse con la juventud en sus aficiones, fomentar su imaginación y su capacidad de crear. En la actualidad existen decenas de grupos musicales en la ciudad y su entorno, cientos de jóvenes, que en general carecen de un lugar adecuado donde ensayar y sobre todo donde intercambiar experiencias. Se podrían proyectar pequeños locales de ensayo insonorizados, una sala de grabación, una de ensayos generales, una sala de exposiciones alternativa, un cine-club, la sala de subastas se podría convertir fácilmente en un auditórium multiusos. Conjugar en una misma idea, en un mismo lugar, ocio creativo y nuevas alternativas de trabajo relacionadas con el arte.
Es un ejemplo. El verdadero debate, tiene que situarse en determinar los usos adecuados para este singular espacio de la ciudad. Seamos realmente ambiciosos, tengamos buen talante. Pensamos, que los usos que se den a la Lonja, pueden ser compatibles con un magnífico y necesario paseo, la construcción de aparcamientos subterráneos y el soterramiento de viales. Esperamos aún que las autoridades competentes que han optado por el derribo recapaciten y reconsideren su posición, en concordancia con uno de sus objetivos declarados «la conservación y promoción de los valores y tradiciones culturales que constituyen el patrimonio histórico de la identidad de Cantabria». Pero tenemos la desasosegante impresión, que el debate no se ha planteado en esos términos, que la decisión tomada se basa en parámetros de otra índole, posiciones que están generando tensión entre ciudadanos y que son muy distintas a las técnicas. Reflexionemos sin acritud, debatamos, no tiene porqué ser lo uno o lo otro, puede ser todo o gran parte.
La Lonja no debe ser demolida, sería una vergüenza más en la ya lamentable lista de demoliciones. Una alternativa esta última, que sin duda supone mucho menor esfuerzo intelectual. Es nada. Menos que nada, es destruir lo ya construido. Representa uno de los testimonios etnográficos más significativos de la cultura marinera de la ciudad