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Lunes, 13 de febrero de 2006
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CANTABRIA
Cantabria
MANUEL QUINTANAL DIRECTOR GENERAL DE GANADERÍA / «La imagen del ganadero cayó y no se hizo nada por mejorarla»
El responsable de Ganadería prevé que disminuya la incidencia de la EBB, pero no se puede bajar la guardia
BAJO CONTROL. Quintanal es el director general. / DM
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-Sólo tres casos en 2005. ¿La Administración regional da por cerrado el caso de las 'vacas locas' en Cantabria?

-Ni mucho menos. Hay que esperar a ver qué pasa este año, porque, en los anteriores, la evolución de la enfermedad va subiendo y bajando, marcando 'picos'. Hay que seguir vigilantes, ya que no se me ocurre nada peor que una ganadería cuyo control sanitario no ofrezca las garantías suficientes. La mayor prueba de que no consideramos cerrado el asunto es la consignación presupuestaria para prevención de este año, ejercicio en el que vamos a destinar más de 4,5 millones de euros. Aproximadamente la mitad de esta cantidad va a recogida y destrucción de animales muertos. Y ojalá no tengamos que gastar unas partidas destinadas a ayudar a los ganaderos cuyas reses son decomisadas por esta cuestión. Esto querría decir que no encontramos vacas enfermas.

- O sea, que se mantienen todas las alertas y los programas que existían

-Sí. Aunque la previsión es de que disminuyan los casos, estamos hablando de un problema de salud pública. No tenemos indicios de que haya riesgo para las personas, pero esto se tiene que confirmar con el paso del tiempo. Además, estos controles forman parte de un programa nacional coordinado con la Unión Europea y con el Ministerio de Agricultura y tienen que mantenerse.

-¿Cree que la crisis de las encefalopatía espongiforme supuso un punto de inflexión en la cultura sobre el consumo?

-Sin duda ninguna. Nos hizo ver a los consumidores y a las administraciones que el bienestar que habíamos conseguido no podía ser a riesgo de poner en peligro la salud. Es lícito que los productores quieran producir cuanto más barato, mejor. Pero nunca saltándose el peaje del control sanitario. Aquí ya no se pasa hambre, por lo que la preocupación tiene que ser la calidad de lo que consumimos, y está bien que así sea. En garantías nunca se puede ir hacia atrás. Mucho menos con la carne, que es un producto que no se puede retirar del mercado, porque es básico.

-¿El cambio de cultura alcanzó también al ganadero?

-Al que quiera sobrevivir, no le ha quedado más remedio. En aquel momento, se modificó el concepto de producción alimentaria y el productor pasó a ser considerado como el primer eslabón de esta cadena. Quizá el sector no estaba preparado para asimilar la implantación de la trazabilidad de los animales, que se controla por medio de los crotales o marcas auriculares. Los ganaderos a veces se quejan de las pérdidas que le supone que una res se quede sin ella. Con esto no se puede jugar a la ruleta rusa, así que la salida del mercado de ese animal es inevitable.

-¿A qué atribuye que en Cantabria la incidencia de la enfermedad haya sido menor que en otras comunidades autónomas?

-Por un lado, fue muy importante que los ganaderos de aquí no solían alimentar al ganado con los compuestos que trajeron el problema. También se respondió rápido: las medidas se pusieron en marcha en un tiempo récord al haber una conciencia muy clara. Lo que peor se gestionó fue que nadie se preocupó de indemnizar a los ganaderos por algo que no generaron ellos y que sufrieron de forma tremenda. Fallaron los mecanismos de control de la UE sobre aquella alimentación, que no estaba suficientemente certificada. Y luego, nadie echó en cuenta a los ganaderos, que tenían que haber recibido ayudas, directas o indirectas, porque su imagen cayó en picado y un daño así es muy difícil de remontar. La UE tenía que haber enfrentado de otra forma esta cuestión.



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