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Lunes, 13 de febrero de 2006
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OPINIÓN
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Factorías de embriones
En una de las últimas películas que tuve ocasión de ver, el guionista describe con cierta crudeza lo dura que puede resultar la vida en el año 2017 para algunos, en concreto para aquellos individuos, cuyo único destino en la tierra es ser piezas de recambio útiles de enfermos acaudalados, que pueden permitirse el lujo de encargar clones de repuesto para aliviar sus enfermedades.

Ahora, en nuestro país está previsto que en el mes de febrero el Pleno del Congreso de los Diputados debata y vote el Proyecto de Ley de Técnicas de Reproducción Asistida. No me parecería mal, si antes se hubiese tenido un auténtico debate social y se hubiese consultado al pueblo mediante un referéndum. Son temas que atañen a todos, por lo que se hace necesario un debate entre ciudadanos debidamente informados. Es lo que hicieron en Italia en el año pasado.

La actual ley vigente, aprobada en 1988, prohibe expresamente la obtención de embriones humanos con cualquier fin distinto a la procreación, sólo se permite la investigación con embriones muertos o no viables. Posteriormente, en el 2003, esta ley fue reformada con el objeto de solucionar el grave problema de acumulación de embriones sobrantes, que podría rondar entre 100.000 y 200.000. La Ley de 2003, al limitar a tres el número de óvulos que se pueden fecundar por ciclo, pretende salir al paso tanto de los embarazos múltiples como de la acumulación de embriones sobrantes en el futuro.

La nueva Ley de Reproducción Asistida pilota sobre tres objetivos distintos: 1. Abre las puertas a la selección eugenésica de embriones, permitiendo la fabricación de niños medicamento, que puedan donar células de sangre del cordón umbilical a sus hermanos enfermos, mientras que los embriones no compatibles serían desechados, donados o destinados a la investigación; 2. Permite la creación expresa de embriones para investigar mediante cualquier técnica; 3. Permite un uso industrial y comercial del embrión humano.

Al autorizar cualquier tipo de selección eugenésica de embriones humanos, esta Ley va en contra de lo recogido en el Convenio de Derechos Humanos y Biomedicina del Consejo de Europa (Convenio de Oviedo) y colisiona con lo establecido en el artículo II-63 de la Constitución Europea, que prohibe expresamente las prácticas eugenésicas, en particular las que tienen como finalidad la selección de las personas.

El actual Proyecto de ley permite todo tipo de manipulaciones en embriones humanos, bajo el pretexto de que se realiza en beneficio de la salud, de la ciencia y de la investigación. En concreto, da vía libre a: disponer de nuevos embriones congelados; uso de embriones sobrantes para la investigación; destrucción de los embriones portadores de enfermedades; adopción de embriones por parte cualquier adulto, casado o soltero. Consecuencia de todo esto, España dejará de ser un país de turismo de sol y playa, para convertirse en el paraíso del turismo reproductivo. No me gusta esta Ley, porque justifica las perversidades de la llamada clonación terapéutica, es decir promete curar enfermedades mientras juega con el chantaje sentimental de la población mientras llena los bolsillos de unos pocos laboratorios farmacéuticos, cuyo cinismo supera al de los mercaderes de armas.

Se trata de una Ley insolidaria. La ley en los Estados modernos busca siempre proteger a las minorías, a los más débiles, a los que no tienen techo, a los que no tienen voz.. El embrión no es un proyecto de ser vivo o un simple conjunto de células que no piensan, sino el primer estadio de la existencia de un ser humano. El embrión que anida en el útero de una elefanta es un elefante. El embrión que anida en el útero de una mujer es un ser humano. No es cuestión de tamaños, ni es cuestión de días, ni de semanas, ni de meses. Todo embrión humano merece el respeto debido a la persona humana.

El proyecto de reinventar al Hombre en el laboratorio no es nuevo, pero no por ello deja de ser peligroso. El Proyecto de ley no es en absoluto progresista; es más, se trata de una ley retrógrada, porque nos retrotrae a la Ley de 1988, con todas las lagunas y limitaciones que esta ley tenía, eso sí lagunas ciertamente corregidas y ampliadas.

Es una Ley innecesaria, que no responde a una demanda social, sino a los intereses de unos pocos. Se trata de una reforma ideológica que rebaja todas las protecciones existentes para la mujer, los niños y los embriones. En cambio, los grandes beneficiados por esta norma serían las clínicas privadas de fertilidad, que sin límites de ningún tipo para conseguir embriones sobrantes van a disponer de carne fresca para seguir creciendo su capital.

Los que estamos en aras del progreso apostamos por la ciencia, pero la ciencia es como el fuego. Puede hacer un gran bien o un gran mal. Como el fuego, puede calentarte, desinfectarte, salvarte o bien incinerarte. Destruirte. Como el fuego, a menudo hace más mal que bien. Y la razón es precisamente que, como el fuego, no se plantea problemas morales.

Afortunadamente, La Isla es un film de ciencia-ficción que no refleja realidad alguna, pero puede advertirnos de algunos riesgos de la manipulación genética. Hace apenas unos meses, el científico coreano Hwang Woo Suk reconocía públicamente las graves irregularidades cometidas en el modo de conseguir óvulos en sus investigaciones científicas, que se obtuvieron de jóvenes investigadoras de su propio equipo. Ya anteriormente, un colaborador de Woo Suk había hablado de una entrega de 1.500 dólares a cada una de las 16 mujeres donantes de óvulos. Cuando reconoció sus mentiras, el científico coreano pronunció una frase que podría figurar en los anales de la Historia Universal de la Infamia: "Centrado como estaba en los esfuerzos científicos, tal vez no he visto los aspectos éticos relacionados con mi trabajo".



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