La pérdida de Tomás Pascual es motivo de lamento en toda España, pero Cantabria es uno de los lugares que más le echará de menos. El empresario burgalés estaba muy ligado a esta comunidad. Casado con una cántabra, de la familia Cuétara, tres de sus hijos nacieron en Santander.
Tomás Pascual expresaba siempre que tenía oportunidad el cariño que sentía por esta región, en la que tenía casa y a la que acudía de forma asidua para descansar. Desde 1999 también lo hacía para trabajar, ya que ese año incorporó a su grupo alimentario la fábrica de Leche Frixia en la Serna de Iguña, que compró a la familia Morais.
El veterano empresario no adquirió la factoría para quedarse con su cuota de mercado, sino que decidió modernizar y potenciar la planta cántabra. Su vinculación con Cantabria le llevó a destinar inversiones especiales para Leche Frixia, de forma que no sólo modernizó la fábrica, sino que acabó convirtiéndola en innovadora.
El año pasado presentó, orgulloso, una innovación mundial en la Serna de Iguña. Había convertido a la fábrica cántabra en la primera capaz de envasar leche uperisada en botellas de PET con la misma calidad y duración que en 'brik'. Fue uno de los últimos logros de un hombre al que no creyó nadie cuando decidió meter la leche en una 'extrañas' cajas conocidas como 'tetrabrik'.