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Domingo, 19 de febrero de 2006
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Vida y Ocio / SOCIEDAD
Domingo - II
Guillermo Palomero Presidente de la Fundación Oso Pardo «En el monte todo el día es un gran momento»
«Nunca toqué a un oso vivo en libertad, es lo último que haría»
Guillermo Palomero se conforma con tocar osos en cautividad, o de juguete. / A. FERNÁNDEZ
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el retrato «Entre papeles» ha pasado Guillermo Palomero (Torrelavega, 7-2-1956) el día de su 50 cumpleaños, destacada efeméride que pensaba celebrar por todo lo alto pero que, a su pesar, fue una jornada más de trabajo «biopolítico», tal y como define la labor que le mantiene más apartado de los montes de lo que «jamás hubiese imaginado». Incalculable es el tiempo dedicado en su medio siglo de vida a seguir el rastro del oso, a patear su territorio en busca de huellas y a sentir de cerca su poderosa presencia. Es Palomero un apasionado de su trabajo, que percibe como «un gran privilegio», y en estos días prepara un balance de los últimos 15 años de la Fundación Oso Pardo, de la que es presidente, en el que reflejará la evolución positiva de la población de los plantígrados cantábricos. Naturalista especializado en trabajos de ecología aplicada a la gestión de grandes vertebrados en la Cordillera Cantábrica, primero investigador en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias y en la Universidad de Cantabria, y hoy asesor técnico de la Dirección General para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, asegura que los oseznos son tan tiernos como un peluche, que las madres son protectoras, los osos adultos son lúdicos, inteligentes, sibaritas... Dice que aproximarse a uno es como estar «ante un igual».

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-¿Cómo se llamaba su osito de peluche?

-No recuerdo haber tenido ninguno, creo que mi pasión no me vino de ahí.

-Dicen en los zoos que los osos no son ni amorosos ni tiernos; defina su carácter.

-El oso es esencialmente tierno, pero como animal salvaje tiene sus momentos de cabreo. Es solitario, le gusta explorar los bosques y es un 'gourmet' de la naturaleza, en la que busca los bocados más exquisitos. Es un animal lúdico, es increíble ver a osazos jugando con la nieve. La relación de la hembra con los cachorros se parece a la de una familia humana: ella vigila y protege mientras los oseznos juegan. Así son en libertad. En cautividad, por su gran capacidad intelectual, desarrollan psicopatías y pueden llegar a ser peligrosos enemigos.

-¿Qué se siente al aproximarse a uno?

-Es conveniente no hacerlo. Nosotros los observamos desde lejos para no molestarlos. Aflora algo ancestral, de encontrarte ante un igual, no sabes si eres el predador o la presa. Nunca toqué a un oso vivo en libertad, es lo último que haría. Sí corrí delante de una osa con sus tres oseznos, Vanessa, que le falta una pata. Batí récords de velocidad.

-¿Qué opina de la introducción de especies foráneas?

-Con el oso cantábrico no es necesario traer otros osos pardos, ya hay suficientes y se puede preservar su especial línea genética. En los Pirineos había tan pocos osos autóctonos que se precisó traer otros, de los Balcanes. Era lo que había que hacer, pero aquí podemos seguir tratando de salvar al nuestro. Sigue amenazado, pero evoluciona al alza en toda la Cordillera Cantábrica, en la que viven entre 105 y 130 individuos.

-¿Conoce casos de ataques a personas?

-No conozco que hayan muerto personas en la historia reciente, y eso que aquí cohabitan con el hombre. Pero sí se registran sustos, de uno a tres al año, sobre todo de hembras con crías, y en los últimos 20 años dos personas resultaron heridas. El oso va a huir, pero en ciertas circunstancias puede morder, aunque no se ceban. En lugares como América todos los años muere alguien, por ataques de los osos 'grizzlies'.

-¿Cuánto tiempo pasa en los montes siguiendo sus rastros?

-Antes mucho, ahora menos. Soy más biopolítico que naturalista. Me dedico a hablar con cazadores, vecinos, políticos y empresas para conseguir que el conservacionismo siga en positivo, y lleva una enorme cantidad de tiempo. Jamás pensé que estaría más tiempo entre papeles que en el monte. Me preocupa.

-¿Siente que su trabajo es un privilegio o un sacrificio en favor de una buena causa?

-Es un enorme privilegio, me siento feliz y agradecido, aunque tiene sus momentos malos y de tensión, por el enfrentamiento de intereses, pero los buenos son tan intensos que me compensan para seguir con las mismas ganas y sentir la misma emoción cuando veo una huella.

-Y en su tiempo libre, ¿más de lo mismo?

-Reconozco que me cuesta desconectar, porque mi entorno de amigos está vinculado al conservacionismo. También me gusta vivir otras cosas, pero te vas de copas y, aunque suene un 'blues' en directo, acabo hablando de lo mismo con alguien. No es obsesión, es algo natural.

-¿Tiene mascotas?

-No, porque como me muevo mucho no puedo. Estoy separado y mi ex mujer tenía gatos, era divertido. Los perros me gustan, pero no he querido tenerlos porque es una gran responsabilidad.

-El mejor momento del día.

-Los días están llenos de buenos momentos: en el monte todo el día es un excelente momento. En el trabajo me gusta el desayuno, un café muy caliente y el periódico que no pude leer el día anterior. Un rato de relax para preparar un día más de papeles o entrevistas.

-¿Con qué platos se relame?

-Con muchos, yo también soy algo 'gourmet', me gusta comer bien, con un buen tinto y un orujo. Me gustan los arroces, las verduras y los huevos fritos me saben a gloria cuando bajo del monte.

-¿Quién merece su admiración?

-Me maravillan las personas que realizan duros sacrificios por su familia, y los pequeños héroes cotidianos que dejan de vivir sus vidas por apuestas personales, me dan mucho ánimo para seguir. Y admiro cualquier organización humanitaria, tal y como está el mundo de revuelto y desigual su papel es relevante, brillante.

-¿Y su reproche?

-Tengo un reproche en el que me incluyo: estamos dejando que el mundo pierda humanidad, debemos ser menos materialistas y conscientes del monstruo que se está creando, no sólo en lo ambiental, sino en las relaciones entre los pueblos. Creo que estamos bajando la guardia como ciudadanos.

-¿El día más feliz de su vida?

-Pues iba a ser el 7 de febrero, mi 50 cumpleaños, pero me pusieron una visita por la mañana y una charla por la tarde. Pero en fin, soy feliz cuando estoy con mi novia, con mi hija, en el monte... Cualquier cosa me llena de felicidad.

-¿Y una fecha para olvidar?

-Más que fechas, situaciones, errores, tengo un saco de ellos para olvidar. Quisiera volver atrás, pero es el saco que todos llevamos a las espaldas.

-¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar para evitar la extinción del oso?

-Creo que ya lo estoy dando todo.



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