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Jueves, 23 de febrero de 2006
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CANTABRIA
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Un apacible día de temporal
La anunciada jornada invernal no apareció, y en municipios como Las Rozas o Valdeprado del Río se aprovechó para retirar la nieve
La pala municipal del Ayuntamiento de Las Rozas limpia las calles en la localidad de Llano. / SANE
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A las ocho y media de la mañana un sol espléndido se abría en la zona de la bahía y de su entorno bajo un cielo totalmente despejado. A las nueve y media de la mañana, el mismo sol y la misma claridad lucían en lo alto de El Escudo. Ni rastro del temporal. Sobre la una de la tarde el cielo seguía limpio como una patena en Montesclaros. Y a las tres, desde Bolmir, un par de nubes algodonosas no impedían disfrutar del perfil de Alto Campoo en toda su plenitud. La borrasca seguía sin dar señales.

El temporal, de hecho no apareció. No lo hizo en todo el día. Y gracias a este paréntesis los medios mecánicos pudieron trabajar con más soltura en la limpieza de los viales, y la la gente se atrevió a salir a la puerta de calle donde nunca falta qué hacer.

La principal ocupación ayer en los pueblos era espalar. Sin distinción de sexo. Espalar con el fin de asegurarse un acceso a pie hasta la calle principal o para poder sacar el vehículo de la cochera.

«¿Qué tal está la carretera? ¿Se puede circular bien?», nos pregunta Lina mientras limpiaba de nieve el pequeño acceso desde el cobertizo donde guarda el coche hasta la carretera. Le tranquilizamos: toda la carretera que transcurre paralela al pantano en el municipio de Las Rozas está despejada. Apenas ni placas de hielo.

Buen día al sol

La quitanieves del Gobierno regional había limpiado bien la CA-470, y ahora llegaba Millán, desde Arija, con su tractor-cuña, para desbrozar de nieve las calles de Llano, como antes lo había hecho en Bimón. Allí al paso saludó a un veterano matrimonio: al sol ella, asomada a la ventana, sentado en el poyo de la puerta él, con tres perros a su vera y a quien la médico, camino de la consulta rural, algo le dijo a cuenta de su diabetes.

En Llano esperaban al tractorista, entre otros, José Luis y Samuel. Éste último acababa de abrirse una pequeña senda y de llegar hasta donde el panadero, al que adquirió un hogaza. «Al sol, así, da gusto», decía Samuel mientras seguía braceando con la pala. Su contertulio asentía. «Hoy está mucho mejor que estos días atrás. ¿Este temporal?, 'Na'; el año pasado sí que fue buena», recuerdan ambos mientras desprecian los 15/20 centímetros de nieve existente frente al medio metro del pasado temporal.

Al sol hace bueno, se agradece su tibieza. Pero donde no se está a resguardo, los cinco grados de temperatura se dejan sentir rápido. Seguramente por ello las gentes de Renedo o Villanueva de las Rozas aguardan al otro lado de las ventanas a que el panadero o cualquier otro recadero se haga oir.

Por la parte de Montesclaros se nota que la nieve ha cargado mucho más. Hay zonas donde espesor de la nieve alcanza el medio metro, pero la carretera está transitable sin perder de vista alguna placa de hielo. En el monasterio Rufino Sandoval se afana por dejar expedito el camino desde la carretera. Está sacando partido al día de sol: «Hay que aprovechar. Llevamos casi dos días sin poder salir de casa», explica sin dejar de limpiar los accesos hasta su domicilio.

Mucha nieve

Unos metros más allá, el padre Fernando Llovat, monje del Santuario de Nuestra Señora de Montesclaros hace guardia junto a la puerta. Este monje entomólogo, que cuida de la capilla y de la colección de insectos y mariposas, quita importancia al frío y a la nieve. «Hace treinta o cuarenta años aquí nos tirábamos varios meses con dos metros de nieve». Este dominico es de la teoría de que «desde que construyeron la presa del pantano, la temperatura en toda esta zona ha suavizado mucho».

Desde el monasterio se divisa como una postal parte del valle de Valdeprado del Río. Higedo a un lado, el Ebro al otro. Y nieve, mucha nieve en el monte.

Seguramente por ello los habitantes de los barrios de Barruelo, Arroyal y San Andrés de Los Carabeos aguardaban como agua en mayo la llegada de la quitanieves. Con las carreteras CA-741 y CA 742 bien limpias, quedaban por abrirse las calles y callejas de esas poblaciones, tarea en la que se afanaba Juan, al mando de un tractor con pala. «No crea que es poca la labor que nos hace», indicaba Noé mientras señalaba las evoluciones del tractor. «Casi todos somos gente mayor, y para espalar... Aquí carga mucho la nieve, y si tienes que salir de casa, no puedes».

Noé, un jubilado agente forestal, departía en la plaza con otros vecinos de Arroyal. Agradecían el buen día que había salido frente al que vivieron la víspera, «un día criminal de frío», aseguraban «pero para frío, joder, el del año pasado. Aquí llegamos a medir hasta 19 grados bajo cero», asegura Noé.

En Pozazal la carretera y la autovía apenas presentaban signos del paso del temporal- En Fombellida conductores y camioneros rodeaban sendos establecimientos hosteleros. Un poco más abajo, en Cervatos, el mediodía transcurría plácido. sin atisbos de temporal, bien al contrario bajo un limpio cielo azul y con el fondo de un impoluto blanco en las montañas.



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