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Viernes, 24 de febrero de 2006
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Crónica / INTERNACIONAL
  Actualizado: 1.27 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
Religiosos chiíes, en una acto de protesta contra el ataque a la mezquita de Samarra del jueves. / QASSEM ZEIN-AFP
INTERNACIONAL
Irak no había sufrido una ola de violencia confesional de estas características desde la caída del régimen de Sadam Hussein, hace ahora casi tres años. La noche de cuchillos largos en Bagdad dejó unos 130 muertos, la mayoría suníes, como represalia por la voladura de un santuario chií en Samarra, al norte de Bagdad.
 
La dejadez, la desmesura en el afán de lucro, la constante violación de las normas de explotación de edificios para uso público y la inhabitual acumulación de nieve en terrazas y tejados parecen estar detrás de la nueva tragedia que ha sacudido la capital rusa.
El ejército israelí mató ayer a cinco palestinos, entre milicianos y civiles, en el quinto día de la incursión militar que inició el pasado domingo en el campo de refugiados de Balata, junto a la ciudad de Naplusa, en la Cisjordania ocupada, y en la que en total han muerto nueve palestinos.
Una tensa calma se registraba ayer en Onitsha, donde grupos de jóvenes cristianos siguen quemando en las calles los cadáveres de musulmanes asesinados durante dos días de motines en esa ciudad del sudeste de Nigeria, que se cobraron la vida de unas cien personas, según informan los medios de comunicación locales.

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