Me va a resultar muy difícil resumir todo un año de tropelías y atropellos en unas líneas porque la verdad es que uno ya se levanta por la mañana temblando a ver qué nueva idea genial se la ha ocurrido a usted, señora consejera de Sanidad, para poder hacerse otra foto a costa de los profesionales de la Sanidad de Cantabria y de los usuarios a los que dice defender.
El 2005 comenzó con el autobombo de la creación de no sé cuantísimas plazas nuevas que conllevó el consiguiente cambio de médico de más de 50.000 pacientes para que ahora, apenas un año después, parte de los mismos vayan a ser puestos de patitas en la calle y a sus pacientes se les vuelva a asignar un nuevo médico, el segundo en un año, algo que era perfectamente previsible y que usted pudiera haber evitado fácilmente si en vez de la propaganda y la autocomplacencia hubiera usted optado por la eficiencia y el sentido común.
De este modo, está usted resolviendo el problema de la precariedad laboral de los médicos de otras comunidades autónomas que no han trabajado ni un solo día en nuestro Servicio de Salud a costa de poner en la calle a cántabros que sí llevan años haciéndolo.
Supongo que esto lo hace para cumplir fielmente con la promesa electoral del señor Revilla de que ningún universitario cántabro iba a tener que salir a trabajar fuera si no quería. Eso sí, cuando algún médico de aquí va a pedir trabajo a Euskadi, descubre que hablar euskera vale tanto como tener tres doctorados 'cum laude'.
Luego llegaron las vacaciones de verano y como efectivamente faltaban sustitutos, la solución pasó porque trabajaran turnos de más de 30 horas seguidas sin el descanso semanal correspondiente; supongo que esto es a lo que usted se refiere cuando habla de calidad asistencial.
Y así fuimos llegando a fin de año y, como siempre, las prisas por cerrar algún acuerdo y hacerse la foto de Navidad, y esta vez tocaba la Carrera Profesional, aspiración histórica de los médicos de la Sanidad publica desde hace más de 30 años.
Pero claro, lo único que ustedes consiguieron fue presentar un proyecto absolutamente bochornoso, que nada tiene que ver con una carrera profesional, en la cual lo único que se premia es la fidelización del médico hacia la empresa y el cumplimiento a rajatabla de los objetivos económicos fijados cada año por los gerentes.
Mire, señora consejera, un médico no se fideliza con la empresa, se fideliza con sus pacientes y un médico no actúa por objetivos económicos sino por evidencia científica y según ese criterio dará a sus pacientes el tratamiento que considere más eficaz y que generalmente no es el más barato, como proponen sus gerentes. Dejen ya de engañar a los ciudadanos prometiéndoles que van a recibir la mejor asistencia posible mientras que a la vez nos presionan a nosotros, los médicos, para que les demos lo más barato aunque no sea lo más conveniente, so pena de castigarnos con quedarnos como médicos rasos sin posibilidad de ascenso.
Por no citar otros trucos rastreros, como el de no actualizar el vademécum informático de nuestros ordenadores para que no podamos emitir recetas de los nuevos medicamentos que van saliendo al mercado o como exigir visado para los mismos. Toda una carrera ¿de obstáculos, vamos. ¿Cómo sería de escandalosa su propuesta que esta vez ni un solo sindicato, ni siquiera sus incondicionales de CC.OO. se han atrevido a firmarlo!
Y ya la traca final la está quemando usted con el mal llamado 'Programa de Reducción del Daño' es decir, Programa de Dispensación de la Metadona. La metadona es una droga de la misma familia que la heroína, sólo que se puede usar por vía oral (evitas contagios a través de jeringuillas) y se utiliza en drogodependientes para intentar disminuir o suprimir su consumo de heroína. Para su prescripción existen unas Unidades Asistenciales de Drogodependencias y su dispensación se realiza a través de unas unidades móviles.
Pues bien, bajo el pretexto de «normalizar la atención del paciente drogodependiente e integrarle en la red sanitaria general» desde la Consejería de Sanidad se pretende suprimir dichas unidades móviles y que sean los Centros de Salud y Consultorios Rurales los que pasen a dispensarla. Una idea genial ¿verdad, señora consejera? Se ahorran ustedes un dinerito y encima lo venden como una mejora de la asistencia.
Por cierto, nos enterarnos antes por nuestros propios pacientes que por la propia consejería. Sin embargo, no se ha contado para nada con los profesionales de Atención Primaria. Este programa tiene varios problemas. El primero es que no es un programa para tratar de forma integral a estos pacientes en los centros de salud. Es falso, no hay ningún programa. Una cosa así requeriría dinero, formación a los profesionales y tiempo, del que actualmente no disponemos y que deberíamos sacar de dejar de hacer otras actividades y no se ha hecho nada de eso, porque lo que ustedes pretenden es ahorrar, no gastar.
Ustedes sólo quieren que nosotros dispensemos la metadona que ha pautado otro médico. Pues bien, señora consejera, si lo que usted quiere es que estos pacientes sean integrados y tratados en la sociedad como unos ciudadanos más, debo recordarle que para dispensar un medicamento pautado por un médico ya están las farmacias, a donde van el resto de nuestros pacientes a buscar sus recetas. Pero los farmacéuticos le han dicho que nones ¿verdad?
Ellos ya se conocen bien el percal. Y el tercer problema es que pretenden ustedes que la droga quede almacenada en el propio centro de salud, lo cual es simplemente una bomba de relojería para la seguridad de los que en ellos trabajamos y no precisamente por los pacientes que toman la metadona, sino precisamente por los que no la toman.
Ahora, todos los drogodependientes de Cantabria y provincias limítrofes saben que si les da el 'mono' y no tienen suelto para comprar la droga, tienen a su disposición, con sólo poner la navaja al cuello del médico o enfermera correspondiente, toda la que necesiten. Sin ir más lejos, un drogadicto que había leído esto en el periódico tuvo que ser detenido a las puertas de un centro de salud tras amenazar al personal de guardia que allí se encontraba para que le dieran la droga. ¿Y eso que aún no hemos empezado!
Ni que decir tiene que, ante este panorama, todos los centros de salud, de forma casi unánime, condicionaron la implantación de esta dispensación a que se diesen las suficientes garantías de seguridad y usted, al darse cuenta de que el escándalo organizado empezaba a llegar a los medios de comunicación, accedió a abrir una mesa de trabajo-negociación con nuestros representantes de los colegios de médicos y enfermeras a cambio, eso sí, de no acudir a la prensa.
Tras dos meses de arduas reuniones, la cosa quedó clara: las condiciones de seguridad en nuestros centros de trabajo es muy precaria, como se viene denunciando en los últimos años y el almacenaje y dispensación de la metadona solo iba a empeorarlo. Se precisa por tanto la adopción de medidas, bien mediante seguridad privada o bien estableciendo, como se hace en otras comunidades autónomas, un circuito para la metadona, de forma que no quede almacenada en los centros de salud sino que sea traída el día que se vaya a repartir y haya presencia policial en el momento del reparto para evitar robos y agresiones.
Pero, claro, todo eso vale más dinero del que usted pretende ahorrarse. Para aumentar más el esperpento, el gerente del CAP-1 está de 'tournee' por todos los centros de salud para tratar de convencernos (con algún ejemplo práctico incluido) de que el hecho de que suframos violencia en nuestro trabajo es algo consustancial al mismo, que va incluido en la nómina y la única medida de seguridad que piensan adoptar es la de colocar cajas fuertes para su almacenaje o sea, que ya nos podemos aprender bien la combinación, por si acaso.
Pues mire, lo de que yo dispense la metadona en estas circunstancias va a ser que tampoco. Yo no tengo por qué acostumbrarme ni me acostumbraré nunca a que me agredan por ejercer mi profesión ni en mi nómina va incluido ningún plus de peligrosidad. Y aún tengo muy reciente (me lo recuerda cada día la copia de la orden de alejamiento que guardo en un cajón de mi consulta) los tres intentos de agresión de un paciente al que le concedí el alta por estar trabajando mientras cobraba la baja, sin que la gerencia del SCS, a pesar de conocer lo que estaba sucediendo desde el primer intento, hiciera nada por evitarlo.
Y recuerdo también cómo el día que tuve que ir al juzgado a denunciarlo, tuve que llevar mi propio abogado porque ustedes mandaron a uno, sí, pero para reclamar los daños materiales (unos cristales rotos y una papelera que rompió el energúmeno). Y me da risa, auténtica risa, el protocolo de agresiones que ha elaborado el SCS y que por no extenderme, se puede resumir en que si te agreden, ponen un psicólogo para una mejor recuperación. Eso es prevención y lo demás, cuento.
Así que, lo dicho, mientras ustedes no puedan garantizar mi seguridad (y un psicólogo no es lo que tengo en mente precisamente), yo no podré responsabilizarme de la custodia y dispensación de la metadona. Usted misma. ¿Ah!, y si piensa que voy a cambiar de idea mandándome al gerente de turno para que me amenace con abrirme un expediente o algún dislate parecido, pierde usted el tiempo, hace tiempo que me vacuné de tanto déspota disfrazado de progresista.
Y no quisiera acabar sin seguir recordándola (lo haré siempre que tenga ocasión) que este año los médicos cántabros, como cada año desde que es usted consejera, somos un uno y pico por ciento más pobres que el año anterior. Seguimos siendo los peor pagados de España y Europa. Ganamos entre 2,5 y 3 veces menos que el resto de los médicos europeos (excepto los portugueses, que sólo ganan un 30% más) a pesar de que somos los que más pacientes atendemos al día.
Que los profesionales del SCS seguimos siendo los únicos trabajadores del Gobierno de Cantabria que no tienen abierta una Mesa de Negociación para la mejora de nuestras retribuciones y que ahora que aún tenemos frescas las pasadas Navidades, muchos médicos han pasado esos días tan entrañables alejados de sus familias, haciendo guardias en los distintos hospitales, centros de salud y consultorios rurales distribuidos por toda Cantabria, acudiendo, como todos los días, a atender a personas a sus domicilios a las 3 o las 4 de la madrugada, en su coche particular con la gasolina pagada de su bolsillo, por 10 euros brutos la hora, menos de lo que seguramente paga usted a su interina porque le limpie la casa y supongo que además a horas menos intempestivas.
Eso sí, señora consejera, lo seguimos haciendo con toda la dignidad y toda la profesionalidad del mundo, al contrario que ustedes, los autodenominados 'progresistas', que para poder hacer su trabajo con la misma dignidad necesitaron subirse el sueldo, y no el IPC precisamente.