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Viernes, 3 de marzo de 2006
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Vida y Ocio / CULTURA
De Marcha - Leyendas
Gol en propia puerta
La fama, los escándalos y las noches interminables llenas de excesos no sólo son propiedad de actores descarrilados y rockeros: George Best y Maradona convirtieron al fútbol en un deporte de riesgo.
Gol en propia puerta
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No cruzó los Andes para liberar países hermanos, ni creó la bandera color cielo, ni fue el padre de la educación, pero a Diego Armando Maradona nadie puede negarle su estatura de prócer. Incluso de Dios, con una iglesia dedicada a su figura que reúne a devotos de todo el mundo. Locura colectiva de los argentinos, el fútbol es la expresión popular más pasional de un país al que se le han ido extinguiendo todos los fuegos. Argentina vive, respira y sueña fútbol, por lo que no es casual que en su vientre se gestara el jugador más fantástico de la historia. Y el de vida más controvertida, también, con demasiados acercamientos a la línea que separa la vida de la muerte.

Mientras George Best comenzaba su larga decadencia a través de numerosos clubes del mundo, un adolescente de 15 años nacido en la humilde Villa Fiorito, provincia de Buenos Aires, entusiasmaba a la afición de Argentinos Juniors tras varios caños a jugadores del Talleres de Córdoba en el Campeonato Metropolitano de la AFA. Era su debut en Primera, el 20 de octubre de 1976, después de haber desarrollado un fútbol fantástico en las categorías inferiores de los 'Cebollitas', con los que llegó a acumular una racha de 140 partidos invictos. «Esa tarde toqué el cielo con las manos».

Un año después era convocado por la selección albiceleste, el mayor sueño de todo jugador argentino, y debutó el 27 de febrero de 1977 ante Hungría, pero se quedó fuera del Mundial que el país sudamericano organizó en 1978 y que ganó de la mano de un genial Kempes. Maradona jamás se lo llegó a perdonar al seleccionador Menotti.

Máximo goleador de los torneos Metropolitano 78 y Metropolitano y Nacional 1979 y 80 con la camiseta de Argentinos, Maradona fue elegido mejor jugador sudamericano después de conducir a su selección a ganar el Mundial Juvenil de Japón. Demostró al 'flaco' que se había equivocado con él. Con tal trayectoria, los 'Cebollitas' ya se le estaban quedando pequeños al Diego y en 1981 ficha por Boca Juniors, el equipo del alma de sus padres, Chitoro y Doña Tota, a quienes sacó de la pobreza. River Plate también le pretendía, pero una tarde fue al Monumental de Núñez a ver un partido infantil, los hinchas le trataron mal y les puso una cruz: «a este club no vuelvo nunca más».

Debutó en La Bombonera frente al mismo equipo que le había visto jugar por primera vez, Talleres de Córdoba, y compartiendo equipo con Gatti, Brindisi, Trobbiani... Tras una excepcional temporada -28 goles en 40 partidos-, consiguió el Metropolitano de 1981, su único título con Boca, porque la temporada siguiente, y tras un decepcionante Mundial de España para la albiceleste, donde Maradona fue cosido a patadas, daría el salto a Europa: el FC Barcelona le ficha por una cifra astronómica para el momento.





Salto a Europa

A pesar de destacar como jugador y ganar en 1983 la Copa del Rey, la trayectoria del pibe es muy irregular en el Barça, con una grave lesión -tras entrada de Andoni Goicoetxea- y una hepatitis que impiden su lucimiento. En la ciudad condal comienza su carrera con los excesos y, tras numerosas tensiones con el club, es vendido en 1984 al Napoli de Italia, un club modesto que vivió sus únicos momentos de gloria junto al genio argentino.

Allí Maradona cumple una sobresaliente actuación, ganando el Scudetto italiano en las temporadas 1986-1987 y 1989-1990, la Copa de la UEFA en 1989, la Copa de Italia en 1987 y la Supercopa Italiana, en 1990. Todo ello en paralelo al Mundial de México de 1986, en el que condujo a su selección a ganar el trofeo más preciado de todo futbolista. Allí consiguió dos de sus goles más famosos, en los cuartos de final frente a Inglaterra, la 'pérfida albión', con las Malvinas en el recuerdo: el primero es conocido como 'La mano de Dios', después de que Maradona batiera a Peter Shilton con la mano izquierda. «Fue como meterle la mano en el bolsillo a un inglés y sacarle una plata que no era para ellos», dijo. El segundo puede que sea el mejor gol de la historia de los Mundiales, después de superar a cinco jugadores ingleses y al portero. «Este lo tapó todo», comentó. Lo que sí es seguro es que es la narración más emocionante: el periodista y cronista Víctor Hugo Morales todavía pone los pelos de punta a quien escucha esa narración, donde nació el 'barrilete cósmico'.

Pero, por desgracia, llegó el turno de los renglones torcidos, y Maradona empezó a ser más conocido por sus juergas nocturnas que por sus goles. El contacto con las drogas que había tomado en Barcelona llegó a un punto insostenible en el sur de Italia, a pesar de lo cual consiguió llevar todavía a su selección a la final del Mundial de Italia, donde Alemania se tomó la revancha de cuatro años antes. La caída fue más rápida que su 'slalom' ante los ingleses: en 1991 abandonó el Napoli tras ser sancionado por 15 meses al dar positivo por cocaína. Tras un anecdótico fichaje por el Sevilla, que estaba dirigido por su maestro Bilardo, regresa a Argentina para jugar en el Newell's Old Boys y, más tarde, en Boca Juniors. Pero la sombra de los dopajes -y la FIFA, incómoda ante un jugador que no se callaba nunca- le perseguía. En el Mundial de Estados Unidos 94, donde jugó más por el empuje de los hinchas que por sus previos méritos futbolísticos, volvió a dar positivo en un control antidopaje por efedrina, en un polémico caso del que nunca se llegó a conocer toda la verdad. «Me cortaron las piernas», llegó a decir el Diego.





Resurrecciones

La retirada le planeó por la cabeza una y otra vez -dicen que Argentina es el país de la duda eterna y él, no iba a defraudar en esto a su patria- y durante sus quince meses de sanción se hizo cargo como entrenador del Mandiyú de Corrientes y del Racing de Avellaneda. El 15 de septiembre de 1996 le vencía la sanción y regresó, como no, a su Boca, a su casa. Frente a Argentinos marcó un gol 13 años y 11 meses después del último en su país. La retirada definitiva llegó el 25 de octubre de 1997 después de ganar 2-1 a River, aunque nunca imaginó que este clásico fuera su último partido profesional, el mismo día de su cumpleaños.

Después, vendrían múltiples homenajes, partidos de despedida y, cómo no, polémicas, la otra cara de su vida. Y es que los siguientes renglones de su trayectoria fueron escritos, de nuevo, por la cocaína; por una larga cura de desintoxicación que le llevó hasta la Habana, donde consolidó sus 'migas' con Fidel Castro; por la separación de su mujer Claudia, con la que tuvo dos hijas -reconocidas- Dalma y Gianina; y por una operación de reducción de estómago cuando ya había superado los 125 kilos. En agosto del pasado año volvió -con 50 kilos menos- a mostrar su mejor cara como director y presentador del programa de televisión 'La noche del 10', que en breve emitirá Canal 8 DM, a la vez que Boca, de la mano del presidente Mauricio Macri, le confiaba el puesto de director deportivo. Tal es la idolatría que hay quien compara la transformación de Maradona a la incipiente recuperación económica de su país.





Objeto de culto

Coincidiendo con el regreso del 'pelusa' a la pequeña pantalla se está preparando una película sobre su vida titulada 'La mano de Dios' en homenaje al gol contra Inglaterra, que actualmente está en rodaje y que dirige el director italiano Marco Rissi. El filme tiene la intención de reflejar el vertiginoso ascenso del niño de la mísera Villa Fiorito que enamoraba con su fútbol al mito que adoraba medio mundo y se dejó seducir por la cocaína y las noches sin fin. Para elaborar la historia, además de contar con toda la inmensa información que ha producido el jugador, los guionistas grabaron más de diez horas de conversación con el propio Maradona, familiares y amigos.

También es esperado el estreno del documental que aún ultima el cineasta bosnio Emir Kusturica. Ambos comparten su gusto por el fútbol -Kusturica tenía una prometedora carrera como futbolista hasta que la abandonó para ingresar en la escuela de cine de Praga-, el Che y los dictadores de izquierdas, como Fidel Castro, con el que se ha reunido para hablar sobre Maradona en el documental. La música también va a ser una parte esencial del filme con aportaciones del propio cineasta y su banda -la Non Smoking Orchestra-, una mezcla de teatro, folclore balcánico y punk. Otra interesante colaboración es la de Manu Chao, que al igual que otros músicos -Calamaro, Superratones...- ha grabado una canción dedicada al '10'.

El documental se ha rodado en Villa Fiorito, Buenos Aires, Barcelona y Nápoles, siguiendo la vida del futbolista argentino, considerado junto a Pelé el mejor jugador de todos los tiempos. La discusión sigue abierta. La leyenda de Maradona relegó a la sombra a otros mitos de lo imposible y amplió las fronteras de las profesiones peligrosas incluyendo al fútbol como un deporte de riesgo. Con una película en rodaje y un documental sobre su vida a punto de ser estrenado, Maradona es indiscutiblemente el rey de este género. Pero un poco antes del astro argentino hubo unángel caído del fútbol con mejor porte y más glamour. Su nombre: George Best.

El pasado mes de noviembre el ex-futbolista norirlandés murió de neumonía a los 59 años. Tras sí dejaba una larga decadencia empapada en alcohol y medicación y una leyenda que crecía ya muy lejos de él. Héroe del Manchester United en los años 60, ganó la Liga, la Copa de Europa y el Balón de Oro. Entonces tenía sólo 22 años.





Boogie nights

Mientras Londres comenzaba a sentir la revolución del pop, el joven George Best (Belfast, 1946) fichaba por el Manchester United tras una prometedora carrera en un club del barrio de Gregagh. Debutó en 1963, con 17 años, y poco a poco fue destacando en el equipo de Old Trafford ganando la Liga y conquistando la Copa de Europa en 1968. Ese mismo año recibía el Balón de Oro al mejor jugador europeo.

Best era un preciosista, un virtuoso, con un estilo que cautivó a miles de aficionados de todo el mundo. Aunque su leyenda no fue sólo alimentada por el fútbol. Con fama de playboy y vividor, Best conducía deportivos, cerraba discotecas, se codeaba con actores y músicos de moda y era dueño de una boutique en Londres. En los años dorados de los Beatles y los Rolling Stones, Best era el hombre de moda en Inglaterra. Pero al igual que las mágicas noches de la década de los 60, su reinado estaba condenado a desaparecer. Intermitente, genial, pero prescindible, en 1974 el Manchester United, cansado de sus borracheras y sus repetidas ausencias a los entrenamientos, le dejó marchar con apenas 28 años.

Best pensó que sería más libre en otro equipo pero su decadencia no había hecho más que empezar. A partir de entonces militó en numerosos equipos en los que apenas duraba uno o dos años. Su recorrido continuó por las islas británicas en clubes como el Fulham o Stockport County, pasando por Los Angeles Aztecs, Lauderdale Strikers o San José Earthquakes de EEUU hasta regresar a su patria para jugar en el año 83 sus últimos partidos en el Bournemouth.



Leyenda recordada

El llamado 'quinto beatle' nos abandonó el pasado 25 de noviembre en el más multitudinario funeral en el Reino Unido desde la muerte de Lady Di. Entre ellos, muchos músicos que han rememorado su innato talento y su estrella autodestructiva en numerosas ocasiones. Su amigo Van Morrison (nacido en Belfast al igual que George) le recuerda en varias de sus canciones como 'Look what the good people done' (sobre un episodio de George, completamente borracho en un programa de televisión inglesa); Ray Davis, líder de los Kinks y gran amigo de Best, le compuso 'Dedicated follower of fashion'; Oasis hizo lo mismo con 'Cigarretes & alcohol'; y el grupo Wedding present le dedicó la portada de su primer disco. Al margen de las películas en las que el propio futbolista actúo en forma de cameos ('Cup fever', 'Percy', 'The alf Garnett saga'), su vida fue inmortalizada en el cine en 'Best' (Mary McGuckian, 2000).

George Best fue la esperanza británica de los años 60 frente a los Nobby Stiles o Bobby Charlton, un ídolo indómito que reunió el suficiente talento y carisma para ser recordado en la memoria de todos los aficionados al fútbol. Quizá por su condición de ángel caído. Comparado con Maradona por sus adicciones y con Beckham por su porte, nada más lejos que la estrella mediática del Madrid, que llevó el 7 de la estrella malograda y del que Best llegó a decir: «no tiene pierna izquierda, no va bien de cabeza, no recupera el balón y no marca muchos goles. Por lo demás, es bueno». Suya también es esta célebre frase, que muchos han hecho suya: «Me he gastado mucho dinero en coches veloces, alcohol y mujeres. El resto lo he derrochado». George Best, genio y figura, descanse en paz.



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