Los preparativos del V Encuentro Mundial de las Familias con el Papa en Valencia avanzan a buen ritmo, gracias a la ilusión y la colaboración de muchas personas e instituciones.
De la magnitud del acontecimiento no han sido del todo conscientes muchas personas, hasta que, merced a las informaciones que van jalonando el paso de los días, ya casi nadie subraya el reto organizativo que supone para Valencia, para la Comunidad Valenciana y para España entera.
Como director de comunicación, es un estímulo constante comprobar la actitud de sumar esfuerzos, iniciativas y apoyos de todos. Es una gran movilización mundial a favor de la familia, respondiendo de ese modo a la convocatoria del Papa.
Un Encuentro Mundial de las Familias es un acontecimiento que se celebra cada tres años. Valencia tiene el honor y la responsabilidad de ser la sede del V Encuentro, pero siempre con la mirada puesta en el protagonismo del Papa, de las familias del mundo entero, y ya empezó a trabajar desde que Juan Pablo II confirmó, el 25 de enero de 2003, que la ciudad de Valencia organizaría el V Encuentro. Tras el fallecimiento de Juan Pablo II, Benedicto XVI confirmó el 17 de mayo de 2005 este encuentro: fue una confirmación muy rápida tras su elección como Papa, con el fin de que nadie albergara dudas o inquietud sobre la celebración de un acontecimiento que tantos beneficios está suponiendo para la Iglesia universal desde que se celebró el primero, en 1994.
Cada Encuentro Mundial de las Familias es organizado por el Pontificio Consejo para la Familia con la colaboración de la diócesis elegida como sede. Es un trabajo intenso, que recoge la experiencia del Pontificio Consejo y el empuje renovado que aporta la diócesis que acoge el encuentro. Todo sale beneficiado: se enriquece la experiencia por la variedad de enfoques y planteamientos organizativos del lugar donde se celebra, como hemos ido comprobando estos meses en las reuniones con el cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia.
Otro tanto cabe decir del trabajo nuestro con la Conferencia Episcopal Española. Hace unas semanas, vinieron a Valencia el presidente, monseñor Ricardo Blázquez; el vicepresidente, monseñor Antonio Cañizares y el secretario, don Juan Antonio Martínez Camino, para alentar y apoyar nuestro trabajo desde toda España. A los pocos días, yo mismo fui invitado a impartir una conferencia en la sede de la Conferencia Episcopal Española, con motivo de la Asamblea anual de Delegados diocesanos de Medios de Comunicación de toda España, a quienes expuse los preparativos del V Encuentro y de quienes recabé su colaboración, que he comprobado con creces de inmediato. Y otro tanto podría decir de las reuniones con el Nuncio en España de la Santa Sede, monseñor Manuel Monteiro, siempre dispuesto a ayudar con su experiencia y gratamente satisfecho por cómo se está trabajando.
La perspectiva de nuestro trabajo diario, impulsado por el comité organizador y con las decisiones de la Fundación V Encuentro Mundial de la Familia -en la que están integrados el Arzobispado de Valencia, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Valencia y la Diputación de Valencia- no es otra que prestar un servicio a la Iglesia universal. Si en nuestra tarea se infiltrara el mínimo protagonismo personal, ya se hubiera percibido como tal en la sociedad, hubiera obtenido la lógica desaprobación y nuestros avances organizativos de toda índole no hubieran encontrado el aliento y el apoyo generalizado.
Percibo con alegría una sintonía de nuestro trabajo con el deseo de los habitantes de la Comunidad Valenciana, y de todos los españoles, pues nuestro trabajo nos lleva también a estar en frecuente contacto con otras Comunidades Autónomas, instituciones estatales, medios de comunicación de ámbito estatal e internacional, policía local y nacional.
Más de una vez he afirmado que el protagonismo, por tanto, de un Encuentro Mundial de las Familias con el Papa es el Santo Padre, y las familias de todo el mundo que desean escuchar su mensaje, reforzado por su presencia física en julio. Ninguna institución de las mencionadas ha buscado, ni desea buscar, otra finalidad que la de servir a que millones de personas de los cinco continentes dialoguen, compartan y profundicen en la familia cristiana, directamente de la mano de Benedicto XVI.
En este clima, han sido muchos los que han manifestado su extrañeza por las declaraciones de Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, atribuyendo a una invitación formal de José Luis Rodríguez Zapatero que el Papa venga al Encuentro Mundial de las Familias en Valencia. Su afirmación no se entiende, cuando la invitación del presidente del Gobierno español al Papa para que visitara España se la hicieron llegar los Reyes de España, junto con la suya y la del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, en un encuentro con Benedicto XVI el 5 de septiembre de 2005. Tres invitaciones lógicas, acertadas, tras conocerse la decisión de que se celebrase en Valencia el Encuentro Mundial de las Familias.
La Iglesia tiene su ámbito de actuación, su legítima libertad de iniciativa y divulgación de doctrina católica. La sociedad civil también es un elemento dinámico, con creatividad: bandas de música o asociaciones de flores, por poner unos ejemplos recientes, se brindan a colaborar. Las autoridades de toda índole, también las políticas, tienen su reconocido ámbito de actuación. No tiene por qué haber colisión entre las diversas esferas, pero sí muchas veces relación, porque buscan el desarrollo humano y toda mejora que potencie la dignidad humana. Los ciudadanos desean un trabajo conjunto, puntos de encuentro, 'sumar' en esas tareas que son de servicio. Los protagonismos llegan a la ceguera, a no reconocer la realidad. Todo debe quedar en un desliz de Moraleda, como así se ha percibido por la sociedad española, después de que llevamos tres años trabajando en el V Encuentro Mundial.