eldiariomontanes.es
Martes, 7 de marzo de 2006
 Webmail      Alertas    Envío de titulares      Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
LO + BUSCADO
- Puente de marzo
- Día del Padre
- Vuelos baratos


CANTABRIA
Tribunales
Las dos mujeres explotadas por un rumano no acuden a declarar
En el juicio, que fue suspendido ayer, el procesado por prostituirlas en un club culpa de los hechos a una ex novia
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Las dos mujeres rumanas que acusaron a un compatriota de obligarlas a prostituirse en el club de alterne 'La selva negra' de Solares y de someterlas a distintos tipos de amenazas y malos tratos no se presentaron ayer ante la Audiencia de Cantabria para sostener su versión, en calidad de testigos protegidas.

Su incomparecencia y la de otros tres testigos de nacionalidad rumana llevó a la sección tercera de la Audiencia a suspender el juicio una vez practicadas el resto de las pruebas, para volver a citar a todos ellos a una nueva sesión el 10 de abril.

No obstante, el presidente del tribunal, Agustín Alonso, ya adelantó que si las dos testigos protegidas no se presentan ese día, la sala se atendrá a lo que explicaron al juez instructor en su momento.

Sí declaró, en cambio, el procesado - cuyo nombre es Keinem E.R. y a quien también se conocía por Gica T. y por Javier-, quien aseguró que está pagando culpas de otros y que él se limitó a llevar en su coche desde Madrid hasta el citado club a las dos chicas en noviembre de 2003, a petición de una ex novia suya, Ángela, a la que culpabilizó de los hechos.

La Fiscalía le acusa de un delito de promoción de la inmigración clandestina con destino a la explotación sexual, por el que pide una condena de ocho años de cárcel, ya que sostiene que introdujo a las dos mujeres en España con visados de turista para obligarlas a ejercer la prostitución en clubes de alterne. La acusación pública asegura que Gica T. tenía amenazadas a las dos mujeres, las agredía y les exigía que le entregaran parte del dinero que obtenían por su actividad como prostitutas.

Gica T. manifestó que las chicas le dijeron que venían a España para trabajar como bailarinas de 'stiptease' y como camareras, que las dejó con su coche en una dirección que traían desde Rumanía ('La selva negra') y que no volvió a saber de ellas hasta pasadas unas semanas, cuando telefonearon a su novia para decirle que no las dejaban salir del club y que estaban «secuestradas».

El procesado sostiene que él habló con el responsable del club y que, a partir de ese momento, empezaron sus problemas. «Es todo mentira. Esas chicas a mí no me han dado ni un euro», añadió.

Los guardias civiles que se encargaron del caso explicaron que fueron las propias chicas las que le denunciaron porque aseguraban que el procesado las amenazaba, las pegaba e incluso las agredió sexualmente.

El dueño del club indicó al tribunal que Gica T. llevó a las dos chicas a su club (o a su «hostal», según su propia terminología), tras haberle telefoneado para preguntarle si tenía sitio para ellas.

Las denunciantes le contaron tiempo después que tenían miedo al procesado, porque decían que «las había pegado y violado».



Vocento