En vísperas del tercer aniversario de la guerra en Irak, el presidente de EE. UU., George W. Bush, pidió ayer paciencia a sus ciudadanos para «resistir la tentación» de una retirada pese a que, según admitió, habrá más violencia en ese país. Bush, cuyos índices de popularidad se han visto arrastrados por esta guerra a los niveles más bajos de sus cinco años de mandato, se encuentra inmerso en una campaña de discursos para persuadir a los estadounidenses de que hay luz al final del túnel en Irak pese a la violencia que se ha exacerbado en el último mes.