Aparece, se instala, se hace presente, pesada. Es la grasa. De pronto, ese vaquero que te quedaba como un guante, te molesta. Un buen día notas que no estás cómoda. Nada cómoda. Las 'lorcillas' forman parte indisoluble de tu ser desde hace unos meses. Al sentarte aprietan y, hagas lo que hagas, metas la tripa como la metas, están allí, plácidamente unas sobre otras. Haciendo un auténtico ejercicio de contorsionismo, te miras de espaldas en el espejo y, 'horror', las famosas pistoleras se anuncian como nuevas compañeras.