eldiariomontanes.es
Domingo, 19 de marzo de 2006
 Webmail      Alertas    Envío de titulares      Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


Vida y Ocio / TELEVISIÓN
El Invento del Maligno
Cocina
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

El público decidió hacer un regalo por Fallas a Carolina Ferre y 'Esta cocina es un infierno' logró esta semana, por fin, llegar al 20% de 'share', que es la cifra convencional del aprobado en televisión. El socorro, sin embargo, llega tarde: la semana que viene será la última. El tropezón de este programa da que pensar.

En principio, no era mala esa idea de colocar a un pelotón de famosos bajo la dirección de dos grandes cocineros para que se curtan en los fogones. Los cocineros, además, estaban bien elegidos, tanto por prestigio profesional como por soltura ante las cámaras. El planteamiento, desde el punto de vista técnico, también era correcto: si funcionan los 'reality' de famosos y los programas de cocina, ¿cómo no va a funcionar un 'reality' de famosos en la cocina? Bueno, pues no. Lo cual demuestra que, en televisión, dos más dos no siempre son cuatro.

Lo que sí ha conseguido 'Esta cocina es un infierno' es que, a pesar de su escasa audiencia, mucha gente ha hablado del programa, normalmente para vituperarlo. El principal reproche que uno ha escuchado es el siguiente: «Esto no es un programa de cocina». Y es verdad, porque las destrezas culinarias de los concursantes han quedado muy postergadas en provecho del rifirrafe personal, esa eclosión de maledicencias y puñaladas de pícaro que los talentos de la tele denominan «la vida en directo». El espectador que haya seguido esporádicamente el concurso -y hoy casi todo se ve esporádicamente, por causa del zaping- habrá percibido una sola cosa: un monótono relato centrado singularmente en las cuitas de dos señoras mayores, Bienvenida Pérez y Bárbara Rey, con visibles problemas de inserción en el mundo, cuya fragilidad ha sido incesantemente zarandeada para disfrute del público.

Por supuesto, ellas son las primeras culpables por haber entrado ahí, pero ¿qué quiere usted que le diga? A mí me parece de muy mal gusto organizar varias semanas de televisión en torno a las pastillas que toma Bienvenida o a los sofocones afectivos de Bárbara, mientras el resto de los concursantes gira alrededor de una liza presentada desde el primer momento como duelo de damas de edad avanzada.

Por supuesto que en 'Esta cocina es un infierno' ha habido más que Bárbara y Bienvenida, pero el programa se ha esforzado bastante poco por demostrarlo. También se ha esforzado poco, poquísimo, en el supuesto 'gancho' del concurso, en lo único que realmente aportaba como innovación en el panorama televisivo, que era la competición en los artes culinarios.

Nadie podrá decir que ha aprendido a cocinar con estas sesiones. El programa ha fallado, probablemente, porque ha terminado siendo como los demás. Mal paso.



Vocento