Sus reflexiones, serenas y pausadas, surgen trufadas de un halo de esperanza y escepticismo a partes iguales. Las críticas al Gobierno comparten espacio con el elogio a las víctimas. Sin embargo, por encima de todo, sobresale su deseo de terminar con el terrorismo. Pero no a cualquier precio.
-Ahora se cumplen 10 horas (la entrevista se realiza el viernes) desde que ha comenzado el alto el fuego. ¿Cuáles son sus sensaciones?
-La sensaciones han ido evolucionando, como creo que nos ha sucedido a muchos. En el primer momento sientes una profunda sensación de alegría. A medida que pasan las horas, lees el comunicado, y ves cómo evoluciona la situación, pues decrece ese entusiasmo y pasas a cierto escepticismo, fundado y muy razonable.
-Esperanza y también incertidumbre. ¿En qué porcentaje se reparten?
-Cuando me informaron del anuncio pensaba en algo más amplio de lo que ha sucedido. En el comunicado se habla de un alto el fuego condicionado a lo que pase en la negociación. Aquí hay varias cuestiones. Primero la legitimidad que puede existir para entablar una negociación. El Congreso aprobó una resolución por la que si hay un cese y entrega de las armas se podría negociar. Pero esto no se ha producido. También hay que analizar la extorsión a los empresarios y la 'kale borroka'. Además, la nueva situación no supone grandes cambios respecto a los últimos 1.000 días en los que no ha habido muertes, aunque sí atentados.
-Comentaba antes la resolución del Parlamento que autoriza al Gobierno a negociar. ¿Fue una actitud inteligente el estrechar la mano a los terroristas?
-Fue una decisión absolutamente equivocada. Una negociación debe entablarse bajo una serie de premisas: las partes deben estar a la misma altura y en disposición de ceder y de renunciar. Cuando el Gobierno lleva al Congreso esta cuestión lo que está haciendo es arrodillarse. Y entiendo que va a volver a arrodillarse y esto no quiere decir que me oponga a que se sienten a hablar. No hay una sola frase de ETA donde no se condicione el éxito de este alto el fuego a la cesión de sus demandas, que suponen su razón de ser desde hace 40 años. Se pide prudencia, pero se está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.
-Quizá existe demasiado optimismo cuando todavía no se ha conseguido nada.
-Que la ciudadanía estemos optimistas es razonable. Lo que no me parece bien es que la euforia colectiva se vea reafirmada por los políticos. Nosotros tenemos una información limitada, pero hay otra muy importante que está en manos de la clase política. Se debería trasladar a la ciudadanía cuál es la situación real y eso no está sucediendo. Se está corriendo demasiado y la bofetada política puede ser inconmensurable.
-¿Pero cree que ahora existen más posibilidades de lograr el éxito que en anteriores treguas de la banda?
-Aquí hay dos factores. No debemos perder la memoria y la historia, que nos dice que esta situación se ha dado antes en seis ocasiones y no se ha llegado a nada. Ahora bien, eso no debe condicionar el hecho de que demos por hecho que esta vez no vaya a llegar a buen término. Hay que dar un voto de confianza, pero no todo vale para la paz.
-Antes recordaba que en toda negociación se puede ceder y ETA plantea las mismas demandas que hace 30 años. ¿Qué pueden obtener los terroristas y ceder el Gobierno?
-Esa es una de mis preocupaciones. Me da la sensación de que el Gobierno va a estar mucho más dispuesto a ceder que los terroristas. El Ejecutivo siempre lo ha hecho en las negociaciones de los dos últimos años (pesca, Estatut...). Me preocupa la utilización política que se pueda hacer de la situación. Esto proceso será largo, pero además pienso que en este momento -ojalá rectifique - me da la sensación de que el Gobierno lo quiere alargar. Se trata de seguir generando en los españoles la sensación de que las cosas van por buen camino y llegar así a las elecciones. Y si esto tiene que volar por los aires, que sea después de los comicios. Electoralmente es un factor clave.
-¿El alto el fuego de ETA puede estar motivado tras los éxitos obtenidos por los nacionalistas catalanes con el Estatut?
-Es indudable una relación entre una cosa y otra. No ha sido una coincidencia el comunicado con la reciente aprobación del Estatut. Si en Cataluña y sin terrorismo se ha conseguido el reconocimiento de nación en el preámbulo, si ETA puede poner 900 muertos encima de la mesa, se puede esperanzar al país, y existe un Gobierno que sin tregua dice, si ustedes se portan bien, hablaremos... Pues creo que es evidente.
-¿En lo único que puede ceder el Gobierno es en la dispersión de los presos?
- Las víctimas hemos dado un ejemplo al mundo entero de civismo. Yo estoy dispuesto a cruzarme por la calle con el asesino de mi padre y como yo creo que un elevado porcentaje de víctimas. Estoy dispuesto a que se acerquen los presos, a que se tomen medidas siempre dentro de la legalidad y con unas premisas: que ETA entregue las armas, que se disuelva como organización, que pidan perdón y se sometan a la Justicia para que no haya ni una sola víctimas más.
-¿Cree que ETA pedirá perdón a las víctimas?
-Lo veo muy complicado. Quizá algunos elementos sean capaces de hacerlo, pero la banda no creo que pida perdón.
-¿Teme que al final del proceso las víctimas sean las que salgan perdiendo?
-Si para que no se vuelva a producir un atentado terrorista hay que soltar a estos asesinos, las víctimas, una vez más, daremos muestras de nuestra generosidad.