Estimado/a conductor/a de autobús... La de hoy es una reflexión de desagravio a tu trabajo que bien que metes horas recorriendo las ciudades de punta a punta, y andas por esas carreteras de Dios, meditabundo y callado, esperando a que acabe la intensa jornada y llegar a un hogar donde casi seguro no vas a saludar a nadie, acostados todos ya, por lo tarde de la hora.
Te digo todo esto porque mientras los asesinos etarras anunciaban un alto el fuego, sin parar de salir por televisión, leo que nuestra siempre diligente Guardia Civil ha detenido a uno que dice llamarse de este gremio conductor tan respetado, bebido, sin carné, hablando por el teléfono móvil, y con 40 pasajeros a bordo, a los que llevaba de derecha a izquierda de la carretera sin respetar la línea recta para ir de Almería a Bruselas, destino final de su juerga.
Un autobús-suicida, vamos. Pero es que una vez que los agentes le habían hecho el control de alcoholemia, superando siete veces lo máximo legal permitido, la radio tricornio que todo lo sabe acerca de la ciudadanía chiva que este buen señorín, de 53 años, tiene suspensión temporal del permiso de conducción hasta finales del presente año, por sentencia judicial firme. Fue detenido y ha quedado en libertad con cargos, citado ya para un próximo juicio, donde el juez no le va a dejar ya ni montar en bicicleta.
En pocas fechas, este es el segundo conductor en nuestro país levantado del asiento del volante por estar borracho. En un caso, fueron los propios pasajeros los que le redujeron y llamaron a la policía. Y en este que les relato hoy, ha sido la propia Guardia Civil la que paró este autobús de una segura muerte en cualquier cuneta.
Conducir y beber, no. Conducir y hablar por el móvil, menos. Pero si hablamos de autobuses y pasajeros, el celo que deben de tener los profesionales del volante con los que llevan detrás debe ser tan grande, que no podamos caer nunca en la vergüenza de que un detenido reincidente así, pueda llamarse conductor profesional.
La gran mayoría de vosotros/as sois ejemplares, lo mismo en el autobús, lo mismo en el camión, que lo mismo en el taxi. Garbanzos negros hay en todas las profesiones. Hasta en la mía, la de periodista, hay personajes que se llaman compañeros míos, trabajando en el Gara. Nada más lejos, queridos conductores, de la realidad y de la verdad. Con respeto a vuestro trabajo, me despido atentamente, sin distraeros más de la ruta. Adiós a todos menos a uno, que ha querido hacer su botellón particular en un autobús de cuarenta pasajeros que lo van a poder contar, de milagro.
Comentario realizado en el programa
'Protagonistas Cantabria'
de Punto Radio DM Santander.