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Jueves, 6 de abril de 2006
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OPINIÓN
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¿Qué pongo hoy para comer?
Uno de los asuntos más agobiantes de la siempre repleta agenda hogareña es el de la comida. Todos los días hay que preparar dos manducas importantes -el almuerzo y la cena- con un primero y un segundo plato, más postre. Si tenemos niños en edad escolar, hay que planificar además la merienda pues generalmente los enanos salen del 'cole' muertos de hambre. Para complicar más la ya de por sí difícil situación, habrá que procurar comer sano y tratar de combinar en siete días a la semana la carne, la verdura, el pescado -qué poco, por cierto, le gusta a los críos-, las legumbres, los huevos, la pasta y la fruta, eludiendo la cómoda y rápida comida preparada y los socorridos 'bollicaos'. En muchos hogares, incluso, hay que fabricar dos tipos de menús diferentes ya que los mayores tienen que cuidar la línea y las alubias con chorizo, las lentejas estofadas, los garbanzos, los espaguetis con tomate, la sopa de fideo y el 'arroz a la cubana' están prohibidos. Estos platos, generalmente, componen parte de la dieta semanal de los más pequeños.

La compra diaria se vuelve pues una auténtica tortura.Todos los días hay que bajar al súper y cargarse de bolsas: el pan, la leche, los huevos, el aceite, el pescado, el vino, las patatas, la lechuga, la fruta, los filetes de pollo, novilla y lomo adobado, el embutido para la merienda, las galletas -las 'maría' para los peques y las light para los mayores-, el tomate frito, las latas de bonito porque la ensalada a los niños les gusta mixta..., productos y más productos a los que hay que añadir la harina, el pan rallado, los sobaos para el desayuno, el café, el cola-cao y la botella de JB para tomarte un merecido 'lingotazo' cuando acabas la jornada y dejas acostados a los hijos.

Y al carro de la compra hay que meter también los ingratos productos para el hogar. Los estropajos, el limpiador del baño, el 'jabonoso' del parqué, el jabón de lavadora, el suavizante, el papel de cocina, el papel higiénico -¿se han fijado cuántos rollos se consumen en una casa con cuatro personas?-, las bolsas de basura, el limpiacristales, la fregona, el fairy, el recambio contra los mosquitos..., una larga lista que te obliga a hacer un pedido y esperarlo en casa. Cuando llega, siempre falta algo: las bombillas, las compresas, el gel de ducha o el maldito vino blanco para preparar las almejas a la marinera que el sábado vienen a cenar los cuñados.

Un día sí y otro también, bolsas y más bolsas para llenar la despensa, la nevera y el trastero. Un trabajo de 'chinos' que pocas veces, o ninguna, tiene recompensa.

Pero quizá, lo peor de todo, y a pesar de esa previsión diaria y de la lista de la compra hecha a 'boli' la noche anterior mientras apuras los últimos sorbos del güisqui, es pensar ¿qué coño pongo mañana para comer? Las ideas se esfuman con el paso de los años y hasta el buen punto que le dabas a los platos al principio de tu matrimonio parece perderse entre los vapores de la olla a presión. Y es que no todas las semanas vas a comer y dar de comer lo mismo. Entonces es cuando te acuerdas de tu madre y de Karlos Arguiñano y gritas pidiendo socorro por la ventana de la cocina.



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