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Domingo, 9 de abril de 2006
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Crónica / INTERNACIONAL
  Actualizado: 1.00 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
Varios soldados españoles de la ISAF custodian el lugar donde se registró el atentado. / EFE
INTERNACIONAL
Tres afganos resultaron ayer muertos en un atentado suicida con coche bomba que tuvo como escenario las inmediaciones de la base de las tropas españolas en el oeste de Afganistán. Ningún de los nueve españoles que se encuentran en el cuartel general de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) resultó afectado en la acción terrorista. El edificio está situado en el centro de la localidad de Herat y es compartido por el Estado Mayor de la región oeste y más de un centenar de militares italianos del contingente enviado por Roma para la reconstrucción de la zona. Precisamente, un civil del país transalpino resultó herido leve en un brazo y fue atentado en un hospital de campaña español. A las pocas horas, fue dado de alta.
 
El Ejercito israelí continuó ayer disparando proyectiles de artillería contra los enclaves de Gaza desde donde los palestinos lanzan sus cohetes Al-Qassam, después de dar muerte a ocho palestinos en apenas 24 horas. Los dos últimos, militantes de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, perdieron la vida, y un tercero resultó herido, en la tarde de ayer, al norte de la Franja. Un avión sin piloto les disparó un misil al ser detectados por radar cuando huían después de lanzar un cohete. En los nuevos bombardeos, informaron fuentes militares, participa la artillería blindada y de la Fuerza Naval, que controla la costa de Gaza, de unos 30 kilómetros, sobre el mar Mediterráneo.
Silvio Berlusconi y Romano Prodi, los dos principales candidatos en las elecciones generales de hoy y mañana en Italia, hacen cuentas en este momento, y los dos piensan que pueden ganar. Nadie se atreve a afirmar rotundamente que Berlusconi perderá, como vienen diciendo los sondeos, porque no se puede subestimar su tirón populista, sobre todo después de su apabullante recta final, y porque el criterio moral que desde el extranjero parece tan obvio y decisivo en Italia no es demasiado importante. Por eso la intriga es enorme y puede suceder cualquier cosa. Incluso la peor posible, un empate: Prodi podría obtener la mayoría en la Cámara de Diputados y Berlusconi, en el Senado.
El hombre más rico del país, propietario de tres cadenas privadas y con varios procesos pendientes ganó en 2001, con el beneficio de la duda, gracias a la promesa deslumbrante de que haría de Italia, de una vez por todas, un país moderno. Los bancos y los empresarios apoyaban a Silvio Berlusconi, esperando reformas liberales que desatascaran un país donde hasta para comprar una moto hace falta un notario. Le votaron millones de ciudadanos ilusionados con la posibilidad de que la administración empezara a funcionar, los trenes llegaran a la hora y se terminaran las autopistas.

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