Climatológicamente, este año se inició en Cantabria de la forma que tanto suele desear el vulgo: que haga frío cuando debe para que el verano sea verano. Y el último invierno pasará a los anales de la historia regional con el sambenito de «muy frío», tras haber registrado una temperatura media de 8,4 grados centígrados, cuatro décimas por debajo de los 8,6 ºC que hubo de promedio el periodo invernal anterior. Pero aún con su crudeza, este invierno no trajo olas de frío tan intensas como las que se padecieron a finales de febrero y principios de marzo de 2005. Aunque ambos trimestres comparten una característica: finalizaron con una brusca irrupción de los vientos del sur y el consiguiente aumento de las temperaturas.