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Sábado, 22 de abril de 2006
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Vida y Ocio / CULTURA
  Actualizado: 9.45 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
Sergio Pitol citó a su abuela como origen de su afición literaria. / EFE
Galardon
Tres grandes deudas saldó Sergio Pitol (Puebla, México, 1933) en Alcalá de Henares. Lo hizo en el día grande de las letras hispanas, al recibir de manos del Rey el diploma y la medalla que le acreditan como ganador del Premio Cervantes. El escritor mexicano quiso pagar con creces la libertad cervantina que floreció hecha locura en 'El Quijote', el magisterio del exilio republicano español que fue clave para su formación, y los desvelos de su abuela, que le dio la vida a través de la literatura cuando la malaria quería robársela.
 
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Bibliotecas, centros culturales, ayuntamientos, fábricas, centros comerciales... Muchos fueron los lugares de toda Cantabria que celebraron ayer el 'Día del libro', conmemoración que recuerda la importancia de las letras en toda sociedad y su necesidad de fomento entre toda la población y, sobre todo, entre los niños, presentes y futuros lectores.
El chico de ayer era alguien especial. Contradictorio. Su fragilidad aparente contrasta con la fuerza de su música, de su palabra. 'Donde nos llevó la imaginación', decía Antonio Vega desde el escenario discreto y elegante del Centro Cultural de Caja Cantabria. A muchos les llevó al patio de butacas. Por eso se llenó. Por eso para muchos ese sillón frente a su música y a su sensibilidad alcanza el mito de sitio de su propio recreo.

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