El cura del Barrio Pesquero. Así saludó ayer el obispo de Santander, monseñor Vilaplana a un cura marinero, amado por la gente sencilla y siempre singular en sus manifestaciones. Ayer Pico estaba muy emocionado y tras saludar en la sacristía fraternalmente con un beso a los monseñores Puente y Vilaplana, se revistió apresuradamente para la ceremonia de sus bodas de oro. «Es algo muy especial. Son 50 años que llevo de cura. Me ha costado mucho serlo por el celibato y porque la iglesia oficial no ha sido como yo creía que iba a ser, pero si tuviera que volver a tomar la decisión me haría de nuevo sacerdote».
Alberto Pico, un hombre al que invitan a que oficie sus bodas ricos y pobres, se pasa un pañuelo por su cara sudorosa y admite con la rudeza que le caracteriza: «¿Sólo sé ser cura!» para añadir con verso de Machado y «ahora a esperar que cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar».