«Si esperamos tanto del amor es porque tiene la capacidad maravillosa de dar sentido a la vida». Gustavo Martín Garzo viene construyendo su territorio narrativo y su vínculo con el mundo a través de personajes y palabras que revelan los contenidos de la experiencia amorosa. En el origen de su última obra, 'Mi querida Eva' (Lumen), un libro que persigue la voz de la vida en el amor y en la adolescencia, se halla 'Sonrisas de una noche de verano', la película de Bergman en la que asoma el equilibrio extraño del juego del amor, fundamentado en las tres pelotas que sostiene en el aire un malabarista: «el corazón, la palabra y el cuerpo, y ninguna de ellas puede fallar».
Explorador de los sentimientos y defensor de toda historia que conmueva, el autor sitúa su nueva novela en su ciudad natal, Valladolid, en un cálido verano de los años sesenta, cuando Alberto, Eva y Daniel «eran unos adolescentes que corrían con los ojos cerrados hacia la vida y escuchaban embelesados las aventuras de un boxeador».
El escritor, Premio Nacional, presentó 'Mi querida Eva' ayer tarde en la feria del libro santanderina donde firmó libros bajo la carpa de la Plaza de Pombo.
De la lengua del amor extrae Gustavo Martín Garzo los viajes emocionales que sus personajes recuerdan y funden en la obra que acaba de ver la luz. Una creación literaria que nunca se distrae ni olvida dos premisas esenciales: «uno escribe porque tiene realmente una historia que contar y debe amar la historia que quiere contar».
Un punto de partida fundamental que el escritor completa con una observación: «todas las historias se componen de dos materiales, amor y muerte, que en el fondo es lo mismo que la vida y la muerte. Sobre el amor y la muerte giran las preguntas centrales de la existencia y no hay ninguna otra», añadió el escritor.
Junto al amor, 'Mi querida Eva' refiere también otro tema: el de la necesidad de contarnos, de cruzarnos historias como las que se intercambian los protagonistas de su obra en una conversación de seis o siete horas. Un reencuentro que les permite hablar del tiempo pasado, de lo que sucedió y de lo que han sido sus vidas hasta entonces. Martín Garzo lo explicaba ayer de manera diáfana: «En los hombres lo importante son las palabras, vivimos en las palabras y es importante contar y también escuchar los que nos cuentan los demás, este es el juego de la vida».
En su opinión, contrariamente a lo que se desprende del ambiente, «esta capacidad de hablar y escuchar, esto de andar contando y escuchando al otro, que al cabo es el juego de la vida, no se está perdiendo sino que es algo que la gente sigue necesitando». «Vivir nuestra propia vida es transformarla en palabras, de modo tal que hablar es vivir intensamente», reflexionó el narrador.
Lo decisivo del azar
Además de «la experiencia amorosa y su capacidad maravillosa de dar sentido a la vida, y del poder de las palabras», surge en su obra «lo decisivo del azar en nuestras vidas».
Martín Garzo recuerda que «en cada uno de nosotros hay un montón de historias incumplidas y deseos insatisfechos, ensoñaciones...» y la literatura, ante este terreno, se convierte en una forma de dar cumplimiento a todo aquello que quedó por vivir. En opinión de Martín Garzo, «nuestra vida nunca es la vida que elegimos tener, sino el producto de circunstancias que se han ido encadenando».
En 'Mi querida Eva' se pone de manifiesto el poder del azar, que revela que «no somos dueños de nuestra propia vida y probablemente todos tenemos vidas equivocadas».
En este sentido, el escritor se mostró rotundo al asegurar que «aquello que nos hubiera gustado vivir es justo lo que no hemos llegado a vivir». El escritor fue más lejos al referir que «el hombre no controla su destino, sino que es manipulado por el azar». A su juicio, «la vida es producto de una serie de casualidades, que van derivando poco a poco la existencia de cada persona hacia un camino distinto al que se pretendía tomar».
El autor de 'La princesa manca' insistió en que «tal vez, lo que más hubiéramos deseado vivir es aquello que no ha llegado a nuestras vidas y por ello, en el fondo de cada uno de nosotros tiene un gran peso lo que no se ha vivido».
En su radiografía sobre su nueva obra y su trayectoria, Martín Garzo volvió sobre el amor. «Los amantes hablan en un idioma desconocido para ellos, sorprendente e intenso. Luego, una vez pasado ese hechizo, olvidamos ese lenguaje, pero recordamos que ha existido»; por ello, concluyó, «el momento amoroso proporciona la plenitud del sentido que vamos buscando».
El autor de 'Las historias de Marta y Fernando' (Premio Nadal en 1999) subrayó cómo el «hechizo» del amor conduce a todos los amantes del mundo «al jardín secreto, donde uno siente como decisivas, cosas que no se sabe si son reales o soñadas». Se trata de «una experiencia reveladora para cada uno de nosotros».
El autor de 'El lenguaje de las fuentes', que vive en Comillas durante el periodo estival, incluye a Castro Urdiales como una de las referencias geográficas y sentimentales de 'Mi querida Eva'. «Mi novela habla también del poder de los recuerdos para iluminar el mundo, y eso tiene cierto sustrato autobiográfico». Uno de los personajes remite a una joven que conoció Martín Garzo en Castro Urdiales un verano de los años 60. «Me he servido de elementos de mi adolescencia, la he situado en la ciudad que mejor conozco, Valladolid, y esa chica surge del recuerdo de un verano que pasé en Castro».
Leer ayuda a vivir
Sobre el presente del libro y la moda exitosa de las novelas históricas, Martín Garzo comentó: «no me parece mal que la gente quiera pasar un buen rato. Es normal que la gente también acuda a los libros en busca de distracción». Para el autor de 'La soñadora', «el problema es si esos libros son o no literatura. En algún caso sí lo son, porque hay grandes obras de entretenimiento que son literatura, por ejemplo los de Stevenson», matizó.
El narrador vallisoletano se mostró convencido de que «leer ayuda a vivir intensamente, incluso empiezas a vivir justo cuando terminas de leer libros que son capaces de ayudarte a entender el mundo, a los demás y a ti mismo. Los grandes libros deben tener el poder de perturbarnos y hacer que nos preguntemos sobre la vida», precisó.