Son versos de despedida. De adiós a la vida. Un itinerario, sin embargo, desde la fe en la palabra y la entereza y la serenidad. Rafael Gutiérrez Colomer no miró hacia otro lado cuando conoció los plazos difusos que le quedaban de vida al ser consciente de su grave enfermedad. Como tantas otras veces tomó la palabra y escribió diecisiete poemas. Mediante una columna vertebral musical, como una partitura silenciosa y, a su vez, sonora en su profundidad, apuntó sus versos de nostalgia, «de recuerdo y recorrido cósmico de la vida» y de complicidad con los nombres y las cosas del pasado. 'Por esto sólo vine', el primero de esos poemas, es un preludio emocional y diáfano: «Enarbolé canciones, tal vez salmos/ para blindarlos frente a vuestros ojos...».