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Domingo, 14 de mayo de 2006
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Vida y Ocio / SOCIEDAD
Domingo - I
Los que no podrán ver el Mundial
Los que no podrán ver el Mundial
Los aficionados de Riaño (León) ya saben que «para ver el Mundial, habrá que pagar». / ANA M. DIEZ
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A Riaño (León), como al menos al 20 por ciento de España, no llegará la señal de La Sexta. En Madrid, miles de aficionados no tendrán tiempo de adaptar sus antenas. Son sólo dos ejemplos de lo que algunos expertos llaman «la situación más rara de la historia de la televisión» Esto es un coas», bromea Eduardo García Matilla, presidente de Corporación Multimedia. ¿Un coas? «Es el paso siguiente al caos», aclara. A veintiséis días del pitido inicial de la Copa del Mundo de fútbol, a las seis de la tarde del 9 de junio en Múnich, la retransmisión del torneo por televisión provoca un dolor de cabeza a millones de españoles. A los que empiezan a preocuparse en adaptar su antena, a los que están seguros de que la señal no va a llegar a su casa, a los que ya piensan en buscar un bar cercano que tenga televisión de pago y, desde luego, a las agencias de publicidad, perdidas en un paisaje nebuloso e inédito. En Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002 se reunieron en torno a diez millones de espectadores cada vez que jugaba (o lo intentaba) nuestra selección. ¿Qué pasará esta vez?

En la barra del «Hostal Sáinz», en Riaño, a una hora en coche de León, lo tienen claro. «No cabrá un alfiler en los bares cuando juegue España», opina Manuel Sierra, el propietario de este establecimiento abierto en 1989, sólo un año después de que se inundara el viejo pueblo. Sierra se ha reunido a la hora de comer con un grupo de amigos de otros pueblos de la Mancomunidad (Francisco Javier, de Villafrea; Vicente, de Los Espejos; Fernando, de Argovejo; Efrén, de Lario, o Ruth, de Casasuertes) para discutir sobre el fútbol, la televisión y el extraño mes de junio que les aguarda. «Hasta ahora, no ha sonado la señal de alarma -dicen los reunidos a la mesa- porque la mayoría de la gente piensa que, cuando llegue el día, encenderán la tele y ahí aparecerá el partido. Nadie ha imaginado que eso pueda no ser así. Cuando se den cuenta empezarán los nervios. Hay muchos pueblos donde no hay bares, o donde no tienen una plataforma de pago, y mucha gente que no está en disposición de coger el coche para buscar un sitio donde pongan el fútbol».

Pereza y realidad

La Sexta ha pedido calma. Incluso se ha atrevido a decir que «sólo se quedarán sin ver los partidos los perezosos». La cuestión, empero, se antoja bastante más compleja. Francisco Antonio González, diputado del Partido Popular, la resume en dos puntos. «Primero, lo que dicen las normas: La Ley de Retransmisiones Deportivas de 1997 especifica que los eventos de interés general (en el caso de la Copa del Mundo, la inauguración, la clausura y los partidos de la selección española) tienen que poder ser vistos en abierto por todos los españoles. Segundo, la realidad: incluso si se cumpliera el mejor escenario contemplado por los directivos de la cadena, algo muy dudoso, la señal sólo llegaría al 80 por ciento del territorio». González vive «encima de Casa Lucio», en el centro de Madrid, y señala que hace una semana que recibe los nuevos programas. «¿Qué pasará en los pueblos castellanos, en Galicia, en Cantabria?».

Lo cierto es que, a día de hoy, sólo la mitad de España (una cifra también optimista, según los expertos) podría sintonizar La Sexta en su casa sin recurrir a fórmulas de pago como Imagenio, Digital +, Ono? Ante este panorama el proceso de «antenización» (adaptación de las antenas, en las zonas donde llega la señal) se ha convertido en una carrera contra el reloj. «Es tal la demanda y el agobio que tememos que no se vayan a cubrir las necesidades», admite Angel Sutil, director de Tecnisat Telecomuniciones. En esta empresa trabajan «a pleno rendimiento, horas extras incluidas». Cada día colocan el módulo analógico de La Sexta en sesenta edificios de la Comunidad de Madrid, «pero no es suficiente, ni mucho menos. En mi opinión -añade Sutil-, entre el 30 y el 40 por ciento de los usuarios no tendrá su instalación a punto el 9 de junio».

La suma de todas estas circunstancias ha alimentado el debate político. «El Gobierno debe de hacer cumplir la Ley en la forma que lo estime oportuno. Desde una conversación privada, en la que se pueda llegar a algún acuerdo, a un decreto», afirma el diputado González. «Cuanto más se dilate esa salida, más lío va a haber», añade José Ramón diez, un «sabio» de las retransmisiones deportivas en España, director de TVE en 1999, realizador de la ceremonia inaugural de Sydney 2000 y director de comunicación de Madrid 2012. «Sí, si se quiere salvaguardar el interés público se debería intervenir», añade Carles Marín, profesor de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, autor del libro «Periodismo audiovisual: información, entretenimiento y tecnologías multimedia».

En Corea-Japón, la primera Copa del Mundo que vimos en una cadena privada, hubo otro conato de polémica, aunque de menor calado. El PSOE cargó contra el Partido Popular en diferentes ocasiones, por ejemplo en esta intervención parlamentaria del entonces diputado Rafael Velasco Sierra: «Las cadenas privadas no garantizan la emisión del Mundial en todos los hogares; por tanto, que se quede un solo ciudadano sin ver el partido no es lo que dice la ley a la que hago referencia. Televisión Española tendrá que actuar en consecuencia y el Gobierno también» (diario de sesesiones, 24 de abril de 2002). Cuatro años después, el mensaje podría ser el mismo, pero los contrincantes han intercambiado su lado del ring. Y la Sexta, entre tanto, insiste en que nadie tiene una cobertura del 100 por cien, aunque cabría precisar que no es lo mismo la cifra de entre el 95 y el 98 por ciento (según a quien se consulte) de las cadenas ya implantadas y las que se manejan en su caso.

El pastel publicitario

Los nervios también se han instalado en los despachos de las agencias de publicidad, donde se califica la situación como de «un disparate, la más rara que se ha vivido en la televisión en España». Fuentes del sector describen así esta estresante recta final hacia el 9 de junio: «Hay dos tipos de anunciantes. Los que apuestan todo el año por el fútbol, como los patrocinadores de la selección, tendrán que ir a La Sexta, aunque sin renunciar al resto de las cadenas, para asegurarse de que llega su mensaje. Imagínese el estado de indefinición y nerviosismo que provoca invertir todo el año en el fútbol para que en el momento decisivo se emitan los partidos por una cadena que no se ve. En cuanto a las empresas normales, no se van a volcar. Pondrán unos huevos en la cesta de esa cadena, pero como un complemento, por si acaso. Y eso no va a afectar a TVE, Telecinco y Antena 3, que ya tienen vendidos todos sus espacios en junio». Las mismas fuentes añaden que los ingresos extras en una Copa del Mundo oscilan entre los seis y los doce millones de euros, según el comportamiento de la selección española, muy lejos de los cerca de cien por los que Telefónica vendió los derechos de emisión.

Ya se sabe que las cifras alrededor del fútbol marean. Su musculatura como gran espectáculo amenaza con cambiar la forma de verlo. José Ramón diez cree que hay dos tendencias muy definidas. El Comité Olímpico Internacional prefiere «dejar de ganar dinero para garantizar la emisión de los Juegos en directo y en abierto. La Fifa, en cambio, ha optado por rentabilizar los derechos. Esa realidad nos lleva a un futuro de fútbol de pago, lo que sólo podrá limitarse con una ley de interés general más reforzada. Tiene que haber algunos partidos que no entren en el mercado. Esta vez mucha gente se quedará sin ver el Mundial, lo que no sé si es un fraude de ley, pero casi». Eduardo García Matilla también habla del fútbol como negocio, clave para fidelizar abonados en los canales de pago. En su opinión, en cambio, es dudoso que tenga que haber una ley de interés general. «Por ahora, mientras exista una penetración tan pequeña de la televisión de pago, es necesaria, pero la tendencia es que, como en Estados Unidos, el 80 por ciento de la población esté abonado a algo, o utilice mecanismos como la tarjeta prepago que se vende en Italia para ver 6 partidos por 18 euros en la TDT. Pero eso será mañana. A día de hoy, lo que ocurre en España es marciano. Y alguien, el Gobierno o la CMT, debe tomar mediadas cuanto antes».

En la Mancomunidad de Riaño, a los pies de un pantano que roza el lleno, ya dan el Mundial por perdido. «Quedaremos en el bar con los amigos para ver a España, pero, para el resto de los partidos, pocos se molestarán. Eso nos pasa porque vivimos en el tercer mundo. No tenemos internet. No conseguimos que se ponga en marcha la estación de esquí de San Glorio. Y no veremos el Mundial. ¿Quién habló de la globalización?».



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