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Lunes, 15 de mayo de 2006
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Cantabria / TORRELAVEGA
Tribuna Libre
Aquellos médicos que fueron
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Cuarenta años de mi vida profesional han transcurrido en Torrelavega. Esto ha hecho posible que conociera a lo largo del tiempo a unos médicos que ya forman parte de la historia de nuestra ciudad. Desde la perspectiva que me proporciona haber alcanzado la etapa jubilar debo reconocer que, aún siendo muy diferentes a las de ahora las circunstancias sociales y económicas, Torrelavega gozaba en esos años de una buena asistencia sanitaria, tanto médico como quirúrgica. Aún hoy son muchos los ciudadanos que recuerdan la calidad profesional y humana de aquellos que fueron mis compañeros.

La asistencia médica se centraba en torno a los médicos de cabecera, complementada con los especialistas de pediatría para la atención de una considerable población infantil. Además, Torrelavega contaba con un destacado cuadro de especialistas médico- quirúrgicos, bien formados en las diferentes áreas. Cuando en otras regiones de España no era tan fácil, el Instituto de Postgraduados Marqués de Valdecilla constituyó, sin duda alguna, una excelente escuela de especialidades; un verdadero lujo para La Montaña. Por fortuna aún viven para contarlo algunos de aquellos profesionales, pero no voy a hablar de los que todavía hoy somos testigos, sino de los que nos dejaron para siempre.

No puedo olvidar la caballerosidad y elegancia del doctor Ruiz de Salazar, don Julio; la amable figura del Dr. Ceballos Bourgon; la sencillez y buen carácter de don Juan Ruiz de Villa y del Dr. D. José Salas Diestro, ni tampoco la seriedad con que acompañaba su buen hacer el Dr. Gutiérrez Pereda. Eran médicos de familia integrales. Don Julio, tenía además una gran experiencia como tisiólogo, especialista de pulmón, y en el Centro Secundario de Higiene fueron miles los pacientes que atendió en aquellos años de la 'peste blanca', la tuberculosis. Cada uno tenía su estilo. Un amplio anecdotario llenaba la vida del Dr. de la Puente, a veces hasta acompañado de sus perros en la consulta del Ambulatorio.

Cuatro años estuvo entre nosotros hasta su jubilación el Dr. Oleo Plaza, don Francisco, al que sustituí en el cargo de Jefe Local de Sanidad. Era todo amabilidad. Un caballero. También ejercían la medicina familiar el Dr. D. Juan Becerro, que además desempeñaba todas las urgencias del Seguro de Enfermedad desde las nueve de la noche; algo que hoy nos parece casi imposible, y no puedo olvidarme del que fue un gran torrelaveguense de adopción, y con el que llegué a tener una entrañable amistad: el Dr. Monforte, don José, 'el forense', que por ver triunfante a la Gimnástica ¿ay del árbitro que pudiera haber caído bajo su bisturí! Gran amigo y buen conversador. Después pasaría a ocupar en el Seguro la plaza de Neuropsiquiatría, al sustituir al Dr. José Cuevas, psiquiatra, en la plaza que antes desempeñara el Dr. Mateo Real.

Hace poco hemos perdido al Dr. Ramón Fernández, un buen internista de la escuela de Marañón y el Dr.Pozuelo, y el especialista de Endocrinología en el Ambulatorio. Su gran afición: los trenes miniatura. Tenía esa humildad y buen hacer de los buenos médicos. No hace mucho nos dejó, y aún joven, el Dr. Luis Ruiz Fernández Abascal. Es posible que muchos no recuerden el efímero paso entre nosotros del Dr. Pallarés, médico general, del Dr. Couto, con una buena formación en cirugía plástica y que falleció siendo inspector de la Seguridad Social. También murió joven el Dr. Ángel Castillo Ceballos, que fue médico de guardia en el Sanatorio del Carmen, después médico de zona, y más adelante especialista de corazón y pulmón, ocupando la plaza del Dr. Rafael García Mata.

Quizás el primer especialista de cardiología que tuvo la ciudad fue el Dr. Manuel Teira, 'Manolo' para los amigos. Profesional de una vasta cultura, como primer alcalde de la etapa democrática, soportó los difíciles años de la transición y logró sacar adelante el proyecto del hospital de Sierrallana. Allí falleció en una de sus camas.

Además de médico general, el Dr. Justino Sañudo, era Médico de empresa en la 'General', en donde el Dr. Revuelta, radiólogo y especialista en pulmón, desempeñaba la Jefatura de los Servicios Médicos. Sin duda la Medicina de Empresa ocupaba un capítulo importante en aquella Torrelavega industrial. Solvay, lo mismo que la Compañía Asturiana, tenían su propio hospital. En Barreda el servicio de Solvay era el puesto de socorro principal para aquella zona, y el Dr. Francisco Azofra ocupaba la jefatura del servicio. Un gran profesional y un buen amigo. El Dr. Peña, que era dermatólogo en el Seguro, también era médico de empresa en Sniace. En estas empresas también colaboraban los oftalmólogos el Dr. Luis Rodríguez Salmones y el Dr. José Collado Soto. En plena madurez nos dejó su hijo, el Dr. Collado-Soto Hornillos, que había continuado la especialidad de su padre, así como su formación literaria y humanística.

Las especialidades médicas se completaban con las quirúrgicas, en aquellos años en que la hospitalización era exclusivamente por indicación operatoria. Torrelavega contaba en un principio con dos modernas y excelentes clínicas: 'El Carmen' y la 'Clínica Alba', a las que más tarde se añadiría un centro más modesto, el Hospital de la Cruz Roja, pero que pudo aguantar las necesidades asistenciales hasta que se inauguró el hospital actual. En estas clínicas nacían, y prolíficamente, los niños de Torrelavega, y también en el pequeño Sanatorio que tenía el Dr. Manuel Salceda. Eran además toco-ginecólogos el Dr. Argumosa, 'Pepitines'", al que recuerdo impecablemente vestido, el Dr. Ruiz Ortiz, un experto y bien considerado cirujano, y el Dr. Pérez- Carral, 'Chamón', elegante y buen compañero.

Nos dejaron también otros especialistas que cubrían la asistencia de aquellos años y fueron muy queridos por los torrelaveguenses. Analistas fueron el Dr. Peñil y el el Dr. Ramón Gutiérrez; otorrinos, los doctores Manuel Fdz.- Regatillo y Sola Argumosa, y en oftalmología, además de los ya citados, era el Dr. Rafael Gutiérrez Velarde, un destacado profesional que pasaría a ocupar la Jefatura del Departamento de Oftalmología en Valdecilla, cargo que también desempeñaría en su especialidad de Radiología, en el mismo hospital, el Dr. D. Julio Ramos, que era el único radiólogo de la ciudad. Muchos recordarán al Dr. Urien, un excelente especialista de digestivo, al que también perdimos muy joven.

En Cirugía General y en la de Digestivo no podemos olvidar al incansable Dr. Domingo Palacio, que casi vivía las 24 horas del día en el quirófano, ni tampoco al Dr. Álvarez, temperamental y un puro nervio. En urología conocí al Dr. Ruiloba, de la escuela del Dr. Picatoste, y al frente de la traumatología estaban el Dr. Emilio Bedia, hábil y siempre dispuesto, y el Dr. Eduardo Cuevas Fdz. Regatillo, enamorado de su profesión y de Santillana del Mar. Había nacido en esa villa, cuando su padre, el Dr. Ángel Cuevas, era el Médico Titular, y al que tuve ocasión de conocer los últimos años de su vida. Afable y buen conversador, y en el que pese a haber padecido la tragedia de la guerra civil en el bando de los vencidos, jamás le oí una palabra de rencor. Además de un gran deportista, era traumatólogo y médico en la Asturiana de Minas, el siempre cordial y afectivo, el Dr. José Ángel Juanco, y en la Clínica de la Cruz Roja era el traumatólogo el Dr. Carranceja.

En los equipos quirúrgicos eran imprescindibles los anestesistas, y tanto el Dr. Gumersindo Solares, excelente profesional y buen compañero, como el Dr. Gutiérrez Vargas, fallecido muy joven, tenían en su haber muchas horas de quirófano. En aquellos años en que la hospitalización era básicamente quirúrgica los cirujanos de Torrelavega, tanto en la Clínica de El Carmen, como en la clínica Alba y después en la Cruz Roja, desempeñaron un importante papel.

Los doctores Jesús Palacio, Fdz. Abascal, Mazón y Gutiérrez Aragón eran los estomatólogos y odontólogos a los que acudíamos los torrelaveguenses a cuidar nuestras bocal y aliviar nuestras sufridas muelas.

Aquella nutrida población infantil de la ciudad del Besaya y su comarca, a la que antes hemos aludido era atendida por los pediatras. De aquellos pioneros de la pediatría, ya son muchos los que faltan. El Dr. Palacín, don Alejandro, era una figura querida y respetada por todos; tuve la suerte de contar con su amistad y de sucederle como Puericultor del Estado en el Centro de Higiene.

Una placa allí recuerda su memoria, pero quizás el Ayuntamiento de Torrelavega no debería olvidar de nominar una calle con su nombre como habíamos solicitado. Siendo alcalde don Jesús Collado habíamos promovido y conseguido desde la Jefatura de Sanidad que le fuera otorgada por el ministerio la Encomienda de la Orden Civil de Sanidad. Otros pediatras que nos dejaron de aquellos años fueron, el Dr. Ciro Estébanez, amigo de tertulias y con un ameno anecdotario, el Dr. Peraita, 'el capitán médico', el Dr. López Collado, que fue Jefe de Servicio en el Hospital Cantabria, y el Dr. San Román, formado en la escuela del Profesor Arce. No hace muchas fechas recibimos la noticia de la muerte de otro compañero el Dr. Roberto Terán. Con ellos, y otros que por suerte aún viven, llegamos a formar el 'Aula Pediátrica de Torrelavega', un verdadero foro en el que se actualizaban los conocimientos de la pediatría y que tuvo un reconocimiento nacional importante. Fue el germen de la actual Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de Cantabria. Por primera vez se celebró en Torrelavega una Reunión Científica de la sociedad Castellano Astur Leonesa de Pediatría.

Hoy era mi deseo evocar a los que de una u otra forma cimentaron para el futuro la asistencia sanitaria de nuestra ciudad. Ya es historia. Quizás haya olvidado algún nombre. Queda sin citar un decisivo e importante número de enfermeras, practicantes, camilleros, celadores..., todos, hasta los más humildes, han dejado sus huellas.

Tampoco faltarán héroes anónimos, pero esto, como diría Rudyard Kipling, ya es otra historia. A lo largo de los últimos 40 años ha habido en Torrelavega médicos que forman parte de la historia local, y que aún son recordados por su calidad profesional y humana



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