Pese a que Rodríguez Zapatero ha cargado con el mochuelo de utilizar un concepto tan ambiguo e impreciso, si no erróneo, al proponer en la ONU fomentar una Alianza de Civilizaciones, justo es poner las cosas en su sitio en relación con tal concepto y por ello no está de más recordar que fue Mohamed Hatami, presidente de Irán, quien con motivo de la publicación de la obra el 'Choque de Civilizaciones' de Huntington, propuso en 1998, declarar el año 2001 como el año del Diálogo de Civilizaciones, y que la Asamblea de la ONU en su resolución 53 de 16-11-98, así lo acordó. Tampoco está de más recordar que la Asamblea Plenaria de la ONU los días 8 y 9 de noviembre de 2001, dedicó sus debates, al alcance, contenido, etc., de dicho diálogo. Las secuelas del 11 S, empalidecieron la sesión que pasó desapercibida
Lo anterior nos puede llevar a afirmar que el impreciso concepto de civilizaciones, para referirse las culturas de Oriente y Occidente, era un concepto ya aceptado en el contexto de las relaciones internacionales y de la literatura política, y la conocida obra citada es la mejor prueba. Lo anterior no significa que el concepto esté bien aplicado, tanto más cuanto se pretenda identificar con un conflicto de religiones como rezuman muchas de las críticas. Nuestro profundo desconocimiento de la religión musulmana, a la que identificamos mayoritariamente con el terrorismo, la ablación del clítoris y otras conductas salvajes, que ciertamente se practican en algunos de los países en los que es la religión mayoritaria, es la causa de ese rechazo y de esa critica, pero implicar una religión que practican 1.200.000.000 de personas con esas prácticas, es seguramente un error de bulto. Es como decir que todos los vascos son de ETA o todos los irlandeses del IRA, simplicidad de razonamiento muy habitual entre nosotros.
En todo caso, lo que es imprescindible es señalar que el diálogo de civilizaciones o alianza, no es un diálogo o alianza de religiones. La diferencia fundamental está en que, si bien es cierto que la mayor parte de los países musulmanes son teocráticos y la religión es dominante en tales estados, en nuestra 'civilización' la religión queda en un segundo plano. La confesionalidad es limitada.
La esencia de nuestra civilización actual es la democracia, el respeto a los derechos humanos, el principio de legalidad, la división de poderes, la igualdad de la mujer, la libertad religiosa, la secularización, la libertad de prensa, y sobre todo, la organización social del trabajo y de la producción , en definitiva valores estrictamente laicos. Pero no nos engañemos, entre nosotros ha sido una conquista con avances y retrocesos, iniciada en el año 508 A.C. en Atenas, con las reformas de Clístenes. La Rusia soviética o la Alemania nazi y sus distintos aliados nos darían para hablar un rato. De la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet también podríamos decir algo, también de la actuación de Francia en Argel. O recientemente de Serbia en los Balcanes. Y nosotros somos unos recién llegados, nuestra imposibilidad de acceso a la Comunidad europea no era solo una cuestión económica. Hoy a Turquía se le exige para entrar en la UE la eliminación de la pena de muerte de su ordenamiento jurídico, los EE UU no cumplirían el requisito para entrar en el Club.
Curiosamente, los clérigos musulmanes y los clérigos cristianos se quejan de lo mismo, de la secularización y laización de nuestra sociedad. Sobre el adulterio femenino, la homosexualidad y el sexo piensan lo mismo. Basta leer al prolífico Cardenal Cañizares para entender lo que digo. El conflicto entre Oriente y Occidente ya no es un conflicto de religiones, como fue en el pasado, en la medida en que la religión en nuestra cultura es mucho más irrelevante desde el punto de vista de la organización social. Es un conflicto entre desarrollo laico y subdesarrollo teocrático, en el que la ideología religiosa ha sustituido a los marxistas en el enfrentamiento al capitalismo occidental. Parte de la propuesta del señor Zapatero consiste en colaborar a contribuir al desarrollo de los países musulmanes, pues considera que la causa del terrorismo islámico procede de las ínfimas condiciones de vida y desarrollo de muchos de estos países, consideración que enseguida ha encontrado la crítica del entorno más conservador del país, para quienes el hecho de que algunos terroristas destacados procedan de acomodadas familias saudíes, como la familia Bin Laden, obliga a descartar aquella hipótesis. Según esta teoría, el 'chino', el 'egipcio' y el resto de los detenidos por los atentados del 11/M, deberían ser jeques y miembros de las mejores familias magrebíes. Pero no. La realidad es que la inmensa mayoría de los terroristas islámicos detenidos en España, tanto para atentar aquí cuanto para exportarlos a Afganistán o Irak, proceden de la emigración y han sido reclutados entre los sectores más pobres y fanáticos. Que algunos líderes procedan de las clases más acomodadas, es totalmente indiferente. Nada impidió a Fidel Castro, miembro de la burguesía cubana, ponerse al frente de la clase obrera de su país. En los países pobres solo los ricos acceden a la educación. Es difícil que los parias se hospeden en los Colleges de Londres, Oxford o de Bertkcley, pero no es infrecuente que de entre sus huéspedes salgan los mayores enemigos, Ghandi, Bin Laden
En cualquier caso, hasta que tengamos energía propia, presumiblemente nuclear de segunda o tercera generación, dependemos de su petróleo y eso es mucho depender. En el enfrentamiento tenemos mucho más que perder que ellos. Incluso la tasa de natalidad que tenemos los europeos nos hace depender en parte de su presión demográfica y en todo caso tenemos millones viviendo entre nosotros, una auténtica quinta columna venido el caso, y ello nos tiene que hacer ver las cosas de forma distinta a como se ven desde EE UU, especialmente los españoles, que hoy no les podemos expulsar como en tiempo de los Reyes Católicos. Lo llamemos diálogo o lo llamemos alianza, estamos condenados a entendernos o a enfrentarnos. Ceuta, Melilla, Cádiz, Canarias, demuestran que estamos en primera línea. Somos la frontera, no de dos culturas, sino de dos mundos. De nosotros depende, no diré resolverlo, pero sí al menos intentarlo. Intentarlo por todos los medios, con los que están entre nosotros y con los países de procedencia. Los miles de muertos en los países musulmanes, víctimas del terrorismo islámico, nos demuestra que es un problema que además de exportarlo, también lo sufren ellos. Las palabras de Bin Laden en su ultimo comunicado, invitando a los islamistas al enfrentamiento con Occidente, evidencia quienes son los que se benefician de dicho enfrentamiento. Egipto, Marruecos, Turquía, Túnez , cuentan con el turismo occidental para su desarrollo. Son los primeros interesados en acabar con el terrorismo fanático que amenaza su desarrollo no solo turístico.
Es preferible explorar el camino del entendimiento con estos países, como propone Rodríguez Zapatero, que el del enfrentamiento, entendimiento que no tiene por que llevar implícita ninguna tolerancia con el fanatismo religioso y sus practicas salvajes.