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Miércoles, 31 de mayo de 2006
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DEPORTES
Racing
Un Racing para Cantabria
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Los nuevos propietarios del Real Racing Club van a presentar en breve su proyecto, un documento que, por lo que se anuncia, se denominará 'Un Racing para Cantabria' y que, partiendo de la base de calificar al club como una de las señas de identidad del pueblo cántabro -en palabras del nuevo presidente-, abarcará una serie de medidas que permitan hablar de una filosofía para la entidad.

Algunos estamos expectantes. Este discurso, esos titulares, esa reivindicación identificativa con Cantabria se repite constante y machaconamente desde hace décadas y nunca se ha plasmado realmente. Los dirigentes racinguistas se han caracterizado por despreciar casi siempre lo cántabro, por llevar a lo anecdótico el campo social, por reducir el simbolismo del equipo a la mera definición de un club deportivo y por desmantelar cualquier filosofía y proyecto deportivo por multitud de intereses personales y no generales, lejos siempre de la corriente mayoritaria de la afición.

A priori la idea es buena pero muchos estamos un tanto escépticos porque la trayectoria de las directivas racinguistas no hace que precisamente seamos optimistas, porque ¿saben realmente lo que se dice cuando se plantea un Racing para Cantabria?

El Racing no es una seña de identidad más de Cantabria entendida como tal. El club representa los sentimientos individuales de muchos ciudadanos cántabros que se aúnan provocando una sinergia de grupo fundamentada en la adscripción geográfica, afectiva, regional o nacional, deportiva y demás La combinación de estos factores une al pueblo en torno a un objetivo común, el Racing, por lo que más que una seña de identidad de un colectivo, el equipo es un instrumento al servicio del pueblo para mostrar su unidad colectiva cántabra y, a la vez, es la plasmación hoy por hoy de esa unidad colectiva, o sea la representación de Cantabria. El Racing se vale de la existencia de unas señas de identidad, de la existencia de un pueblo, para configurarse en una expresión precisamente de los valores identitarios cántabros, situación perfectamente consentida además por los ciudadanos, que ven el club verdiblanco en la actualidad el mejor escaparate para difundir su identidad cántabra.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano en 'El fútbol a sol y a sombra', mencionaba que el club de fútbol «es la única cédula de identidad en la que el hincha cree. Y en muchos casos, la camiseta, el himno y la bandera encarnan tradiciones entrañables, que se expresan en las canchas de fútbol pero vienen de lo hondo de la historia de una comunidad». Al hilo de esta reflexión el profesor de la Universidad de Navarra Francisco Javier Caspistegui mantiene que aunque parezca una obviedad, «lo identitario del fútbol y del deporte ha sido ignorado por una Academia de la Historia que, o bien lo consideraba asunto propio de la cultura popular y, por ello, escasamente interesante, o bien como un opiáceo que adormecía la conciencia y la acción». Este profesor concluía que sólo en los últimos años la historia del fútbol comienza a traspasar el nivel del aficionado devoto y erudito para llegar al análisis de una realidad histórica incuestionable y compleja.

El fútbol y la identidad están ligados íntimamente; por eso el Real Racing no es solamente un club de fútbol y por eso cualquier proyecto que quiera implantarse debe partir de esa premisa. Así, muchos creemos que el Racing exige una socialización, el establecimiento de una interrelación mutua entre el que sustenta el club y el propio equipo, una retroalimentación constante entre la entidad y el pueblo. Ello necesariamente obliga a plantear proyectos que cuenten con la masa social, con el entorno y con la idiosincrasia del colectivo, sólo así tendrá virtualidad un proyecto racinguista para Cantabria.

Reducir la aportación del aficionado, abonado y accionista a la convocatoria de una fiesta popular, al llamamiento a llenar un estadio regalando entradas o a acudir a ampliaciones de capital diseñadas no precisamente para favorecer al accionariado minoritario, no es hacer una Racing para Cantabria. Aprendamos de los errores. Se exige más, es necesario plantear una filosofía que esté de acuerdo con la masa social, que le haga al aficionado partícipe de ella, abriendo incluso debates como la dicotomía de establecer una política para conseguir títulos de forma inmediata -según si tenemos o no el Abramovich de turno- o la pervivencia en el tiempo de la entidad -que no debe estar reñido con la consecución de algún título-, planteando sin rubor que lo importante es que la idea planteada se mantenga a pesar de sus riesgos, dando a conocer un proyecto deportivo concreto que, al no poderse sustentar en la política del talonario -pan para hoy - se base en la cantera pero de una manera real y no testimonial, con entrenadores y técnicos partícipes de esa idea y comprometidos con la misma

Un Racing para Cantabria es además hacer que el aficionado se sienta orgulloso de pertenecer a una entidad que le pueda dar más que un partido de fútbol cada quince días, que le aporte algo material que englobe en un todo el seguimiento a un club de fútbol como por ejemplo la comodidad de pertenecer incluso a un club social, la oferta de un servicio casi integral al aficionado los días de partido para sortear, en la medida de lo posible, las dificultades que impidan a cualquier aficionado acudir a los Campos de Sport, o simplemente la admiración de un centro museístico que recoja la historia de nuestro club.

Hacer un Racing para Cantabria no es solamente hablar y conseguir grandes titulares, es aplicar una nueva filosofía, es plantear un cambio radical en las estructuras del club para hacerle entrar ya en el siglo XXI. «El club representa los sentimientos individuales de muchos ciudadanos cántabros»



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