Concentrada en una estrecha franja de territorio, desigual, en retroceso urbano y en plena expansión metropolitana. Ésa es la radiografía del asentamiento geográfico de la población española a comienzos del siglo XXI. Un amplio estudio sobre los movimientos demográficos sobre el territorio destaca que el 40% de los españoles vive en apenas el 1% de la superficie del país, más del doble que hace un siglo; once provincias tienen menos habitantes que en 1900; y Madrid y Barcelona pierden habitantes mientras sus conurbaciones siguen creciendo.
En el último siglo, la estructura municipal y el reparto territorial de la población en España han cambiado «drásticamente», según los autores del trabajo: 'La localización de la población española sobre el territorio. Un siglo de cambios', editado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), que desmenuza los once censos oficiales elaborados entre 1900 y 2001 para rastrear los flujos poblacionales y sus desplazamientos dentro de la 'piel de toro'.
El análisis pone cifras a tendencias ya conocidas por los estudiosos de la localización demográfica. El despoblamiento de los pueblos más pequeños del interior, la concentración en grandes ciudades y su posterior abandono hacia zonas más alejadas pero 'a mano', y el asalto al litoral son migraciones interiores bien conocidas, pero el libro aporta una base estadística para medir sus perfiles.
Conclusiones
Primera conclusión; la población española, que ha pasado de 18,8 millones en 1900 a 41 millones en 2001, se ha repartido de forma cada vez más desequilibrada. Los contrastes que existían a comienzos del siglo XX se han agudizado. Ilustra esa desigual evolución el hecho de que once provincias han perdido población -por este orden, las mayores pérdidas son las de Teruel, Soria, Zamora, Lugo, Ávila, Cuenca, Huesca, Ourense, Guadalajara, Palencia y Segovia-, mientras que otras dos, Burgos y Cáceres, apenas sumaron unos pocos vecinos a lo largo de cien años. La densidad media de población en España, 80,7 habitantes por kilómetro cuadrado, apenas sirve como valor de referencia ante diferencias como las que separan a la provincia de Soria (9 hab/km2), y la de Madrid (676 hab/km2).
El crecimiento ha sido dispar, y la concentración territorial también. Sólo Madrid y Barcelona sumaban en 2001 la cuarta parte de la población española. En las once más pobladas del país se reúne el 55% del censo total. Medido en superficie, el 96% de la población se concentra en la mitad del territorio nacional; más aún, el 40% de los españoles reside en el 1% del territorio nacional.
Las grandes capitales, Madrid y Barcelona, la costa mediterránea, el litoral atlántico y cantábrico, y el perfil marítimo andaluz son sin duda las áreas que han capitalizado esa concentración: 119 términos municipales concentran casi 21 millones de habitantes.
En cien años ha menguado también la nómina de municipios españoles. De los 9.267 de 1900, a los 8.108 del año 2001, después de procesos de agrupación o, simple y llanamente, de desaparición por abandono de sus vecinos.
Fractura territorial
En buena medida, el actual esquema poblacional de España es deudor de dos décadas 'negras', a juicio de los autores. Los decenios de los 60 y los 70, los del 'baby boom', fueron también los de la «fractura territorial» (desbandada a las grandes capitales y desertización de zonas rurales).
El punto de inflexión tuvo lugar en los 80, con la democracia y la entrada en la UE. Las inyecciones de fondos estructurales han impulsado las infraestructuras y, en consecuencia, el desarrollo de zonas alejadas de los principales polos de actividad económica, facilitando un reparto más homogéneo de la población.
Desde el censo de 1981, las grandes ciudades detienen su crecimiento. Sufren pérdidas absolutas de población Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Las Palmas y Cádiz, y estancamiento en otras como Sevilla o Tenerife. En paralelo, crecen sus áreas metropolitanas y, sobre todo, se registra aún hoy un auge de las llamadas ciudades'medias', de entre 100.000 y medio millón de habitantes, y también de los municipios de entre 10.000 y 50.000 vecinos.
Los autores del trabajo, así, dan por agotado el modelo de asentamiento masivo en grandes ciudades. Las razones son varias. El envejecimiento del medio rural ha frenado el éxodo a las urbes, y el encarecimiento de la vivienda ha 'expulsado'al extrarradio a un buen número de sus pobladores. Así de fácil, pero también así de complejo.