En España los principales productores de tomate en fresco se encuentran en Almería, Alicante, Murcia y Canarias. Estas grandes superficies productoras basadas en el cultivo bajo plástico tienen poco que ver con las pequeñas explotaciones localizadas en Cantabria. En esta región se cultivan algo más de 80 hectáreas, 30 en invernadero y el resto a cielo abierto. De estas últimas un 50 por ciento son de carácter profesional. En total se recogen 4.500 toneladas cada año, dos terceras partes provenientes de producciones bajo plástico, con unos rendimientos más de tres veces superiores al cultivo tradicional.
Las importantes diferencias productivas y de mercado entre la hortaliza cántabra y la de las cuatro grandes provincias productoras es muy relevante. Su uso como autoconsumo, la venta en un circuito comercial corto, en la propia región o en provincias limítrofes protege a los productores cántabros de la entrada masiva de tomate marroquí y del consecuente hundimiento de precios. En definitiva, parcelas que realizan un último esfuerzo para regalarnos buenos tomates de la tierra. Mientras tanto, sus costeros y cercanos familiares, mucho más poderos, como el primo de un conocido zumo, sufren las fuertes presiones del mercado exterior. Alguna ventaja tiene ser pequeño.
Las principales organizaciones productoras y exportadoras de frutas y hortalizas frescas ya han dado la voz de alarma sobre la fuerte caída en los precios del tomate que se está produciendo en estas últimas semanas. Nuevamente la entrada de tomate marroquí está afectando de forma muy negativa al mercado europeo, aunque como ya se ha mencionado, poco o nada al de esta región.
Según datos proporcionados por Fepex (Federación Española de Asociaciones de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas), Marruecos exportó a la Unión Europea (UE) 17.000 toneladas de tomate, solo en el mes de mayo, más del doble que en el pasado año.
En teoría, la cantidad prevista en el Acuerdo de Asociación debe rondar las 5.000 toneladas, que solo podría ser superado, de forma moderada, a través de un contingente adicional. Acogerse a esta cuota extra supone un precio de entrada singularmente reducido para el tomate marroquí: un 50 por ciento más bajo que el impuesto para otros Estados terceros.
Se vuelve a abrir una crisis con nuestro vecino norteafricano, que ya alcanzó su máximo nivel entre los años 1998 y 2000. El tomate en fresco es la hortaliza que más se exporta, tanto en Marruecos como en España, lo que conlleva una fuerte competencia por los mercados de destino. En el sector del tomate, estos mercados se localizan en el centro y norte de Europa, ya que en otros países las protecciones en frontera impiden nuestras exportaciones.
Dejar puertas entornadas para poder cerrar una negociación equivale a habilitar espacios por donde se cuela cualquier comerciante avispado; Marruecos y sus distribuidores lo son. Lo preocupante es que esa cualidad negociadora del reino meridional es bien conocida, especialmente en el sector hortofrutícola. Hemos vuelto a atar perros con longanizas.