Así se lo ha comunicado tanto por escrito, a través de una carta remitida el viernes pasado, como de manera oral un día después, en una conversación telefónica entre la ministra Elena Espinosa y el responsable comunitario de Pesca, Joe Borg.
Según Espinosa, las autoridades comunitarias "entienden perfectamente la demanda" de España, ya que son "conscientes" de las quejas repetidas por los pescadores del Cantábrico durante las últimas semanas. Ello, sin embargo, no parece que servirá para agilizar los trámites y la Comisión trabaja con la previsión de que el cierre no llegue hasta julio, y siempre después de que sus técnicos ratifiquen las conclusiones de los estudios científicos ya presentados. Estos señalan que la biomasa del caladero está "muy por debajo" de las 28.000 toneladas establecidas como 'mínimo de supervivencia'.
En teoría, según el acuerdo alcanzado en diciembre pasado dentro del Consejo de Pesca de la UE, si las existencias de bocarte descendían de ese nivel la pesca debería parar casi con efectos inmediatos. Pero en la práctica la burocracia se impone, y es probable que se precisen, al menos, dos reuniones de alto nivel para hacer efectiva esa promesa. La primera ya tiene fecha: será el próximo día 12 en Bruselas, y a ella están convocadas tanto las autoridades españolas y francesas como representantes de sus flotas respectivas, junto a los científicos que han elaborado los primeros informes sobre el caladero.
El reparto de cuotas vigente en la actualidad asigna a España 4.500 toneladas de bocarte procedentes del Golfo de Vizcaya, frente a 500 para Francia. Sin embargo, la ministra reveló hoy que hasta finales de la semana pasada sólo se habían capturado 172 toneladas en la zona. Los pescadores han pedido la dimisión de Espinosa y del secretario general de Pesca, por considerar que les "engañaron" con la reapertura del caladero, una decisión que según Bruselas fue tomada de manera conjunta por España y Francia en contra de los dictámenes científicos y del criterio de los propios profesionales.
Este lunes, pese a considerar la posibilidad de quedarse en puerto, volvieron a faenar los barcos de las cofradías de Galicia, Asturias, Cantabria , Vizcaya y Guipúzcoa. Aunque mantienen su queja sobre la escasez de recursos disponibles, justificaron su decisión en que no pueden estar "quietos" mientras sus colegas franceses pescan con libertad en el caladero. Explicaron que las ayudas que ha anunciado la Administración "tardarán mucho en llegar y no alcanzarán para todos", por lo que antes del cierre intentarán capturar las cantidades que puedan de atún, sardina y, si es posible, también de bocarte.