Estoy atacada con el tema de la peluquería, ¿ayuda, por favor!»; «bueno, yo por desgracia ya estoy casada, me encantaría volver a hacerlo, ¿qué envidia me das!»; «tened cuidado porque en mi caso la novia llegó antes que el novio, y ojo con los anillos, que cada uno se ponga el suyo»; «conozco un sitio en Castro con menús a partir de 55 euros, ¿me podéis aconsejar?»; «pues no será muy bueno, porque como mínimo hay que gastar unos 90»; «hay una peluquería estupenda en La Barrera»; «pues yo me voy a animar con una boda al aire libre, con carpa»; «¿Dios mío, tengo cita para probarme el vestido y he engordado dos kilos!»; «estoy de los nervios, me caso el 15 de julio y no tengo ni peluquería, ni me convence el vestido, ni el restaurante y ni siquiera el viaje»; «me caso a finales de 2007 y ya estoy cardiaca. Colecciono catálogos de vestidos, de anillos, folletos de restaurantes, revistas de viajes, de decoración, de arte floral, chateo cada noche en los foros de novias, ya me he puesto a régimen, me estoy dejando el pelo largo y estoy pensando en hacer la cena de pedida de mano el mes que viene, ¿creéis que soy un poco exagerada?...».
Como una auténtica ginkana viven los novios, sobre todo ellas, según se refleja en los 'chats', la organización de su boda. Gracias a Internet las que han decidido casarse intercambian opiniones, se desahogan, se quejan, se emocionan y hablan sin tapujos de un apartado trascedental: el dinero.
La recta final de la primavera es la época escogida por la mayoría. Mientras unos apuran los últimos detalles de su enlace, los demás apuntan en sus agendas las bodas, bautizos y comuniones a las que están invitados; todo un círculo sacramental que superó con creces su sentido religioso. En 2005 se celebraron en Cantabria 1.492 matrimonios canónicos y, según datos del Obispado de Santander, 3.691 bautismos y unas 6.000 comuniones.
La Catedral y la Iglesia del Cristo de Santander son dos de los templos más demandados. Para coger 'cita' se debe llamar a unas religiosas que organizan los calendarios. Dicen que está prácticamente cubierto hasta 2007, pero que alguna pareja se ha echado atrás y han dejado libre golosos sábados de junio. El Santuario de Las Caldas de Besaya, la Colegiata de Castañeda, la de Santillana del Mar o el Santuario de La Bien Aparecida también figuran en la lista de los elegidos para casarse.
Para bodas civiles se lleva la palma el Palacio de la Magdalena, donde van a casarse novios de toda España atraidos por una fórmula alejada de la frialdad de un juzgado o un salón de plenos. En el término municipal de Santander se casaron por lo civil en 2005 183 parejas, 179 en la Magdalena y el resto en el Ayuntamiento. En lo que va de año ya se celebraron 87 bodas, todas en el palacio, para verano ya hay previstas 36 más y en otoño e invierno se apuntaron ya 55. Claro que mientras duren las actividades de la UIMP las bodas se suspenden, aunque es posible celebrar seis enlaces en un día, a media hora por pareja, no hay límite de invitados y el departamento de Protocolo del Ayuntamiento cuida detalles como la megafonía, organización de invitados, padrinos, músicas... Casarse en La Magdalena cuesta 189 euros para los novios empadronados en Santander y 279 para los foráneos.
A comer
Lo primero siempre es la elección del restaurante para hacer coincidir la fecha del enlace con el banquete, condición 'sine qua non' hay boda. El hotel Santemar es uno de los establecimientos con mayor solera en este tipo de ceremonias. Lo habitual es casarse en sábado, elegir un menú personalizado a partir de 60 ó 70 euros, contratar un 'Dj' en vez de una orquesta y sumar la barra libre. Y lo último, según explicó la encargada de banquetes, es casarse un día entero: «cada vez se hacen más bodas de comida, merienda y cena, sin salir del restaurante», todo un empacho de nueva cocina, evolución gastronómica que marcó un «antes y un después» en el Santemar.
En cuanto a las comuniones, cada vez se parecen más a las bodas. Los años han dejado atrás aquellas fiestas infantiles con recuerdos de 'Mi Primera Comunión'. Ahora, se lleva el banquete con mayoría adulta y baile posterior.
El obligado regalo
Como en ciertas bodas, en algunas comuniones ya se incluye el número de cuenta en las invitaciones. Las personas consultadas apuntan al «discutible gusto» de tal tendencia, aunque nadie niega que «el dinero» contante y sonante es el mejor regalo posible para los anfitriones. Atrás quedó el marco de plata y el jarrón, en unos tiempos donde los novios prefieren decorar el hogar a su gusto y, sobre todo, ayudar a pagar su derroche de amor.
Trajes, flores, fotos...
En cuanto hay fecha, iglesia y restaurante, la novia empieza su vorágine de escaparates. Uno de los establecimientos especializados con mayor fama en la región es Arras, de Solares. Están ahora en plena época de entregas, una vez superada la temporada alta de ventas que se registra entre septiembre y abril. La encargada, Ana Santamaría, cuenta que ha vuelto la moda romántica, que a las novias les chiflan otra vez los volantes, plisados, abullonados y brocados. Y otra línea que está causando furor es la 'lencera', de vestidos vapososos, caídos, tules y gasas.
Los trajes de los novios son ahora menos aburridos, con brillos en los tejidos y colorido diferente al clásico gris marengo y el negro. El traje granate es uno de los más punteros, dicen en Arras. En cuanto a precios, «para ir bien» las novias deberán dejarse un mínimo de 1.400 euros y, ellos, unos 800.
¿Y las fotos? Aunque en la cima se siguen situando los posados, y los fotomontajes románticos de la pareja mirando al mar mientras ellos mismos se observan embelesados desde un rincón, surge con fuerza la tendencia del reportaje casi periodístico. Tal estilo es el de Zoom. Por mil euros, 40 fotos que recogen escenas espontáneas y los mejores momentos sin cara de foto. Todo en blanco y negro y sin flash, un aire de naturalidad que los tímidos agradecen. Y, por supuesto, «nada de ir al banquete a vender fotos a los invitados», dice el propietario, Pedro Palazuelos.
En cuanto al ramo, el clásico buqué de flor blanca sigue siendo la estrella. No hay tendencias, cuentan desde Flores Rebolledo, «vienen con fotos de revistas y dicen: quiero uno como éste». Cada novia es diferente y mientras unas se decantan por los colores suaves otras eligen composiciones en cascada, sencillos manojos de calas o atrevidos ramos enganchados en la muñeca (alrededor de 100 euros). Se decoran con flores las iglesias (unos 100 euros por arreglo floral, y se encargan de dos a seis) y las mesas del restaurante (de 10 a 30 euros cada centro). Ignacio Rebolledo, cuando las novias le piden consejo, indica que lo mejor para acertar siempre es «un arreglo de ramaje verde variado con flores blancas de temporada».
Dijo Schopenhauer que el matrimonio es «una celada que nos tiende la naturaleza», y Lord Byron que es «el resultado del amor, como el vinagre del vino». ¿No hay escapatoria?