El 'boom urbanístico', la 'cultura del ladrillo', ha destruido ya el 30% de la costa mediterránea y se está desplazando a los litorales Atlántico y Cantábrico. El milagro económico español de la última década, por tanto, tiene su lado oscuro, muy oscuro; un ingente coste medioambiental y un impacto quizá irreversible sobre el territorio y los espacios naturales. A vista de pájaro se percibe la colonización del litoral, carcomido por el 'ladrillazo', el crecimiento de los regadíos artificiales -cultivos y campos de golf-, y la pérdida de bosques y humedales. El Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) edita ahora un estudio único que ilustra la metamorfosis acelerada de la vieja 'piel de toro' en menos de dos décadas.