El 24 de octubre de 1990, un comando del IRA entró en la casa de Patsy Gillespie y de su mujer y se lo llevó en su propio automóvil. Al rato, un miembro del IRA llamó a la mujer para decirle que no debía preocuparse, su marido regresaría pronto. Kathleen Gillespie oyó una explosión. Creyó que su coche había sido utilizado para una bomba. En realidad, su marido había sido amarrado al asiento de un furgoneta cargada de explosivos y obligado a conducir hacia el puesto fronterizo con la República de Irlanda.