Sesenta alumnos de entre tres y doce años de edad estudian y aprenden en el colegio San Roque -Los Pinares, de Santander, un modesto centro escolar que está a la cabeza de la integración en Cantabria. La mitad de los alumnos proviene de otras naciones: Rumanía, Moldavia, República Dominicana, Ecuador y Camerún. Este centro no ha sido visitado nunca por un presidente de Cantabria, un consejero de Educación o un alcalde de la ciudad, pero al director y los profesores no les importa. Trabajan para educar a los niños y conseguir que ninguno se sienta extranjero.