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Una Babel solidaria
En el colegio San Roque-Los Pinares, de Santander, conviven niños de seis nacionalidades y entre sus enseñanzas está conocer el país de origen del otro
Una Babel solidaria
Niños, madres y alumnos del colegio, un ejemplo de integración de pequeños y adultos de diversas nacionalidades, razas, religiones y colores de piel. / CELEDONIO
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Sesenta alumnos de entre tres y doce años de edad estudian y aprenden en el colegio San Roque -Los Pinares, de Santander, un modesto centro escolar que está a la cabeza de la integración en Cantabria. La mitad de los alumnos proviene de otras naciones: Rumanía, Moldavia, República Dominicana, Ecuador y Camerún. Este centro no ha sido visitado nunca por un presidente de Cantabria, un consejero de Educación o un alcalde de la ciudad, pero al director y los profesores no les importa. Trabajan para educar a los niños y conseguir que ninguno se sienta extranjero.

Entre las fórmulas puestas en práctica está que las madres y padres de los niños que han llegado de otros países den charlas sobre sus naciones, sus costumbres, su folclore y sus formas de vida. «Lo que pretendemos es conseguir una integración plena», explica el director, Juan José Merino Pacheco, que con nueve profesores forma el equipo de educadores. Su labor va mucho más allá de trabajar con unos niños. Por esos cuentan mucho con los padres y madres extranjeros.

Apoyos externos

Pilar Abascal es la maestra más veterana. Lleva 35 años en este colegio. Es una institución. Las madres y padres extranjeros la llaman 'señora Pili'. Le deben mucho. Les da clases de español por la noche, les ayuda a buscar piso y trabajo, les sirve de consuelo en muchas penas. Ella tiene ánimo para eso y para más. No le fallan las fuerzas y es una mujer feliz. El colegio recibe apoyo de Cruz Roja y del Banco de Alimentos de Cantabria. Tiene un comedor al que acuden la mayoría de los alumnos. No falla ni uno de los pequeños que han llegado de otros países. Sus padres trabajan duro y los profesores se encargan, entre otras cosas, de llevarles desde sus domicilios al colegio y de que reciban al menos al día una comida sana y abundante en el comedor escolar. Es uno de los pocos centros de Cantabria que conserva cocinera propia.

En este colegio los niños crecen con otro espíritu. El director cuenta que «ven a sus compañeros de otras razas con total normalidad. Son compañeros de juegos y estudios, sin más. No se paran a pensar que son de otra raza. Lo que les gusta mucho a todos es saber cosas de los países de origen de los otros, por eso las actividades en las que intervienen los padres contando cosas de sus países son tan interesantes, para los niños y para los adultos, profesores incluidos. Aquí los niños están acostumbrados a que otros niños de otras nacionalidades hablen entre sí en su idioma materno de origen. Sin problemas. Son compañeros diferentes, pero todos iguales».

Pero ¿que opinan las madres? Todas están muy satisfechas. Natalia Florea es de Moldavia y tiene en el colegio un niño. «Llevo año y medio viviendo en Santander y estoy bien, la gente es simpática y en el colegio, mejor que nunca». Melinda Bufu es de Rumanía y tiene dos niños, uno de 9 años y otro de 5. Vive en Santander desde hace un año y antes durante tres años en Ávila. «En Santander vivimos muy bien, es una ciudad muy bonita y nos gusta mucho el mar, por eso nos trasladamos aquí. Los niños están muy contentos en el colegio y en la ciudad. Explicar a los niños como son nuestros países ha sido experiencia muy buena. Gracias al colegio tendrán educación y una vida mejor que nosotros».

«La gente nos quiere»

Liuba Michisoa es de Moldavia. Tiene en el colegio un niño de siete años. «Aquí está muy bien. Cuando llegó no sabía ni decir buenos días. Ya habla perfecto y estudia muy bien y sabe leer y escribir en español. Nuestra vida en Santander es muy buena. La gente que conozco es maravillosa. Nos quieren y les quiero. Gracias a la señora Pili aprendí a a leer, escribir y hablar español».

Amandine Enganalín es de Camerún, tiene en el colegio una niña de siete años. «Está muy contenta. Nos gusta mucho este colegio. Hay niños de muchos países y los profesores son muy buenos. Vivo en Santander hace cuatro años. La gente es muy maja. Santander es muy bonita y tranquila». Carmen Feliz es de República Dominicana y dice que «estoy muy a gusto en Santander y con este colegio para mi niña de cuatro años. Vivo desde hace doce años en Cantabria. La gente es buena y la vida muy tranquila». Vanessa Rodríguez es ecuatoriana. Tiene en el colegio dos hijos, una varón de seis años y una niña de cinco. Les encanta el colegio. Vivimos en Santander desde hace tres años. Ya nos acostumbramos al frío y al calor, la ciudad es preciosa y la gente muy amable y cariñosa. Nos quieren».



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