Cuando la selección española levantó un 0-1 ante Túnez para convertirlo en 3-1, nuestros picos de oro hablaron de «épica remontada». Nadie ha empleado ahora el tropo para embellecer la victoria de la selección colonial francesa, que diría Finkielkraut, sobre nuestros chicos. Tras el pitido final, los de La Sexta despotricaban de los errores de la selección mientras los de Cuatro seguían con el 'oe-oe'. Ese fue el último eco de la noche. Después, la tristeza. Ante las cámaras de Cuatro comparecieron Cesc (lloroso), Luis Aragonés (hosco) y Makelele (tímido). En La Sexta, sólo Casillas, apesadumbrado, e imágenes de ambiente. Algo falló en la conexión con Cristina Villanueva y Gordillo, que no aparecieron hasta media hora más tarde, con Fernando Torres, David Villa y Luis Aragonés. Ahora que todo ha terminado y nadie nos llamará «antipatriotas», quizá sería oportuno decir un par de cosas sobre el discurso de este Mundial, la cobertura retórica que tanto La Sexta como Cuatro -sobre todo esta última- han desplegado a modo de relato promocional. Ese discurso puede resumirse así: antes éramos unos mantas y el público siempre terminaba cabreado, pero ahora -o sea, con las nuevas cadenas- la selección juega como nunca, el equipo es joven, hay mucha esperanza y, sobre todo, la afición nunca había estado tan entregada a la selección. Tan repetitivo y denso ha sido este discurso, que es imposible no pensar en una estrategia comercial concebida de antemano. Incluso en plenos funerales, cuando todo estaba ya perdido, aún seguía Angels Barceló hablando de «un país que ha vibrado como nunca». Bien, seamos serios: todo esto, simplemente, no es verdad. La selección, en líneas generales, ha hecho lo de siempre. Ha perdido como otras veces. Ha habido tantas esperanzas como siempre, es decir, muchas, y se han visto defraudadas también como siempre. En cuanto al público, que empezó tan animado como es habitual, ha terminado tan desolado como de costumbre, según hacían ver los SMS que surgían en pantalla bajo la vehemencia futbolera -furor de converso- de la Barceló. Uno entiende que la televisión comercial tiene sus servidumbres, que hay ciertos aspectos de la comunicación donde la publicidad y el espectáculo son la misma cosa, y que Cuatro y La Sexta tienen que vender su proeza mundialista lo mejor que puedan, pero que no nos vengan a estas alturas vestidos de redentores del fútbol patrio, ¿no? Lo que sí ha mejorado mucho es la rentabilidad publicitaria del espectáculo, que en esto la iniciativa privada siempre ha sido más avisada que la pública, pero nada más. La única realidad objetiva es la que enunció Craioveanu en La Sexta: España nunca ha ganado a un equipo potente en los 'cruces' de eliminatoria. Tampoco esta vez.