Los accionistas de Abertis y Autostrade aprobaron este viernes la fusión entre ambas compañías. Una operación que avanza bajo las reticencias del recién formado Gobierno de Romano Prodi, que no ve con buenos ojos la pérdida de control sobre las autopistas del país. La concesionaria española, no obstante, se mostró convencida de poder salvar las trabas planteadas en Italia y destacó el potencial del futuro grupo en el mapa concesional internacional. Aún así, advirtió que no variará la composición prevista del consejo ni el reparto accionarial, que da preeminencia a la parte española.
El apoyo de los accionistas fue total. Primero, en Roma, y después en Barcelona. El presidente de Autostrade, Jean María Gros-Pietro, saludó el «importante paso adelante» y destacó el alcance internacional que la unión con Abertis proporcionará a la firma. La misma idea que manejaron el presidente y el consejero delegado de Abertis, Isidre Fainé y Salvador Alemany, respectivamente. La alianza, que dará lugar al líder mundial del sector, debe salvar aún un escollo nada fácil, la aprobación del Ejecutivo Prodi. En los próximos días, se pedirá autorización a los ministerios de Economía e Infraestructuras. Éste último es el que más pegas ha puesto a la fusión. Su titular, Antonio Di Pietro, ha sido muy crítico con la posibilidad de que Italia pierda el control del 60% de las carreteras de gran capacidad del país.