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Sábado, 1 de julio de 2006
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Crónica / INTERNACIONAL
INTERNACIONAL
La situación humanitaria se deteriora en Gaza pero la población no se rinde a Israel
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Yihad Dalur, el propietario de una pequeña gasolinera en el barrio de Shuyayia de la ciudad de Gaza, no pierde la sonrisa cuando se le pregunta por sus reservas de combustible. «Ya estamos sin gasóleo y la gasolina se acabará dentro de una hora. Después la cerraré y me iré a casa. No tengo nada más que hacer».

Coincidiendo con el inicio del ataque contra la franja de Gaza, hace cinco días, el Ejército cerró el paso de Karni, que es el lugar por donde se abastece la franja. Como Israel no permite la entrada de mercancías desde Egipto, el combustible y otras materias y productos básicos comienzan a escasear. De hecho, el paso de Karni ha estado cerrado casi permanentemente desde principios de año. Algunas estaciones de servicio han cerrado y otras lo harán pronto. «La gente no tiene dinero para comer y es natural que tampoco tengan para llenar el depósito. No hay trabajo, no hay dinero, no hay gasolina», sentencia Dalur.

«Un abismo»

El noruego Jan Egeland, responsable de las Naciones Unidas para la ayuda humanitaria a los palestinos, advierte que la situación en la franja será catastrófica «un abismo» dentro de tres días a menos que Israel restaure el suministro de gasolina y electricidad que se necesita, máxime en esta temporada del año, el verano, en que las temperaturas son muy altas. Egeland denunció que las operaciones militares están dirigidas contra la población civil, y subrayó que las leyes internacionales prohíben este tipo de acciones. El castigo colectivo que ha impuesto Israel a la población de Gaza repercute todavía más sobre las clases más pobres y sobre los niños, y también afecta a los hospitales. Pero en las calles se observa una firme resolución a resistir todo el tiempo que sea necesario.

Un buen ejemplo de esta resolución es la actitud de decenas de miles de palestinos del norte, que se han negado a abandonar sus casas a pesar de que se lo ha exigido Israel. El éxodo ya no existe en el vocabulario palestino y la gente está resignada incluso a perder sus casas y sus vidas antes que someterse.



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