Valencia, tierra de los dos únicos papas españoles -los Borja, rebautizados en Roma como Borgia-, se volcará con Benedicto XVI, pero de momento ayer estaba vacía. Las calles estaban asombrosamente desiertas: los valencianos parecen haber huido, los turistas no se acercan este fin de semana y el grueso de los peregrinos aún estaba en camino. Sobre un terreno políticamente saturado y una ciudad en vilo por la ilustre visita, dos preguntas básicas esperan respuesta y eran las más formuladas ayer en los corrillos: cuántas personas habrá y qué dirá Benedicto XVI.