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Lunes, 10 de julio de 2006
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Crónica / INTERNACIONAL
  Actualizado: 12.55 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
Un grupo de bomberos sofoca el incendio en el avión siniestrado tras el accidente. / R. C.-AP
INTERNACIONAL
Una vez más, quienes salían de sus hogares con la ilusión de iniciar unas vacaciones han encontrado la muerte o visto truncada su salud. Un Airbus 310 de la compañía aérea rusa Sibir (Siberia), conocida también con el nombre de S7, se estrelló ayer por la mañana inmediatamente después de tomar tierra en el aeropuerto de la ciudad siberiana de Irkutsk. El balance provisional de víctimas eleva a 122 el número de muertos y a 70 el de heridos. Hay también doce personas desaparecidas. A bordo del avión viajaban 14 niños, seis de los cuales están hospitalizados. Se desconoce la suerte que han corrido los demás pequeños.
 
Cerca de sesenta personas murieron ayer en la capital iraquí, que volvió a ser el escenario de violentos enfrentamientos entre la mayoritaria comunidad chií y la minoría árabe suní. Por la mañana, más de cuarenta suníes, entre ellos mujeres y niños, fueron asesinados por presuntos milicianos chiíes en un barrio del sur de Bagdad. Además, según informó la radio 'Dar al Salam', del suní Partido Islámico Iraquí (PII), los asaltantes secuestraron a varias personas de viviendas de suníes en el barrio Al Amana, en la región Al Yihad, al sur de la capital iraquí.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, aseguró ayer que el ejército seguirá la ofensiva militar en la franja de Gaza pero lo hará de forma «comedida», mientras el presidente palestino Abu Mazen despachó dos enviados a Damasco para buscar una solución al secuestro del soldado Guilad Shalit. «Esto es una guerra a la que no se le puede fijar un calendario», dijo Olmert en la reunión del Consejo de Ministros, en la que rehusó dar fechas para la retirada del ejército de Gaza.
La culminación de tres suicidios en Guantámo fue parte de un plan mayor en el que participaron otros presos, bien con la intención de ayudarlos o de quitarse la vida también, según ha concluido el comandante de la prisión, almirante de la marina Harry B. Harris.

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