La mágica generación de licenciados de Hogwarts

Un adolescente Harry Potter observa su reflejo. :: DM
Un adolescente Harry Potter observa su reflejo. :: DM
  • J.K. Rowling hizo que esta escuela abriese sus puertas en 1997. Veinte años después el mundo se ha llenado de graduados en artes mágicas.

Al empezar a leer está página la melodía del tema de Hedwig se activa automáticamente. Dicho así no suena igual. Falta el audio. Aunque realmente ese sea un pequeño detalle sin importancia. Solo con mencionar el nombre de Harry Potter las notas de la banda sonora, creada por John Williams para la primera película de la saga 'Harry Potter y la piedra filosofal', comienzan a llenar todo el ambiente. ¡Magia!

Ese fue el momento en el que Harry Potter se hizo de carne y hueso, sin hechizo de transfiguración de por medio, en la piel de Daniel Radcliffe. Emma Watson dio vida a Hermione Granger y Rupert Grint a Ron Weasley. Ellos son la cara más visible de un famoso elenco de actores asociados de por vida a personajes icónicos. Pero hasta llegar ahí, hasta el año 2001, ya en el mundo se había desatado un fenómeno de masas sin igual 'la pottermanía'.

J.K.Rowling creó en 1997 de la nada, y al detalle, todo un mundo fascinante. Una realidad dividida en dos dimensiones: la real y la mágica.

Para conectar con el mundo de Hogwarts el andén 9 ¾ en la estación de King's Cross, en Londres, se postula como la puerta de entrada. Una a la que hay lanzarse. Literalmente. Y eso fue lo que hizo la autora inglesa, Joanne Rowling. Dio rienda suelta al poder de su fantasía y cambió su mundo al tiempo que el de millones de personas. En su caso pasó de ser pobre a multimillonaria en tan solo cinco años. En el de sus seguidores les abrió los ojos a un nuevo mundo de ensoñación que parecían estar esperando como una profecía.

Ansia de saber

Una saga de siete libros, que al cambio suma miles y miles de páginas que sus seguidores han devorado. Algo inaudito. Un auténtico milagro de la literatura. Libros que lejos de asustar por su extensión se quedaban cortos para saciar la curiosidad de sus lectores, los mismos que no podían esperar a las traducciones y aprendieron inglés, e incluso latín, para seguir la historia.

Rowling invirtió diez años en crear, y dosificar, la vida de Harry Potter. Su nacimiento y el enigmático secreto de su cicatriz enganchó a más de 450 millones de lectores en el mundo. Se dice pronto.

Eso fue lo que le pasó a la presidenta de 'Harry Potter Fans Spain', Beatriz Pulido. A sus 33 años lleva más tiempo siendo fan de Harry Potter que sin serlo. Lo sigue desde que tenía 15 años. Harry y su mundo llegó a ella en un momento muy crítico de su adolescencia por lo que fue, en cierto modo, su forma de escapar del mundo real. Gracias a descubrir a Harry Potter y sus hechizos, aprendió inglés y latín, asignaturas de las que hoy día imparte clase, junto con lengua e historia del arte.

Pulido pertenece a esa generación de «licenciados de Hogwarts». Comparte viaje con el trío mágico de la historia. Sus vidas se cruzaron en un determinado momento y a partir de ahí continuaron juntos. Todos han crecido y se han graduado a la vez. Por eso en 'Cantabria Alternativa' va a dirigir la charla 'Harry Potter mucho más que libros y películas. Su influencia en la sociedad'.

Cierto es que han pasado ya veinte años desde que Hogwarts abriese sus puertas, y seis desde que se estrenase su desenlace cinematográfico. Aún así el tiempo parece no haber pasado. Todo lo leído y visto sabe a poco. Hay ganas de más. Prueba de ello ha sido el estreno en enero de este año de 'Animales fantásticos y dónde encontrarlos', una especie de precuela, realmente sin serlo, que volvió a arrasar en taquilla. Un aperitivo de la que promete ser otra exitosa trilogía de una magia conocida. Una que se saborea con el paladar maduro de otra edad. Una que se vive a través de los ojos de los nuevos seguidores de Harry, Hermione y Ron. Los hijos de unos padres que tuvieron la suerte de ser sus congéneres.

Esa visión es la que comparte Beatriz Pulido «sí, los 'potterheads' estamos creciendo, casándonos y teniendo hijos, eso es lo mejor de la herencia de la lectura de esta saga, que cada uno se lo imagina independientemente si ha visto la película o no. Es muy gracioso conocer a niños de 5 años que saben más de Harry Potter que tú, nunca va a pasar de moda».

Lecciones de Hogw

No hay niño o niña que no hubiera deseado, ni desee ahora, recibir de pronto en su casa una carta de admisión procedente de Hogwarts. Tener una lechuza por mascota. Aprender a usar una varita. Presumir de escoba voladora (y ya no digo nada si es una 'Saeta de Fuego'). Saber lanzar hechizos y elaborar pociones. Hasta practicar deporte, o seguirlo, pero uno muy especial, el 'quidditch'. Una vida totalmente distinta que también queda marcada por la casa en cuyas filas uno hubiera estudiado: 'Gryffindor', 'Hufflepuff', 'Ravenclaw' y 'Slytherin'.

Precisamente, ese es el principal encanto, y encantamiento, de Harry Potter. La diversidad. La conjunción de todo tipo de elementos, así como de personajes, y de caracteres. En esta historia la magia sólo es el argumento para hablar de amistad, compañerismo, solidaridad, superación, tolerancia o empatía, en un coctel de emociones en el que el humor y la inteligencia se presentan también como un arma para la eterna lucha entre el bien y el mal, que parece existir sin distinciones en cualquier realidad, sea ésta la que sea. En este caso la maldad la personifica el innombrable Lord Voldemort.

El éxito de la pluma de la escritora radica también en que no se dejó nada en el tintero. No omitió ni un ápice a la hora de describir la crueldad de la que no está exenta la vida. Harry es mago pero también humano. Huérfano de padre y madre, medio adoptado por unos parientes que le racanean el más mínimo afecto. Esa parte de su vida marca su personalidad. Lejos de amedrentarlo le insufla un valiente espíritu luchador. Es un superviviente que valora la vida en toda su plenitud. Disfruta de cada momento y cada detalle.

Esa autoestima le hace relativizar las cosas y las ofrentas. También las hay. Al margen de cuadros que hablen o escaleras que se muevan, el ambiente de las aulas de Hogwarts no dista mucho del estudiantil de cualquier centro, en el que uno se topa con compañeros de todo tipo.

Harry, para muchos niños, se ha convertido en un héroe. Uno con gafas, cuando llevarlas no se había puesto de moda extendida a todas las edades. Un niño, con el que muchos otros tantos se han identificado, que tiene unos amigos normales, alejados de estereotipos, que también se han convertido en ídolos por afinidad. Potter sabe que tiene que enfrentarse con un destino que le han dejado en herencia. Cada prueba y cada aventura es más difícil y peligrosa. La suya no es un ejemplo, precisamente, de vida fácil pero sí de enfrentarse a los problemas. A cambio la vida le recompensa con grandes amigos. Esos que uno elige y que son para siempre. Los que te acompañan al fin del mundo. Literal. Los suyos que también son ya los de todos.

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