La voz de Ángeles Mora, Premio Nacional, recala en las Veladas poéticas

Ángeles Mora
Ángeles Mora / RTVE

Su obra fue reconocida el 2016 con esa distinción y el Premio de la Crítica por 'Ficciones para una autobiografía'

G. BALBONA Santander

El año pasado su libro 'Ficciones para una biografía' obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Poesía, un caso insólito. Ángeles Mora (Rute. Córdoba, 1952), poeta, escritora y crítica literaria, es la tercera voz de las Veladas Poéticas de la UIMP. El vestíbulo del Palacio de la Magdalena, acoge, a las 20.00 horas, este ciclo que lleva celebrándose desde hace casi veinte años y por el que han pasado los poetas más importantes de la poesía española actual, desde maestros como Caballero Bonald, María Victoria Atencia, Francisco Brines, Gamoneda o Clara Janés a poetas más jóvenes como Carlos Marzal o Ana Gorría.

Mora es autora de más de una decena de libros de poesía como 'Pensando que el camino iba derecho' (1982), 'La canción del olvido' (1985), 'Contradicciones, pájaros' (2001) y 'Bajo la alfombra' (2008). La editorial Renacimiento acaba de publicar una antología titulada 'La sal sobre la nieve' a cargo de Iona Guria. Desde 2003, Mora es Académica de Buenas Letras de Granada.

El editor y crítico cántabro Carlos Alcorta, poeta y coordinador de las Veladas, subraya que la poesía de Mora ha estado vinculada desde sus inicios a lo que se ha llamado 'La otra sentimentalidad', el movimiento poético nacido en Granada al amparo del profesor y crítico recientemente fallecido Juan Carlos Rodríguez. Sus más notorios representantes fueron los poetas Álvaro Salvador, Javier Egea y Luis García Montero, quienes defendían, bajo los auspicios de Juan de Mairena, que, para adaptarse a los nuevos tiempos, la poesía necesitaba una nueva sentimentalidad que no excluyera la imbricación del sujeto en la historia y la reflexión, no solo estética sino moral.

Perspectiva femenina

Desde estos presupuestos surge la voz de Ángeles Mora, que aporta a dicho movimiento «una perspectiva femenina de la realidad, una mirada personal que denuncia la exclusión social de la que es víctima la mujer, la explotación a la que se ve sometida». Sus poemas desmenuzan los aspectos más cotidianos de esa realidad gracias a una manera de ver y de pensar no acomodaticia, sino crítica.

A juicio de Alcorta, «el uso frecuente de la ironía le permite además observar sin ser vista, desde un ángulo propio, distanciado, casi neutral podríamos decir». Un yo en estado de precariedad, «en permanente estado de contradicción lucha con los malentendidos que alimentan su búsqueda, una búsqueda que no termina en el poema, sino en la mente del lector, donde actúa como un eco», apunta el crítico.

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