La magia acuática del Pirineo

En el valle oscense de Benasque, al pie de los más altos Pirineos, las aguas recién fundidas del glaciar del Aneto saltan en rugidora cascada y se los traga la tierra. Cosas de magia
En el valle oscense de Benasque, al pie de los más altos Pirineos, las aguas recién fundidas del glaciar del Aneto saltan en rugidora cascada y se los traga la tierra. Cosas de magia
  • Cuando nos topamos con el forau, comprobamos boquiabiertos que es grande como un estadio y mágico como la varita de Merlín. El forau, hoyo en aragonés, hace desparecer las aguas recién nacidas de los hielos del glaciar del Aneto, que caen en estrepitosa cascada. Lo más curioso es que no devuelve las aguas al mismo valle, sino que las envía subterráneamente al vecino de Arán, en la vertiente atlántica, siendo las únicas del Pirineo aragonés que no van al Mediterráneo a través del Ebro

Casa infanzona de Juste, del siglo XV, en Benasque

Casa infanzona de Juste, del siglo XV, en Benasque

Para contemplar esta maravilla natural, tenemos que llegar al área de La Besurta. En verano, el acceso se efectúa en autobús-lanzadera desde Benasque o desde el aparcamiento de Llanos del Hospital. Una vez allí, hay que cruzar el río Esera y subir por una senda que enseguida se bifurca: a la derecha, el camino que trepa al refugio de la Renclusa y al Aneto; de frente, el camino marcado hacia el Forau de Aiguallut. El hechizo también está en la senda, un bello bosque de pinos negros rodeados de esbeltas montañas, entre las que destaca, a nuestra espalda, la redondeada cresta del Salvaguardia. Un balcón sobre el valle de Arán.

Un balcón sobre el Valle de Arán

Iglesia de Santa María la Mayor, en Benasque

Iglesia de Santa María la Mayor, en Benasque

Hipnotizados por semejante espectáculo, todavía podremos maravillarnos más. Rodeando por la izquierda el verde llano que queda a espaldas de la cascada y cruzando el primer arroyo que nos salga al paso –el barranco de la Escaleta–, subimos por la margen contraria siguiendo un sendero marcado con hitos. En media hora llegamos a una nueva planicie, más pequeña, donde el camino vira decididamente a la izquierda para trepar en fuerte repecho al coll o collado de Toro, balcón privilegiado sobre el recoleto lago de Toro y sobre la Val d’Arán. Allí continúa el espectáculo: el valle donde misteriosamente aflora el agua color azul hielo que se tragó la tierra en el Forau de Aiguallut.

¿Se puede pedir algo más a la vida? Seguro. El día perfecto se completa un paseo al atardecer por la villa de Benasque, la cual conserva un coqueto núcleo antiguo de callejas angostas, casonas de piedra gris y tejados de pizarra gruesa cual pavimentum de calzada romana.