Domingo, 5 de noviembre de 2006
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CULTURA

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Esencias de vida
El regreso de Daniel R. Martín a Siboney muestra el cambio operado por el escultor, fruto de un proceso de búsqueda y cuestionamiento de su propio lenguaje
Esencias de vida
El creador cántabro Daniel R.Martín, retratado ante la entrada a Siboney. / BRUNO MORENO
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LA EXPOSICIÓN
Artista: Daniel R. Martín.

Título: 'Esencia de vida'.

Lugar: galería Siboney (c/Castelar, 7). Santander.

Visitas: hasta el 23 de noviembre.

Horario: de lunes a sábado, de 18,00 a 21,30 h.

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La galería Siboney exhibe durante estas semanas el trabajo más reciente de Daniel R. Martín (Santander, 1966), artista vinculado a la galería desde hace once años, siendo ésta su tercera comparecencia individual en la misma (la primera fue 'Entretalleres' en 1995 y la segunda 'Celdas y Laberintos' en 2000). Formado en Bellas Artes en la Universidad Central de Barcelona, su trabajo se ha consolidado dentro del panorama artístico de Cantabria, formando parte de colecciones como la del Gobierno de Cantabria, el Museo de Bellas Artes de Santander o Caja Cantabria. Desde que obtuviera una mención honorífica en el Premio de Pintura María Blanchard (1988), ha participado en numerosas colectivas nacionales con alguna salida internacional. Ha recibido asimismo la Beca de Artes Plásticas del Gobierno de Cantabria (1998), el segundo premio del Certamen Nacional de Escultura Jesús Otero (1998) y fue seleccionado en el certamen Generación 2001 de Caja Madrid.

La presente exposición se compone de un total de dieciséis obras realizadas entre 2005 y 2006, que muestran el cambio operado por el escultor en los últimos años, fruto de un proceso reflexivo de búsqueda y cuestionamiento de su propio lenguaje. Más que una ruptura con lo anterior, este nuevo estadio de Daniel R. Martín enlaza coherentemente con etapas pretéritas, sólo que el rigor formalista y la autorreferencialidad de su escultura, patente -entre otras cosas- en su presencia industrial o en la multiplicación de soldaduras, ha dado paso a un duro proceso de depuración formal y conceptual que le ha llevado a desplazar a otro orden las cuestiones técnicas heredadas de sus maestros (Susana Solano, Sergi Aguilar o Jaume Plensa, que constituye una referencia clave en su trabajo).

Lo esencial

En este nuevo ciclo, materializado en ocho composiciones de pared y otras tantas esculturas, la naturaleza y lo orgánico se sintetizan hasta convertirse en la esencia de una trama, un signo, casi una abstracción. A diferencia de sus anteriores mallas de hierro, con las que nos recordaba los órganos vitales del cuerpo humano, Daniel opta ahora por lo liviano, descargando a su obra de peso e impregnándola de ligereza. Su punto de partida va a ser el medio natural y la representación de lo que denomina 'Esencia de Vida'. El título de la exposición no puede ser más explícito, ya que pone el acento en lo esencial en detrimento de otros factores de orden plástico. Tanto sus dibujos como sus esculturas profundizan en el análisis de la materia y el flujo vital en su constante proceso de crecimiento.

Las piezas de pared son composiciones de técnica mixta, formadas a veces por varios fragmentos yuxtapuestos (como 'Gestos de vida II' o 'Lager LXXIV') o polípticos (en el caso de 'Fósiles II'), en las que representa una serie de manos -lugares donde reside la esencia del gesto y, por otro lado, metáforas que aluden a su actividad manual- relacionándose con formaciones naturales en expansión (raíces, ramas u hojas) que, como venas o arterias, se ramifican en el espacio. En el centro o en la base (y oculto en ocasiones por las manos) queda el órgano reproductor, el nudo, la semilla, el origen, el hilo conector entre lo humano y lo natural. Estas pinturas sobre papel o acetato adquieren una dimensión escultórica, al encontrarse encerradas bajo una serie de capas de resina que el autor ha dispuesto jugando, paradójicamente, con la transparencia y cualidad traslúcida del poliéster. La realidad pasa a ocupar un segundo plano y la materia viva se solidifica como el insecto dentro del ámbar, se convierte en fósil.

En las esculturas, Daniel R. Martín traslada estas formas vegetales al ámbito de las tres dimensiones ('Principio de esencia', 'Laya de vida' o 'Esencia de vida'). Obras como 'Roble palustre', 'Esencia de carpe blanco', 'Esencia II' o 'Gran esencia' incorporan la representación de ramas y hojas en hierro policromado sobre una base geométrica de madera en forma de cono truncado o prisma, con el objeto de interrogar al espectador sobre la relación que existe entre la ficción de una imagen y su verdadera realidad.

Trueque visual y semántico

Cuando René Magritte pinta a finales de la década de los veinte su célebre cuadro 'La traición de las imágenes' provoca un verdadero desconcierto al representar una pipa y debajo de ella la siguiente afirmación escrita: «Esto no es una pipa». El pintor belga sostenía que un objeto no cumple jamás la misma función que su nombre o imagen, de ahí que utilizase el texto para contradecir la lógica de lo visual, convirtiendo la pipa en pura apariencia o artificio pictórico.

Daniel R. Martín plantea en su trabajo este mismo trueque visual y semántico: lo simulado (el árbol de hierro pintado) parece ser lo cierto y el bloque de madera que le sirve de apoyo, premeditadamente abstracto, es lo verdaderamente real. De este modo, burla los límites entre la realidad del material y la realidad del objeto vinculando materia y signo, verdad y ficción; lo cual no deja de ser una metáfora del mundo que nos rodea, donde el reino de la apariencia enmascara casi todo aquello que tomamos por real.

 
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