Domingo, 24 de diciembre de 2006
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Tribuna Libre
El Cabildo de Arriba, la memoria y el futuro de Santander
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Después de largos años de reivindicación, los vecinos del Cabildo de Arriba han logrado la atención que, con toda legitimidad y justicia, reclamaban. Somos muchos los que, como ellos, siempre hemos pensado (y dicho) que hay múltiples motivos históricos, sociales y económicos que aconsejan dar una respuesta urgente (aunque no apresurada), directa (pero no por ello carente de contenido) y concreta (aunque no por eso menos ambiciosa) a los problemas de este barrio y de otros muchos de la ciudad de Santander. Ahora, por fin, sus voces han sido escuchadas y se ha firmado el Área de Rehabilitación Integrada (ARI), en cuya gestión nos encontramos inmersos.

Pero a pesar de ser éste un paso importante, no es ni mucho menos suficiente. El Cabildo, al igual que otros barrios, sufre un acelerado proceso de degradación. Por eso es necesario un proyecto global, en el contexto de un nuevo modelo de ciudad para Santander.

Para afrontar el reto de construir una ciudad contemporánea primero hay que conocer su evolución, no sólo para su estudio y comprensión sino también para formular los vínculos posibles con el pasado, con el paisaje natural del que se ha alejado progresivamente, en aras a fortalecer sus elementos identitarios.

La historia de Santander está estrechamente ligada al Cabildo, pues no en vano fue allí donde se ubicó el primer asentamiento urbano: el Cerro de Somorrostro que, junto al Puerto Victoriae romano, formaba parte de la organización territorial del norte de la península. En 1187 obtuvo uno de los fueros mas importantes que se otorgaron a una villa y el puerto natural se constituyó en el principal motor económico de la ciudad, impulsando el desarrollo social, político, religioso, mercantil y militar. La actual Catedral, el Castillo de San Felipe, Rúa Mayor y Rúa Menor y la Ría de Becedo (hoy Calvo Sotelo) forman la primera huella medieval. Más tarde se conquistó la otra orilla de la ría, se amplió la muralla y se crearon los dos arrabales, el de Porta Fora (actual Cabildo) y el Arrabal del Mar, delimitando una ciudad de hasta 6.000 habitantes cuando la peste lo permitía.

Sin embargo, fue a mediados del siglo XIX cuando Santander experimentó su mayor crecimiento urbano, asociado al desarrollo del puerto y la mejora de las comunicaciones terrestres, tanto por carretera como por ferrocarril. En ese momento todas las miradas y las atenciones se centraban en la Puebla Nueva, mientras la Puebla Vieja colmata su parcelario medieval habitado por clases populares con el comercio y la hostelería como principales actividades. La principal característica de la zona era la mezcla de clases sociales. Es el Santander descrito por José María de Pereda en Sotileza.

Tras el incendio, en el que las dos pueblas desaparecen bajo las llamas a excepción de las manzanas del Arrabal de la Porta Fora (actual Cabildo) y del Mar, el crecimiento de Santander se basa en una expansión urbana apoyada en caminos existentes hacia el oeste y en ámbitos de nueva creación hacia el este. El puerto continúa replegado hacia el interior de la bahía y la principal apuesta turística y de ocio se concentra en la época estival: el Palacio de Festivales, la Universidad Menéndez Pelayo, el Sardinero y el Paseo Pereda. Mientras, en numerosas zonas de la ciudad, como el Cabildo de Arriba, escasean las operaciones de mantenimiento y reforma urbana.

Hoy en día las dificultades de accesibilidad externa e interna, la despoblación y el envejecimiento, la pérdida de actividades comerciales y el deterioro de las viviendas constituyen las principales debilidades de este barrio, que, como otros, corre el riesgo de convertirse en un gueto urbano. Evitarlo existe retornar a aquella mezcla social de la que hablaba Pereda, recuperando también a aquella posición privilegiada que tuvo el Cabildo en la ciudad y que, desde el incendio de 1941, ha ido perdiendo paulatinamente.

Y éste no es un reto exclusivo de los habitantes de este barrio, sino que debe implicar al conjunto de la ciudadanía, porque a todos nos beneficia. Todos debemos trabajar juntos por un Cabildo renovado y capaz de satisfacer las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, aprovechando su posición central, las características morfológicas (la parte más antigua de la trama medieval) y tipológicas de las viviendas, únicas en Santander y acordes con las de otros cascos históricos, su paisaje urbano específico y característico y el Camino de Santiago que lo recorre.

Pero no son sólo los aspectos históricos y sociales los que aconsejan, desde el punto de vista urbanístico, una rápida intervención en el Cabildo, sino también las distintas estrategias e instrumentos que pueden utilizarse. El Cabildo de Arriba es más que una lección de historia, es un lugar vivo y amenazado por la falta de actividad comercial y social. La intervención que necesita puede seguir dos caminos paralelos.

En primer lugar, el desarrollo del ARI en la zona que necesita una actuación más inmediata. Esta fórmula, que permitirá a los vecinos optar a ayudas públicas para rehabilitar sus viviendas, es ya una realidad, encaminada a amortiguar los problemas localizados en el Arrabal de la Porta Fora y la primera manzana del Cabildo de Arriba original, no afectada por el incendio de 1941. Es la zona peor conservada pero la más singular, la de mayor potencialidad urbanística, y las ayudas económicas directas a la rehabilitación de viviendas y edificios impedirán su total deterioro.

Pero esto sólo es insuficiente, dado que el PGOU de Santander deja múltiples edificios del Cabildo fuera de ordenación y no da respuesta a las necesidades de accesibilidad, equipamientos y viviendas a un precio asequible. Por lo tanto, es preciso delimitar una segunda zona de intervención, que incluya el solar ocupado por Tabacalera, la calle Fernández de Isla y la calle Alta, además de la superficie indicada por el ARI, para desarrollar un Plan Especial de Reforma Interior (PERI). Esta herramienta urbanística permite planificar una actuación global e inmediata, como exige el grado de deterioro del barrio, sin necesidad de esperar a la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).

De esta forma, encontrarían respuesta urgente los problemas acumulados en el barrio mediante la puesta en marcha de medidas para satisfacer las necesidades de accesibilidad, acabar con las carencias de equipamientos y aparcamientos y crear una trama urbana que se prolongue hacia el Parque del Agua y la plaza José Ruano, configurando así una red de espacios públicos conectados entre si y a su vez con la ciudad, capaces de revitalizar comercial y socialmente el Cabildo.

Las oportunidades que ofrece una actuación de estas características incluyen por ejemplo la construcción de un aparcamiento subterráneo para residentes en el antiguo solar de Tabacalera y una plaza pública, que contribuirían a dar solución a dos de los más graves problemas tanto del Cabildo de Arriba como de los vecinos de la calle Alta.

Junto a todas estas medidas deben aplicarse también, y de forma igualmente urgente, otras para garantizar la seguridad ciudadana, porque una ciudad desarrollada puede mantener por desidia el lamentable paisaje de inseguridad que hoy por hoy reina en pleno centro de Santander.

Porque el Cabildo es uno de esos espacios que conectan a la ciudad con su memoria histórica, que le transmiten su razón vital y que conforman una red de autenticidad. Es, de pleno derecho, uno de los rincones más significativos de Santander y en consecuencia no debe permanecer ni un día más arrinconado. La memoria urbana, entendida como la suma de espacios, edificaciones y experiencias, es la única herramienta que construye la identidad de una ciudad y una ciudad sin memoria más que construirse se reconstruye, diluyéndose cada vez más en el tiempo y en el espacio.

Santander debe subirse al tren de la modernidad, rescatando la memoria sin repetirla, configurándose como una ciudad capaz de responder a las nuevas demandas sin renunciar a su pasado. Éste es el camino que nos queda por recorrer y en el que los vecinos del Cabildo de Arriba y todos los demás santanderinos encontrarán siempre mi apoyo y, por supuesto, propuestas e ideas renovadas.

 
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