Hubiera deseado no escribir estas líneas, pues creía que el palacio de Riva-Herrera sería recuperado y ello significaría su salvación, pero la inquietud alentada por el paso del tiempo y la inactividad me fuerza a recordar a las autoridades municipales que es necesaria una actuación urgente rehabilitadora del Palacio de Pronillo.
Probablemente no es necesario volver a explicar los orígenes del palacio y lo que representa patrimonialmente, tanto desde el punto de vista histórico como arquitectónico, pero para aquellos que no lo conozcan y también para aquellos que miran hacia otro lado, recordaremos que el palacio de Fernando de la Riva-Herrera, en el barrio de Pronillo, es una construcción con gran valor constructivo y patrimonial y es un espejo importante de nuestra historia. Es el edificio civil más antiguo y relevante de nuestra ciudad, una ciudad que ha perdido demasiado.
El armador trasmerano Fernando de la Riva-Herrera, que había nacido en los inicios del siglo XVI, era señor y dueño de la torre defensiva que se erguía en la estratégica atalaya de Pronillo. Desde allí, en aquellos tiempos turbulentos, podía controlar la villa, vigilar la llegada de barcos amenazantes provenientes tanto del abierto y peligroso Mar Cantábrico como de la recogida y navegable bahía. En su juventud Riva-Herrera había sido un valeroso marino que navegó en la nao 'Santa María de Cudeyo' por los lejanos y peligrosos Mares del Norte.
Su actividad naval era favorecida por la importancia de la villa santanderina. En esa época, los Astilleros de Santander eran unos de los más importantes del mundo conocido y las Atarazanas de Galeras, en el puerto, eran la base logística de la Real Armada en donde descansaba, se reparaban y abastecían los navíos desde que, en 1372, Enrique III hiciera a la villa esta concesión.
La importancia de este personaje la podemos todavía valorar al visitar su capilla en la catedral, en aquel momento Iglesia Colegial de los Cuerpos Santos.
El 21 de septiembre de 1588, desde la atalaya de Pronillo, un vigilante dio la alarma al ver aproximarse los primeros navíos de la Gran Armada, mal llamada 'Invencible'. Tras el desastre volvían en muy mal estado. La torre de Riva-Herrera se convirtió en cuartel general desde donde el segundo Fernando de la Riva-Herrera y de segundo apellido Agüero, dirigió aquella situación de crisis.
Felipe II, satisfecho del comportamiento de los santanderinos y del armador, le nombró Proveedor de las Reales Armadas, que era algo así como la máxima autoridad nacional en todos aquellos asuntos relacionados con la Armada Real.
Desde la torre se organizó la construcción de nuevos barcos para recuperar la Armada y provisionalmente la navegación de corso, pues el rey concedió a Riva-Herrera 'patente de corso', con el fin de proteger nuestras costas de los ataques ingleses. Santander fue entonces base corsaria, que suplía a la Armada Real.
Le sucedió el tercer Fernando y de segundo apellido González-Cossío, que había nacido en Santander en 1572 y que heredó el puesto de Proveedor, centrando su actividad ya no en guerras y acciones militares, sino en promover ciertos aspectos y cambios económicos y culturales en la villa. En esta época, o tal vez fue su padre, se inicia la construcción del palacio. Los Riva-Herrera ya no necesitan una torre defensiva, sino un palacio de acuerdo con su condición, desde donde controlar su actividad comercial en Santander.
La torre es embellecida añadiéndola ventanales, esquinales y otros conceptos, más modernos. Se lle adosa un cuerpo horizontal abierto por un soportal con columnas y arcos escarzanos. Construye al extremo una capilla con bóveda de crucería y las altas murallas se refuerzan y se rompen con una portalada blasonada que servirá de acceso. Erigen el primer palacio renacentista de la villa.
La actividad constructora de este Riva-Herrera continuó y en el centro de Santander, en la Plaza Vieja, levanta el magnifico palacio conocido mas adelante por Villatorre, que todavía los mayores recordarán y que cayó bajo las llamas en el incendio de 1941. María de Oquendo, su esposa, mandó edificar a su costa en Calzadas Altas el Convento de la Santa Cruz que, desamortizado, fue Tabacalera hasta hace muy pocos años y espera también un mejor futuro.
El Palacio de los Riva-Herrera ha sido el mejor espejo de nuestra historia, sus muros oyeron las tensas negociaciones entre el general napoleónico Merle y el alcalde santanderino Rodríguez de la Guerra que intentaba el menor daño para sus ciudadanos y también contemplaron la extrema actividad que presentía el avance carlista y que propició el levantamiento de nuevas murallas.
En el siglo XX el palacio fue a menos, hasta los años cincuenta fue casa de una familia ganadera y parte del palacio fue utilizada para estos fines. En los años sesenta la actuación de Carmen González Echegaray y alguno más, salvó al palacio de la vorágine constructora.
Años después lo adquirió el ayuntamiento que tal vez tuvo intención de rehabilitarlo e incluso con la escuela taller que, por muy poco tiempo, mantuvo cierta actividad. Desde entonces se mantiene cerrado a cal y canto y solamente la curiosidad de algunos santanderinos rompen su agónico letargo.
Las plumas de Casado Soto, Aramburu-Zabala, Carmen González Echegaray, Orestes Cendreros y otros entre los que se encuentra el que firma este escrito, continuaron reivindicando su lugar en la historia. Recientemente, diferentes medios escritos y audiovisuales han pedido también su recuperación, Flores Gispert publicó un excelente trabajo con sugestivas fotos del palacio en este mismo medio el 7 de septiembre del 2005 y Marta San Miguel, en Canal 8 DM, realizó un magnífico reportaje, revisando su historia y su valor patrimonial.
El Ayuntamiento de Santander, actual propietario del palacio, tal vez escuchando estas y otras voces, aprobó según se lee en el DM del 30 de agosto del 2005, un expediente para contratar asistencia técnica para la ejecución de unos estudios previos a la recuperación. Parecía que nuestro ayuntamiento por fin se tomaba en serio la importancia del viejo palacio. El señor Rubalcaba, portavoz municipal, explica a este medio que el estudio previo se basará, en primer lugar, en indagar las patologías estructurales con el fin de conocer la estabilidad de los muros, en segundo lugar en investigar las patologías materiales para saber con que materiales está construido y en tercer lugar en conocer las posibles patologías de cimentación. Para este concejal la rehabilitación del edificio, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1979, será la primera de una serie que se acometerá en diferentes edificios y áreas patrimoniales con motivo del 250 aniversario de la ciudad.
César Torrellas, concejal de Cultura, declara en noviembre de 2005 a un periódico gratuito que, tras la rehabilitación, el palacio de Pronillo se convertirá en un foco de actividad cultural y que en el año 2006 se dedicará una partida de 60.000 euros a redactar el proyecto de restauración. Torrellas aclara que ha contratado un estudio técnico para conocer el estado del palacio y tras este, se acometerá el proyecto que debe iniciarse en el año 2007, antes de acabar la legislatura.
En mayo de 2006, Luís Villegas Cabredo, coordinador del grupo de ingenieros de la Universidad de Cantabria emite su informe, que el DM publica el día 28 de ese mes. Los titulares alarmantes anuncian y avisan que el castillo si no se rehabilita pronto corre riesgo de colapso.
Leemos en este medio, «los especialistas han detectado daños de carácter grave en el complejo sobre todo amplios agrietamientos en algunas zonas de los muros, debidos a la presión y a la acción del viento sobre unas paredes carentes de contrafuertes. No hay buena trabazón entre muros y la desorganización estructural es importante ya que faltan mampuestos o se encuentran prácticamente sueltos. Ya se han producido pequeños colapsos estructurales que han afectado a dinteles y otros elementos arquitectónicos, pero el temor del equipo es que los daños sean muy superiores sino se actúa pronto. Se recomienda de este modo consolidar y coronar los muros con un zuncho de hormigón, así como reponer morteros, reparar grietas y establecer un forjado de nueva construcción que de cohesión al conjunto. Menudean los daños leves que afectan a pátinas, depósitos superficiales, costras, descamados, acanaladuras y picaduras de la piedra, para las cuales hay tratamientos posibles».
Tras este informe, César Torrellas confía en que, a finales de este año, esté redactado el proyecto de rehabilitación, que tras el trabajo de los arquitectos municipales legitimará un concurso de ejecución.
El año 2006 ha finalizado y en los primeros meses del 2007, viviremos un nuevo proceso electoral que puede retrasar o tal vez paralizar la actividad. El informe de la Universidad de Cantabria es tajante y avisa que el tiempo puede ser la perdición del palacio y explica, de forma clara, que de no realizarse en un breve tiempo, es posible que sobrevenga el colapso y derrumbe de algunas zonas. En el estado en que se encuentra el paso de tiempo juega en su contra.
El tiempo, como explica la universidad corre, nosotros creemos que muy rápido. El Ayuntamiento de Santander, que tanta premura demuestra en otras acciones, en esta ocasión no tiene demasiada prisa y de ello depende el colapso y desaparición de parte de nuestra historia.