Sábado, 17 de marzo de 2007
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CULTURA

Arte
Muros con memoria
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Acostumbro a calificar a Luis Quintanilla como marino, pintor, boxeador, dibujante, fresquista, repujador, grabador, escritor, espía memorialista, ceramista, escenógrafo, retratista, cineasta, autor teatral, ensayista, e ilustrador. Suelo presentarlo así para que quien no lo conozca sea consciente del extraordinario personaje ante el que se encuentra. Me atrevería a decir que probablemente Luis Quintanilla sea el pintor cántabro contemporáneo de mayor interés histórico. Es un claro emblema del artista culto, bien formado y comprometido con el momento que le toco vivir.

Recordaré, brevemente, que había vivido en París, donde conoció en 1912 el cubismo precisamente de la mano de Juan Gris, quien le inculcó los rigores del cubismo esenciales para la formación de cualquier pintor del pasado siglo. Conoció la Alemania anterior a la 1.ª Guerra y en los años 20 volvió a París donde aprendió a grabar junto a Duyoner de Segonzac. En 1924 viaja a Italia para aprender la técnica del fresco de la mano de los grandes artistas del Quatroccento y con toda esta formación a su regreso se convertirá en un prolífico fresquista, destacando entre sus creaciones los frescos del Consulado de Hendaya, de la Casa del Pueblo o del Monumento a Pablo Iglesias.

En 1934 ingresa en prisión al haber sido detenido en su estudio el Comité Revolucionario que preparaba la Huelga General. Permanece un año en prisión realizando una importante colección de dibujos de sus compañeros de encierro: Zugazagoitia, Cruz Salido Santiago Carrillo, Largo Caballero son algunos de los retratados.

Durante la guerra Civil participó activamente en el asalto al Cuartel de la Montaña, asedio al Alcázar de Toledo, trabaja como espía en la zona vascofrancesa y recorre el frente realizando sobrecogedores dibujos de la guerra, por expreso deseo del presidente del gobierno, Juan Negrín, dibujos que se expusieron en 1938 en el MOMA.

Este hombre, que había sido recibido en la ciudad de los rascacielos como un auténtico héroe, amigo íntimo de Hemingway, Elliot, Jay Allen, Steinbeck o Dos Passos, fue comisionado por Negrín para realizar unos frescos sobre la Guerra Civil para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de 1939 en NY. Desgraciadamente cuando fueron concluidos, la guerra había terminado y comenzaba así un largo exilio tanto para el pintor como para su obra.

Quintanilla es un pintor que no se adscribe a ninguna corriente plástica, pero que ha realizado una personal e interesante obra al óleo siempre en la línea de la figuración, una extraordinaria producción de dibujos y grabados, sobre todo los anteriores al exilio en la línea del realismo social y cercanos al expresionismo de Grosz en su etapa americana, y es, asimismo, un fresquista de notable interés. Posiblemente es en esta técnica donde se nos muestra más simbolista, tal y como apreciamos en los frescos recuperados del cine neoyorquino, como en sus frescos de D. Quijote de la Universidad de Kansas City.

Quiero dar las gracias a la Universidad de Cantabria en mi nombre y en el de Paul Quintanilla por haber recuperado estas obras para el Patio del Paraninfo. Creo que éste es el lugar ideal para exhibir estas obras. Y pienso que hubiera sido un espacio querido por el pintor. Quintanilla reconocía haberse convertido en pintor de frescos por el carácter popular y didáctico que esta técnica poseía. No olvidemos que el hombre pinta al fresco desde hace miles de años. Consideraba primordial pintar sobre los muros para que las obras pudieran ser contempladas por un amplio espectro de público. y ¿qué mejores muros para alojar unos frescos que denuncian el sufrimiento y el dolor de cualquier guerra que el Paraninfo de una Universidad? Sólo desde el conocimiento y la memoria podremos luchar contra las guerras y el aniquilamiento de vidas inocentes.

 
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